Santiago Martín

Aborto y comunión de divorciados, casos paralelos

Aborto y comunión de divorciados, casos paralelos
Lo que está sucediendo tras el Sínodo de los Obispos algunos lo vimos y lo anunciamos desde el primer momento. La metodología que se sigue es idéntica a la que se usó con el aborto, aunque en este caso la emplearan los que propugnaban su aprobación civil y ahora la estén usando los que quieren un cambio moral dentro de la Iglesia.

Es una metodología muy estudiada y practicada. El primer paso consiste en buscar un “caso lacrimógeno”, habida cuenta de que la población en general ya no se molesta en razonar sino que se deja llevar a golpe de sentimientos. Ese caso sensible en la cuestión del aborto era la adolescente violada por su padrastro, por ejemplo; en lo de la comunión de los divorciados en el propio Sínodo se ha presentado el del niño que a la hora de hacer la primera comunión da un pedazo de la hostia consagrada a su papá, que no puede comulgar porque está divorciado y vuelto a casar.

El segundo paso consiste en proclamar ampliamente que se trata de aprobar situaciones muy especiales y concretas y que desde luego no se quiere modificar el fondo de la ley. En el aborto, como se recordará, se planteó primero la aceptación del mismo en los supuestos de violación de la madre, peligro grave de salud física para la misma o nacimiento con una grave minusvalía del nuevo ser; pero se decía que se trataba no de una aprobación del aborto en cuanto tal, sino de una “despenalización”, lo que implicaba que el aborto seguía siendo un delito pero ahora ya no se iba a mandar a la cárcel a nadie que lo cometiera, porque eso de mandar a la gente a la cárcel estaba muy mal y en cambio no estaba mal permitir que se matara a un inocente. En el caso de la comunión de los divorciados vueltos a casar, lo que se dice es que va a afectar a poquísimas personas, que en realidad no se cambia la doctrina y que lo único que se va a hacer es tener misericordia con algunos y eso aplicando el recurso al fuero interno o, lo que es lo mismo, al respecto a la propia conciencia, guiada por un sabio y a ser posible santo sacerdote.

Luego vino el tercer paso. Consistió, en el aborto, en la ampliación de los supuestos –sobre todo la inclusión del riesgo psíquico de la madre, que ha sido un auténtico coladero- o en la aceptación de una ley de plazos, que permitía el aborto por cualquier motivo, pero siempre que se produjera en las doce o dieciséis primeras semanas del embarazo; seguía sin tocarse lo de la despenalización, pero ya se aplicaba de hecho el aborto libre. En el caso de la comunión de los divorciados vueltos a casar, la ampliación consiste en decir que los mismos derechos a la misericordia y al respeto a la conciencia los tienen los convivientes y los homosexuales, por lo que también estos deben verse beneficiados por la nueva pastoral; eso sí, se sigue insistiendo en que el hecho de que gays y convivientes puedan comulgar no modifica para nada la enseñanza de la Iglesia, añadiendo que Jesucristo habría sido el primero en darles a ellos la comunión.

Y, por último, el cuarto paso. Resulta ofensivo seguir hablando de despenalización, cuando el aborto se ha convertido en algo que se usa como un medio anticonceptivo más, por lo que éste ha pasado ya, incluso legalmente, a convertirse en un derecho. Su paralelismo en lo de la comunión de divorciados, gays y parejas de hecho consiste en rechazar que se les deba dar la comunión como una concesión misericordiosa, pues en realidad ellos tienen pleno derecho a recibirla y hablar de que pueden comulgar por misericordia les ofende enormemente. El nuevo obispo de Bruselas, monseñor De Kesel, acaba de decir precisamente eso: Misericordia es condescendencia y eso es inaceptable.

En realidad falta un quinto paso, que aún no se ha dado del todo pero que ya ha comenzado a aplicarse. Es el de la dictadura del relativismo –que es el equivalente secularizado a la dictadura del proletariado-, que conlleva perseguir a los que se oponen. En el caso del aborto, la persecución ha empezado ya a aplicarse con los que se manifiestan pacíficamente ante las clínicas abortistas, por ejemplo. En el caso de los que se opongan a que los divorciados vueltos a casar, gays y convivientes puedan comulgar porque tienen derecho a ello –lo cual implica inevitablemente no sólo un gravísimo cambio en la pastoral sino en la doctrina- serán perseguidos en la propia Iglesia, por la vía del ostracismo y la ridiculización o incluso por la vía de la excomunión. La dictadura siempre busca una pantalla tras la que esconderse. En el aborto y en el abuso de la comunión está siendo la misericordia. Pero cuando se siente fuerte, se quita la careta y llama derecho a lo que presentó como excepción y persigue a los que se niegan a admitirlo.

Sólo el Espíritu Santo puede salvarnos.

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