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ARTÍCULO: La fuerza y suavidad del canto gregoriano

ARTÍCULO: La fuerza y suavidad del canto gregoriano

Perú Católico, líder en noticias comparte el artículo de Sergio Padilla. La música que ha tenido a Dios como motivo inspirador en Occidente, no solamente se agota en el contexto de la iglesia y de la liturgia, sino que se ha desarrollado a la par de ella en un sinnúmero de estilos y lenguajes musicales. Esto obedece a la necesidad humana de relacionarse con Dios desde los diversos ámbitos de la vida. El dominico brasileño Frei Betto dice: “Necesitamos poesía, necesitamos espacios de gratuidad, no sólo de necesidad: de pasatiempo, de lo lúdico, de lo festivo, de la celebración, de la contemplación, del ocio. Esas cosas oxigenan nuestra existencia.” Sin embargo, dentro de la vasta producción musical de la Iglesia a lo largo de los siglos, el canto gregoriano se ha impuesto como una de las manifestaciones más excelsas del culto cristiano y la base de la música sacra y religiosa en Occidente. El papa Gregorio I (540-604) y el monje San Benito (480-547), fijaron las líneas y criterios generales del culto propio de la Iglesia, que se derivaban en dos clases de celebraciones: el Oficio Divino y la Santa Misa, donde el canto sagrado es parte medular. Salmodias, himnos, responsorios, antífonas y oraciones son parte del repertorio de miles de cantos de estilos, estructuras y formas diversas, creados a lo largo de muchos siglos. La característica fundamental del canto gregoriano es su estructura monódica, con textos en latín, sin acompañamiento instrumental y sin ninguna indicación rítmica.

Es tan vasto el repertorio de cantos gregorianos conocidos, que sería difícil referirnos solamente a algunos de ellos, por lo que el acceso a este género musical, a través de cualquiera de la gran cantidad de grabaciones disponibles en el mercado discográfico, será una grata experiencia. Sin duda, entre las obras gregorianas más conocidas están: Veni Creator Spiritus, Regina coeli, Tantum ergo, Salve Regina, Adoro te, Pange lingua, etcétera.

En el numeral 116 de la CONSTITUCIÓN SACROSANCTUM CONCILIUM SOBRE LA SAGRADA LITURGIA, del Concilio Vaticano II, se declara que “La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto, hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas. Los demás géneros de música sacra, y en particular la polifonía, de ninguna manera han de excluirse en la celebración de los oficios divinos, con tal que respondan al espíritu de la acción litúrgica.”

Nuestros tiempos, tan llenos de ruidos y sonidos de todo tipo, merecen retomar este tipo de música que pone el espíritu a punto para contemplar más allá de lo que nos retumba en los sentidos. Un dato curioso es que el disco de cantos gregorianos que grabaron, a mediados de los años noventa, los monjes benedictinos del monasterio de Santo Domingo de Silos obtuvo ventas equiparables a las producciones de los más famosos artistas del momento, lo cual es un signo de la avidez del ser humano por ir más allá de lo material e inmediato.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Canto Gregoriano – Coro de monjes del Monasterio Benedictino de Santo Domingo de Silos

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