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Artículo: ¡Su majestad, el órgano!

Artículo: ¡Su majestad, el órgano!

Perú Católico, líder en noticias, comparte con ustedes un artículo de nuestro columnista Sergio Padilla, desde México.

Una de las experiencias estéticas más intensas y profundas que puede experimentar un ser humano es la escucha del majestuoso sonido de un órgano tubular. La historia y evolución de este instrumento comienza en Grecia en siglo III a. C., con Ctesibio, para llegar a su plenitud en los siglos XVII y XVIII con el llamado órgano barroco, donde diseñadores y fabricantes como Gottfried y Andreas Silbermann sintetizaron siglos de experiencia en el desarrollo técnico del complejo mecanismo que implican la operación de instrumentos de esta naturaleza.

En Holanda, Alemania, Italia y España todavía es posible apreciar y escuchar varios de estos magníficos ejemplares. Grandes compositores como Johann Sebastian Bach, Georg F. Haendel, Anton Bruckner o César Franck compusieron obras para este instrumento, tanto en música de carácter sacro, religioso y secular.

En el numeral 120 de la Constitución SACROSANCTUM CONCILIUM sobre la Sagrada Liturgia, del Concilio Vaticano II se lee: “Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales.”

Ciertamente corren otros tiempos y ya es económicamente muy complicado la adquisición o mantenimiento de este tipo de instrumentos para la inmensa mayoría de los templos del mundo, razón por la cual el propio Concilio alienta el uso de instrumentos más accesibles y el canto religioso popular en las celebraciones litúrgicas. En el numeral referido se continúa diciendo: “En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento de la autoridad eclesiástica territorial competente, a tenor de los arts. 22 § 2; 37 y 40, siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles.”

En Perú se cuenta con un magnífico ejemplar de órgano de la marca Tumburini en la Basílica de María Auxiliadora de Lima. También conviene destacar, y apreciar si se tiene oportunidad, el órgano de la marca Loret en la Basílica Catedral de la ciudad de Arequipa.

En mi país, México, hay magníficos ejemplares de este tipo de instrumentos en algunas catedrales, como la Metropolitana de la Ciudad de México, en Morelia, en Puebla, así como en Guadalajara. Al ser instrumentos, muchos de ellos, que se montaron en tiempos pretéritos, es interesante también conocer las historias de restauración que se han tenido que llevar a cabo, a través de trabajos que son un ejemplo precisión, delicadeza y paciencia.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

 

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