Homilías

Cuarto Domingo de Adviento: Va a entrar el Señor

Cuarto Domingo de Adviento: Va a entrar el Señor

Este domingo es como la puerta a la Navidad.

Todo se vuelve admiración ante el nacimiento de un hombre que ha sido llamado, siglos antes,  “Emmanuel”, es decir, el “Dios con nosotros”.

Revivamos con fe y amor, en estos días, lo que ya pasó: el misterio del Verbo encarnado.

Esta invitación nos la hace de una manera particular el salmo responsorial (23).

  • Va a entrar el Señor, Él es el Rey de la gloria

Todo cuanto existe lo ha hecho Él. Por eso la tierra y cuanto la llena y sus habitantes y los ríos y los mares, todo le pertenece. De ahí que toda la creación debe aclamar al que entra en el mundo por la cueva de Belén.

  • El profeta Isaías

Nos cuenta el libro de este profeta que el rey Acaz se negó a pedir a Dios una señal de su victoria. El mismo Señor le hace la gran promesa que ahora recordamos:

“Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios con nosotros”.

Esta señal que no quiso pedir el rey Acaz es ahora la alegría de la humanidad:

¡Dios cumplió su palabra!

  • San Pablo a los romanos

-El párrafo citado es el inicio de la carta. En él se presenta como el apóstol del Evangelio.

Según Pablo Jesucristo lo nombró apóstol. De ahí que tantas veces al citarlo se le llame “el Apóstol”, e incluso, sin ser de los doce, se le incluye en la lista de los apóstoles junto a Pedro.

-Este Evangelio es el mismo que ya fue anunciado al pueblo de Israel por los profetas en el Antiguo Testamento.

-Jesucristo es descendiente de David (hijo del hombre) y es también hijo de Dios consagrado por el Espíritu Santo y manifestado en la resurrección.

-Jesucristo, personificación del Evangelio, no solamente es para los judíos sino también para los gentiles.

-A quienes acogen el Evangelio Pablo los llama “santos” en varias oportunidades porque ellos responden al llamado de Dios en la obediencia de la fe.

-Nosotros, como aquellos primeros gentiles de Roma, hemos sido llamados para vivir el Evangelio y pertenecer al pueblo de Dios.

  • Verso aleluyático

Nos recuerda de una manera concisa las palabras de Mateo que recogen las de Isaías:

“La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros”.

Como podemos darnos cuenta este es el texto fundamental de hoy y, como nunca sucede en la liturgia, lo encontramos citado tres veces en la liturgia de la Palabra.

  • Evangelio

En el Evangelio San Mateo nos narra que “la concepción de Jesús fue de esta manera…”.

Son muchos los detalles que podemos meditar en este importante párrafo. Nos fijamos en algunos para nuestra meditación.

-María es verdadera Madre de Jesús.

Ella estaba ya desposada con José aunque no habían celebrado el matrimonio y por tanto no vivían juntos formando familia.

-Antes de vivir juntos María quedó encinta por obra del Espíritu Santo.

-José, esposo verdadero, no podía entender lo que pasaba, porque María guardaba un secreto absoluto.

-José quería mucho a María y tenía todos los motivos para ello. Como no entendía nada decidió dejarla en secreto para evitar la difamación:

¡Cuánta delicadeza en todas estas actitudes de José y de María!

-El ángel del Señor aclara en sueños todo a José:

“No tengas reparo en llevarte a María a tu casa porque la criatura que tiene viene del Espíritu Santo”.

El ángel pide a José que sea el padre de este niño con estas palabras:

“Le pondrás por nombre Jesús”.

-De nuevo encontramos el mismo texto que es el de Isaías:

“La virgen concebirá y dará a luz…”.

Cuando se despierta José realiza todo lo que el Señor le había mandado por el ángel.

No se trataba de un simple sueño sino de una manifestación clara de la voluntad de Dios que José, con el don de discernimiento que poseía, pudo interpretar.

Este fue el medio normal de los mensajes de Dios a José: el anuncio del ángel mientras dormía. Finalmente José, el bueno, “se llevó a casa a su mujer”.

Amigos, tomemos este texto de Isaías como una luz para caminar en este tiempo que nos queda de adviento.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

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