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El Guasón a la luz del Evangelio

El Guasón a la luz del Evangelio

Perú Católico, líder en noticias, comparte con ustedes este artículo de nuestro columnista Sergio Padilla. Sin duda que el cine es una manifestación artística que nos pueden entretener, distraer y recrear, pero también nos pueden mover a profundas reflexiones. Todo esto viene a colación a partir de la experiencia de haber visto la película Guasón (Joker), del director Todd Phillips, con la magistral actuación de Joaquin Phoenix. Al salir de la sala de cine se agolpan los pensamientos y las emociones ante una película oscura, violenta, perturbadora, compleja e incierta, pero que no nos puede dejar indiferentes. A lo largo de la trama nos vamos adentrando al complejo universo interior de Arthur Fleck a través de sus miradas, sus gestos, sus posturas corporales y sus risas, en la que se nos va revelando un hombre que, a través de todas las etapas de su vida, ha sido ignorado, violentado, manipulado y lastimado por las diferentes personas que están en su entorno. Solamente lo escucha -sin empatía alguna- una psicóloga del servicio público de salud quien le hace siempre las mismas preguntas. Así nos enteramos de que Arthur padece una enfermedad neurológica por la que no logra controlar los ataques de risa, cuando en realidad sus sentimientos son de dolor o vergüenza.

Desde el estreno de la película es posible encontrar muy diversos análisis de especialistas desde distintas ópticas: sociológicas, psicológicas y políticas. Pero esta gran pieza cinematográfica también requiere análisis y reflexión a partir de la fe. En muchos momentos se puede identificar lo que vive Arthur Fleck, con sus reclamos y súplicas de comprensión, cariño y atención, con diferentes personajes del evangelio, por ejemplo, con el ciego de Jericó, que al paso de Jesús le grita «¡ten compasión de mí!», súplica legítima y profunda que provoca que las personas que lo rodeaban lo increparan a callarse en lugar de compadecerse de él (Lc 18, 38-39). Pero también Fleck se identifica con el hombre tirado al lado del camino víctima de la violencia, quien solamente encontró compasión por parte de un samaritano, no así de un sacerdote y un levita (Lc 10, 25-30). En la película del Guasón no hay samaritanos, ni nadie quien lo mire con compasión. Al padecer tanta indiferencia, rechazo, incomprensión, burlas y agresiones, la respuesta para sobrevivir va gestando en él, paulatinamente, al criminal, realidad que no se justifica de ninguna manera, pero se entiende. Lo incómodo de la película es que nos revela que nosotros mismos podemos estar del lado de los que no miran, se burlan y violentan; pero también nosotros mismos podemos sentirnos, frecuentemente, como el personaje, pidiendo compasión, afecto y cuidado. El evangelio nos pide mirar y tocar a los Arthur Fleck que tenemos alrededor con un corazón compasivo, pues el Guasón nos muestra que, de palabra, obra u omisión, todos podemos ser causantes directos o indirectos de los violentos y villanos de hoy.

Aprovecho para recordar, en el contexto de todo lo dicho, que por estas fechas celebramos 30 años de la caída del Muro de Berlín, pero sin olvidar que, en nuestros corazones, en nuestras sociedades y en nuestra misma Iglesia, hay todavía muchos otros muros que derribar para contemplar, como nos recuerda constantemente el Papa Francisco, a todos nuestros hermanos que sufren de la indiferencia, la violencia, la burla, la incomprensión y el odio.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

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