P. Mitziccoj Wambra Shumaj Shongo

Historia: El árbol de Dios

Historia: El árbol de Dios

Hermanos de los Oblatos de San José nos comparten su experiencia, aquí un relato:

Llegamos ayer lunes 5 de mayo del 2014 y hoy martes fuimos a visitar la misión de Marara,  a 80 Km. de la ciudad de Tete. Saliendo de la ciudad encontramos un mercado colorido que bien se puede definir así: “Toda la gente vende de todo”. Como siempre, los caminos están llenos de personas que van a pié. El P. Sandro, que maneja la camioneta, nos va hablando de la historia de Mozambique. Todos escuchamos en silencio mientras nuestros corazones van creciendo de entusiasmo por la misión.

Los árboles llamados Embondeiros aquí y en otros lugares conocidos como baobab elevan sus copas como reyes en medio de la selva. Una selva que nos hace recordar el noreste brasileño (o iqueño o norteño del Perú). Mas aquí, los Embondeiros tienen un aire de majestad y de misticismo. La vida de la gente gira alrededor de ellos. Ahí se hacen las reuniones de la comunidad, las ceremonias tradicionales de iniciación, las misas, o simplemente las conversaciones. La gente se siente alrededor. Sentarse significa que la persona escucha con toda la atención. Por eso, en la Misa, el evangelio se escucha sentado. Estar de pié en nuestra cultura mozambicana significa caminar o salir.

Esos árboles de Dios nos acompañan por el camino, parece que toda la creación nos sonriera por medio de ellos. Dejamos el camino de asfalto, lleno de baches, y vamos por un camino de tierra recorriendo campos secos y algunos sembrados con plantas de maíz muy raquíticas.

¡La misión!, gritamos. Y antes de descender del carro, nuestros corazones ya tomaron posesión del lugar. Todo es maravilloso: la generosidad y acogida del viejo párroco que está para dejarnos su lugar, los mil alumnos de la escuela, el paisaje de árboles y la tierra seca y llena de piedras. El corazón del P. Devanil se llena de muchos proyectos e ideas para ayudar a sus futuros hijos. P. Ángel observa todo sorprendido, para él todas las cosas son nuevas. La bulla de las cabras enciende la sangre paranaense (del estado de Paraná) del P. Devanil con mucha nostalgia de los churrascos.

Finalmente, entramos al templo dedicado a la Inmaculada Concepción. Un Ave María, rezada por el P. General Miguel Píscopo nos llena de confianza en el futuro. Sentimientos de alegría, emoción, entusiasmo, retos para el mañana, pensamientos que nos llevan a Brasil, Italia, Perú y Nigeria, todo, todo se resume en una frase del Marello “Contigo, José, nosotros estamos seguros de ir siempre bien”.

Cómo nos gustaría quedarnos aquí; pero ya es tiempo de regresar, y mirando hacia atrás sentimos que los Embondeiros nos despiden con una sonrisa del cielo diciéndonos: -“¡Hasta pronto!”.

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