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Homilía del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario: la viuda fastidiosa

Homilía del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario: la viuda fastidiosa

Perú Católico, líder en noticias.- Ya lo hemos comentado pero hoy el Evangelio nos recuerda estas palabras:

“¿Habrá fe cuando venga el hijo del hombre?”

En tiempos difíciles hay que ser más fieles que nunca.

Rezar a diario el Credo, sin quitarle nada. Vivir en consecuencia y propagar esa fe que Dios nos regaló en el bautismo y Jesús nos pidió darla a conocer a “todos” los hombres.

  • Exodo

Una vez que Israel se convirtió en un pueblo libre de la esclavitud de Egipto, tuvo que vivir luchando contra los pueblos vecinos para conquistar la tierra prometida.

Por lo demás era una costumbre de los distintos pueblos hacerse la vida difícil los unos a los otros para quitarse las tierras.

El primer pueblo contra el que lucha Israel es Amalec.

Dios le ayuda. Hoy el Éxodo explica cómo consiguió la victoria. Hubo una doble acción:

Josué pelea en el campo de batalla y Moisés hace oración de intercesión durante todo el día.

Primero reza de pie; después se sienta y le sostienen los brazos Aarón y Jur.

De esta manera al atardecer Josué había conseguido la victoria.

  • Salmo 120

Los salmos son Palabra de Dios con la que Él mismo nos invita a hacer oración.

Aprovechemos para invocarle con los distintos salmos que nos ayudarán en todas las situaciones.

Hoy le pedimos su auxilio:

“El auxilio me viene del Señor”.

Es interesante que los pueblos que vivían en el valle debían contemplar los cerros para ver por dónde venía la ayuda de un pueblo amigo. El salmista exclama:

“Levanto los ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio?”.

Él mismo responde con un acto de fe: “El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra”.

Qué hermoso es este salmo en el que podemos meditar muchos detalles, por ejemplo:

“Tu guardián no duerme, no duerme ni reposa, el guardián de Israel”.

  • San Pablo

Pablo escribe a Timoteo y nos recuerda que Timoteo  desde niño aprendió la Sagrada Escritura en el ambiente familiar de la joven Iglesia de Jesús. Por eso le pide: “permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado sabiendo de quién lo aprendiste…”

Nos enseña también el apóstol cómo la Palabra de Dios nos es útil siempre: para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud.

Finalmente a todos nos vendrá bien tomar como un mensaje personal estas palabras:

“Ante Dios y ante Cristo Jesús que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir”.

  • Aleluya

El verso aleluyático nos recuerda esta idea de la Carta a los Hebreos que será bueno que tengamos en cuenta, porque a veces parece que no tenemos muchas fuerzas o motivación para evangelizar. Nos creemos que el valor de lo que decimos viene de nosotros, pero no es así.

La Palabra de Dios posee fuerza por sí misma:

“Es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón”.

Lógicamente esto vale para el que la proclama y para el que escucha.

  • Evangelio

Nos trae una parábola con una motivación concreta que dice el mismo San Lucas:

Jesús quiere que oremos “siempre sin desanimarnos”.

Se trata de un juez inicuo que no actúa en conciencia sino que imparte “justicia” para evitarse problemas. Por eso, ante una mujer que pide insistentemente que le haga justicia, decide “le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”.

La conclusión que saca Jesús es que Dios, que es el verdadero Juez, escuchará nuestra oración siempre.

El párrafo evangélico concluye con esa dolorosa frase de que hablamos al principio:

“¿Pero habrá fe cuando venga el Hijo del hombre?”

Hermanos, estamos en tiempos difíciles, hacen falta los “amigos fuertes” que pedía Santa Teresa.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

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