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Homilía del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario: El Señor es un Dios justo

Homilía del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario: El Señor es un Dios justo

Perú Católico, líder en noticias.- A Dios no lo puede comprar nadie: “El Señor es un Dios justo”.

Él es la justicia misma. Si tiene preferencia por los pobres, es porque ve que con frecuencia son oprimidos por los prepotentes e incluso por los que deben hacer justicia en la sociedad.

  • Eclesiástico

Nos invita a pensar en la justicia de Dios.

En efecto, lo llama “Juez Justo” que hace siempre justicia:

“El Señor es un Dios justo y no puede ser parcial”.

Si faltara a la justicia, que es una de las obligaciones más importantes para todo el que juzga, no sería Dios.

Sin embargo, sin faltar a ella, aparece claro que el Señor tiene preferencia por los débiles y oprimidos:

“El Señor no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido, no desoye los gritos del huérfano o de la viuda que repite su queja”.

Esto es lo que nos enseña la Iglesia: ante todo justicia.

¿Y qué es la justicia?

Esta virtud nos pide dar a Dios lo que le corresponde, es decir, el culto verdadero. Esta es la primera obligación de toda criatura.

Después hemos de tener justicia con los hombres, es decir, “dar a cada uno lo suyo” cuidando de manera especial, sin faltar a la justicia, a los más débiles y necesitados que son los preferidos de Dios.

  • Salmo 33

Recoge la misma idea: “Cuando uno grita el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias”.

Como decía antes el Eclesiástico “los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan”.

Acojámonos a la misericordia de Dios que nunca nos abandonará.

  • San Pablo

El apóstol nos hace un resumen de su vida de entrega y sacrificio cuando se ve próximo al fin de sus días:

“Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe”.

Sin embargo, los hombres han sido ingratos con él: “La primera vez que me defendí todos me abandonaron y nadie me asistió”.

Pero frente a esta situación, Pablo mantiene su confianza en el Señor “que me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje… el Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su Reino del cielo”.

Pablo en su debilidad y abandono es un testigo más en este domingo de la bondad especial de Dios para con el pobre y marginado.

  • Verso aleluyático

Nos recuerda que Dios nos ha reconciliado con Él pero siempre por medio de Cristo. Él es nuestro único Redentor.

En Él está la única posibilidad de “hacer las paces” con Dios y después, por su misericordia, continúa reconciliando la humanidad con Dios a través de los hombres en los que ha delegado la facultad de perdonar los pecados dentro de su Iglesia.

  • Evangelio

La parábola de hoy, según San Lucas, la dirige Jesús a todos aquellos que se “tienen por justos, se sienten seguros de sí mismos y desprecian a los demás”.

Una clase de personas más frecuente entre la sociedad acomodada.

La parábola nos presenta a un fariseo que fue al templo a alabarse y reconocerse justo, palabra que significa que posee todas las virtudes… Y bien “erguido en medio del templo” se alaba a sí mismo aparentando todas las perfecciones, lejos de ser como los otros “ladrones, injustos, adúlteros”.

Por otra parte llega al templo un publicano que se reconoce indigno de acercarse a Dios y desde el fondo del templo, en actitud humildísima repite: “Oh Dios, ten compasión de este pecador”.

La conclusión que saca Jesús es muy clara: el publicano se va justificado y el fariseo sale del templo con toda la carga que tenía más el pecado de orgullo que resume su oración.

Para todos nosotros Jesús termina diciéndonos:

“Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

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