Homilías

Homilía del primer Domingo de Adviento

Homilía del primer Domingo de Adviento

 

Perú Católico, líder en noticias.– En el primer domingo de Adviento nos presenta Isaías el triunfo de Dios sobre Israel y sobre todos los pueblos de la tierra.

Esto viene a ser un símbolo de la humanidad que llega a Dios.

  • Isaías

Dios promete por medio de Isaías la salvación para Israel y todos los pueblos.

En este pequeño párrafo podemos encontrar cuatro puntos importantes que nos dan a conocer los planes de Dios por medio de Isaías, tan querido por la liturgia y de manera concreta en el tiempo de Adviento:

+ El monte del Señor sobre el cual está construido el templo, es como un lugar de encuentro entre Dios y los hombres.

+ Todas las naciones, como un río de peregrinos, van hacia la casa del Señor:

“Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos”.

+ A todos les enseña Dios para que puedan encontrar el camino de la ley que salva:

“Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas porque de Israel saldrá la ley, de Jerusalén la Palabra del Señor”.

+ Finalmente todos juntos encontrarán la paz que el profeta nos presenta con estas hermosas comparaciones:

“De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas… Todos repetirán: caminemos a la luz del Señor”.

  • Salmo 121

Después de esta visión de Isaías es lógico que la liturgia nos presente este salmo, que es una invitación para caminar todos unidos al templo de Jerusalén, que viene a ser como la casa del Señor.

Se trata de una “canción de las subidas”, impresionante para todo israelita que después de una pesada peregrinación podía poner sus pies en los “umbrales de Jerusalén”.

Es una impresión que perciben también los peregrinos que hoy van a Tierra Santa, buscando los pasos de Jesús y compartir la historia de su pueblo en el Antiguo Testamento.

  • San Pablo

La invitación de San Pablo a despertar de la modorra en que vivimos, también es muy importante en nuestros días:

Sin darnos cuenta un mundo de vacío y de pecado nos envuelve y oscurece nuestra vida y nuestra conducta.

El cristiano debe vivir en la claridad de Cristo que es su vida y su conducta.

En medio de un mundo que pretende haber llegado al mayor desarrollo, necesitamos actuar “como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas y pendencias”.

La conclusión la saca el mismo apóstol pidiendo:

“Revestíos del Señor Jesucristo y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos”.

  • Verso aleluyático

Este versículo nos invita a pedir al Señor que en medio de tantas cosas difíciles, tenga la bondad de “mostrarnos su misericordia y darnos su salvación”.

  • Evangelio

A través de la historia, el hombre aparece con frecuencia metido en cosas poco importantes y descuidando lo fundamental.

Jesús pone entre otros el caso de Noé, que invitaba al pueblo a la conversión y nadie le hacía caso:

Cada uno vivía metido en sus pasiones y pecados.

Y cuando menos lo esperaban el diluvio los sorprendió a todos.

Somos superficiales. Los mismos apóstoles coincidían con nosotros y sus primeras preguntas a Jesús eran: “¿y cuándo sucederá esto?”

Y Jesús, que va a lo fundamental, nos dice que estemos siempre “preparados porque a la hora que menos pensemos viene el Hijo del hombre”.

Vivir siempre en la fidelidad a la voluntad de Dios es el secreto para llegar a la salvación.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

Visita Homilías

Comparte
Comparte