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Homilía del Tercer Domingo de Pascua: No olvides a Jesús aunque peques

Homilía del Tercer Domingo de Pascua: No olvides a Jesús aunque peques

Perú Católico, líder en noticias.- Hay unas cosas tan graves que parece imposible, no solo perdonarlas, sino también encontrar alguna excusa para continuar en amistad.
Es claro que para nosotros una de las cosas más difíciles es perdonar, pero Jesús perdona y nos da ejemplo de ello para que sus discípulos también perdonemos.

Hechos de los Apóstoles

San Pedro habla a la multitud y les explica cómo Dios “ha glorificado a su siervo Jesús al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato”.
Valientemente les recuerda cómo prefirieron a Barrabás y pidieron la muerte de Jesús inocente.
Sin embargo, Pedro busca una excusa, la única posible, y que coincide con las palabras de Jesús en la cruz:
“Lo hicisteis por ignorancia y vuestras autoridades lo mismo”.
Jesús dijo: “perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.
Dios cumplió de esta manera las profecías que se habían escrito sobre el Mesías, y lo que Pedro les pidió a los judíos entonces, y a nosotros hoy, es:
“Arrepentíos y convertíos para que se borren vuestros pecados”.

Salmo 4

“Dios ha hecho milagros en mi favor”, dice el salmista.
También yo lo digo porque así ha sido mi vida.
¿Y no pasó también en tu vida esto mismo que dice el salmo?
Te invito a buscar las maravillas que Dios ha hecho en tu vida desde la infancia hasta hoy.
Y después, agradece.
Ten la seguridad de que el Señor te escuchará cuando lo invoques y encontrarás la paz.
Esa paz que sirve hasta para dormir cada noche:
“En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo”.
San Juan
No peques, es lo que te pide el santo apóstol y evangelista.
Pero si pecas, dice, recuerda “que tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo el Justo”.
Nunca imites a Judas que se arrepintió y hasta devolvió la plata…
Pero desesperado se ahorcó.
No conocía hasta dónde llega el amor de Jesús y su perdón.
Lo que suele sucedernos es que no conocemos a Dios, aunque rezamos y hablamos de Él:
A Dios lo conoce solamente el que guarda sus mandamientos por amor.
Medita esta hermosa conclusión de San Juan:
“Quien guarda su Palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en Él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en Él”.
Te invito a repensar:
Estoy en Dios y quiero guardar su Palabra por amor.

Verso aleluyático

Este versículo recuerda el texto de San Lucas que cuenta cómo los dos de Emaús, al desaparecer Jesús, después de partir el pan, se dijeron:
“¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”
También nos invita a pedir a Jesús algo muy importante para nuestra vida de fe:
“Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas”.
Ese fue el regalo de Jesús a los apóstoles reunidos en el cenáculo el día de la Pascua:
“Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”, como leeremos en el Evangelio de este día.

Evangelio

Narra el momento más emocionante para la mayor parte de los Apóstoles:
Todos comentaban que el Señor había resucitado y se había aparecido a Pedro.
En ese momento llegaron los de Emaús comentando con emoción que lo habían visto y lo habían reconocido al partir el pan…
Pero el grupo no acababa de aceptar la resurrección, como cuenta San Marcos.
Es entonces cuando el mismo Jesús “se presenta en medio de ellos y les dice a todos: paz a vosotros”.
Los apóstoles, que tenían todo cerrado por miedo a los judíos, al comienzo creyeron ver un fantasma y se asustaron.
Por fin le vieron comer y se convencieron de que el Maestro había resucitado.
De todas formas el evangelista nos advierte que Jesús tuvo que darles un don especial para comprender las Escrituras y que entendieran todo:
+ El sufrimiento del Mesías.
+ Su resurrección al tercer día.
+ Que su misión había sido proclamar la conversión y perdonar los pecados con que la humanidad se había revelado contra el Creador.
+ Que tomaran conciencia de que cada uno de los Apóstoles debía ser testigo de la resurrección de Jesús.
La conclusión de hoy es que el amor de Jesús es tan maravilloso que no ha venido a buscar a los santos sino a los pecadores. Por eso, por mucho que hayamos pecado, su misericordia (y su acogida) es mayor y siempre nos espera.

José Ignacio Alemany Grau

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