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Homilía del XIV Domingo del Tiempo Ordinario: Paz a esta casa

Homilía del XIV Domingo del Tiempo Ordinario: Paz a esta casa

Perú Católico, líder en noticias.- No hay duda que una de las cosas que más añoramos todos es la paz.

Y sin embargo, hacemos más por la desunión que por la unidad; y por las peleas, muy pobres por cierto, que por la comunión.

Veamos qué nos dicen las lecturas de este día, sobre todo el saludo misionero que enseña Jesús.

  • Isaías

El tercer Isaías nos cuenta el regreso de los desterrados de Babilonia y hoy nos habla de la reconstrucción de Jerusalén y la presenta como un pueblo en crecimiento, utilizando los términos de la maternidad fecunda: “ubres abundantes”, “mamaréis a los pechos”, “llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán”…

El profeta presenta a Jerusalén en fiesta y resalta la promesa de Dios que dice:

“Yo haré derivar hacia ella como un río la paz”.

La paz que todos deseamos y de una manera especial el pueblo de Israel que ha sufrido tanto en el destierro y regresa a la capital y a la presencia de Dios en su templo.

  • Salmo responsorial 65

Es un himno de alabanza en el que se pide a toda la humanidad que glorifique al Señor:

“Aclamad al Señor tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria”.

No olvidemos que siempre la alabanza produce alegría en el corazón sincero y abierto a Dios:

“Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente”.

No hay duda que compartir las cosas de Dios y glorificarlo juntos se traduce en paz. Por eso es bueno que los que seguimos a Jesús compartamos con frecuencia las cosas de Dios:

“Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo”.

  • San Pablo

Hoy nos habla, al final de la carta a los Gálatas, de cómo en su labor apostólica ha aprendido a dar toda la gloria a Dios y no a sí mismo:

“Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”.

A continuación se despide Pablo deseando la paz y la misericordia de Dios para todos:

“La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos”.

  • Verso aleluyático

Nos presenta el versículo dos deseos importantes que Pablo expresa en la carta a los Colosenses:

“La paz de Cristo… y la palabra de Cristo habiten entre vosotros en toda su riqueza”.

Dos deseos que debemos compartir también nosotros con quienes convivimos y a quienes evangelizamos.

  • Evangelio

El Evangelio de Lucas tiene diversos pensamientos entre los que resaltamos:

+ “La mies es abundante y los obreros pocos. Rueguen al Dueño”.

Tengamos siempre presente que el que da las vocaciones es Dios y la Iglesia las tendrá si se las pide al Señor.

No olvidemos que la Iglesia somos todos los bautizados y por tanto todos debemos hacer oración para que el Señor envíe vocaciones a su mies.

+ “Pónganse en camino”.

Es Jesús quien envía a todos los bautizados a evangelizar, como nos están pidiendo continuamente los últimos Papas, en especial desde San Pablo VI en su preciosa carta Evangelii Nuntiandi.

+ El saludo del misionero debe ser éste, según el pedido de Jesús:

“Cuando entréis en una casa, decid primero la paz a esta casa”.

Es interesante que Jesús añada que, si hay gente de paz, “descansará sobre ellos vuestra paz; si no volverá a vosotros”.

+ Resalta también San Lucas la vuelta de los setenta y dos, que vienen muy contentos y felices porque han visto los signos que Jesús les prometió, hasta dominar a los demonios en los posesos.

+ Concluye el Evangelio con la advertencia de Jesús, diciendo que el motivo más importante de nuestra alegría debe ser que “vuestros nombres están inscritos en el cielo”.

Recordemos, para terminar, que una de las bienaventuranzas que dejó Jesús en el sermón del monte fue ésta:

“Bienaventurados los que construyen la paz porque éstos serán llamados hijos de Dios”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

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