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Homilía del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario: ¿Y después qué?

Homilía del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario: ¿Y después qué?

Perú Católico, líder en noticias.- Cuando vemos cómo se enriquecen algunos (y muchas veces al precio de empobrecer a otros), pensamos: parecen felices pero, ¿y después?

Aunque también es cierto que a veces en la misma sociedad se percibe claro lo que será después…

En las lecturas de hoy vamos a encontrar alguna respuesta bastante clara sobre el tema.

  • Eclesiastés

La liturgia en el breve párrafo de hoy desgrana unos versículos que nos pueden hacer pensar:

+ Uno que “se mata” a trabajar y lo que ganó lo hereda un desconocido… “también esto es vanidad y grave desgracia”.

+ Otro trabaja de día con su esfuerzo y de noche pensando lo que hará… ¡total!:

“Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.

Vanidad, frivolidad, vacío, todo pasajero.

Si no hay una respuesta “más allá del sol”, nada en la vida humana tendría sentido.

El Evangelio nos dará la respuesta.

Si quieres un consejo, lee lo que dice el Eclesiastés en los dos primeros capítulos y encontrarás buenas lecciones.

  • Salmo 89

Nos invita a acudir al Señor porque solo en Él está la verdadera alegría y lo que perdura.

Comenzamos confesando: “Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación”.

Y después pedimos:

“Enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato… Por la mañana sácianos de tu misericordia y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos”.

Para que nuestra vida no sea vana e infecunda.

  • Colosenses

Jesús, y la fe en Él, nos permitirán relativizar las cosas y descubrir los valores auténticos. Por eso sacaremos la verdadera conclusión:

Si todo esto es así, “busquemos los bienes de allá arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspiremos  a los bienes de arriba, no a los de la tierra”.

Si nuestra vida está escondida con Cristo en Dios… iremos dominando lo terreno y temporal para acoplarnos a la actividad del hombre nuevo.

¿Qué diferencia hay entre el hombre viejo y el nuevo, según Pablo?

El hombre viejo es el que actúa movido por las pasiones que desembocan en el pecado:

“La fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia que es una idolatría”.

El hombre nuevo es el que ha descubierto a Jesús y vive según el Evangelio:

“Revestíos del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador hasta llegar a conocerlo”.

  • Verso aleluyático

Alaba a los pobres de espíritu.

Es la primera bienaventuranza de Jesús:

“Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”.

  • Evangelio

Le piden a Jesús que solucione un problema de herencia familiar.

Jesús aclara que no ha venido a quitar el puesto a los jueces de este mundo.

Pero sí nos da una clave para enriquecernos de verdad durante la vida y no arrepentirnos de la herencia que podamos dejar.

La parábola nos habla del que hace una gran cosecha, multiplica y llena sus graneros y muy satisfecho se dice a sí mismo:

“Hombre, tienes acumulados bienes para muchos años. Túmbate, come, bebe y date buena vida”.

Pero Dios, le dijo:

“Necio, esta noche te van a exigir la vida”.

¿Para quién será todo lo que acumuló con su trabajo?

Lo mejor de todo, y  la conclusión para nosotros, es sencilla:

Lo que importa es poseer las riquezas de Dios.

Y después… ¿qué?

¡La vida eterna!

Amigos, todos debemos trabajar y ganar para nosotros y los nuestros, pero si lo hacemos según la ley de Dios y contando con Él, no nos arrepentiremos a la hora de la muerte y moriremos en paz con Dios y con los hombres.

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo

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