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Homilía en el ‘Domingo de la Misericordia’

Homilía en el ‘Domingo de la Misericordia’

Perú Católico, líder en noticias.-  Hoy celebramos dos grandes acontecimientos que pueden llenar nuestras reflexiones de fe: Por una parte, todo lo que incluye la octava de pascua y por otra la fiesta de la Divina Misericordia.

Hoy es el Domingo de la Divina Misericordia.

No es que el Papa Juan Pablo II haya inventado una fiesta el día de la octava de Pascua, sino que toda la liturgia del día, desde hace siglos, nos habla de la misericordia del Señor y dicho de otra manera del Señor de la Misericordia.

De todas formas agradecemos este regalo al buen pontífice al que Dios quiso llevárselo con Él en las primeras vísperas de esta fiesta.

  • Hechos de los apóstoles

Este libro nos cuenta cómo al irse Jesús dejó su Espíritu en la Iglesia de una manera especial y, movidos por la tercera Persona de la Santísima Trinidad, los apóstoles hacían milagros para que la gente pudiera conocer que Jesús era el Mesías de Dios que, con su Pascua, había redimido a la humanidad.

“La gente sacaba los enfermos a la calle y los ponía en catres y camillas para que al pasar Pedro, su sombra por lo menos cayera sobre alguno”.

Los milagros que siguen a la ascensión de Jesús son una de las pruebas con que Dios certificaba que Jesús era su Hijo, el amado.

  • Salmo 117

Exalta la Divina Misericordia y nos invita a agradecer y alabar:

“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

Uno de los motivos para dar estas gracias es precisamente agradecer al Padre porque a Jesús, rechazado por los hombres, lo ha glorificado:

“La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”.

El siguiente versículo lo oiremos muchas veces durante este tiempo pascual:
“Este es el día en que actuó el Señor sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

Para la Iglesia el día de Pascua dura una semana.

  • Apocalipsis

Jesús es exaltado en todo el Apocalipsis.

En este párrafo del primer capítulo, el mismo Señor se revela a Juan con estas hermosas palabras que debemos utilizar en nuestra oración:

“Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y ya ves, vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo”.

Te invito a meditar el hermoso libro del Apocalipsis, pero hazlo con una buena Biblia, ya que con sus notas te ayudará para que no caigas en tantos errores, como muchos, incautos o no bien intencionados, que lo explican a su manera para justificar sus sectas.

  • Versículo aleluyático

Recoge la bendición de Jesús a Tomás por haber creído, pero fíjate más bien en ti porque la bendición de Jesús es, sobre todo, para los que no lo han visto:

“Dichosos los que crean sin haber visto”.

  • Evangelio

Tiene dos partes.

La primera es el día de la Pascua, cuando Jesús da la paz: “paz a vosotros” (que es ahora el saludo característico del obispo a los fieles).

Y les regala a continuación el Espíritu Santo para que puedan perdonar: “recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les queda retenidos”.

La segunda parte sucede ocho días después:

Tomás oyó a sus compañeros que Jesús había resucitado y lo habían visto. Lógicamente Tomás no creyó y aseguró que no creería si no tocaba sus heridas de pies, manos y costado.

Por eso hoy viene el Señor y se dirige directamente a Tomás, diciéndole:

“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente”.

Tomás cae al suelo y solo atina a decir:

“Señor mío y Dios mío”.

Con esto reconoce que Jesús, al que vio vivo, y conoció muerto, ha resucitado. Por eso lo reconoce ahora como hombre y Dios verdadero.

Bendita duda la de Tomás que en el plan de Dios ha servido para fortalecer la fe de todos nosotros, que repetimos sus palabras sobre todo después de la consagración:

“Señor mío y Dios mío”.

  • Oración colecta

La oración colecta de este día nos invita a invocar al Dios de misericordia infinita que nos ha purificado con el agua del bautismo y nos ha hecho renacer con la sangre que nos ha redimido.

Recémosla con mucha fe en este día de la Divina Misericordia.

José Ignacio Alemany Grau

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