Homilías

Homilía en la Solemnidad de la Santísima Trinidad

Homilía en la Solemnidad de la Santísima Trinidad

Hoy, día del misterio más grande del cristianismo, la Santísima Trinidad, comenzamos con el verso aleluyático, rezando:

“Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene”.

Meditemos las maravillas que la fe nos enseña sobre este misterio:

El Padre engendra “virginalmente” y sin salir de sí mismo, por vía de pensamiento, al Hijo.

Al conocerse las dos Divinas Personas, Padre e Hijo, se aman tanto que el amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre da vida al Espíritu Santo en un abrazo indescriptible y en una unidad perfecta.

Misterio maravilloso que nunca comprenderemos pero nos hará felices por toda la eternidad.

  • Proverbios

En el Antiguo Testamento se va perfilando un sentido cada vez más profundo de la “Sabiduría”. Pero la comprensión plena de este misterio se ha ido descubriendo poco a poco a través, sobre todo, de los Santos Padres que aplican el nombre de Sabiduría a la segunda Persona de la Santísima Trinidad, e incluso llegan a unir el texto de hoy con el inicio del Evangelio de San Juan.

Por lo mismo podemos leer los dos textos de esta manera:

“Cuando Dios asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a Él como aprendiz… Todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra”… “El Verbo estaba junto a Dios… por medio de Él se hizo todo, y sin Él no se hizo nada de cuanto se ha hecho”.

  • San Pablo

Empecemos recordando que “Dios es amor”.

El apóstol nos enseña que ese Amor está dentro de nosotros:

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Compañía maravillosa que deberíamos recordar siempre con alegría inmensa:

¡Nunca estoy solo, Dios está conmigo!

También nos enseña que estamos en paz con Dios gracias a “la justificación que hemos recibido por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Sí, es cierto que Dios nos ha hecho justos ante Él, gracias a la muerte y resurrección del Señor Jesús.

Por lo demás, San Pablo nos enseña que hasta podemos gloriarnos en las tribulaciones con esta concatenación de ideas:

“La tribulación produce constancia, la constancia virtud probada, la virtud esperanza y la esperanza no defrauda”.

Ten presente que los sufrimientos de la vida son una riqueza si sabemos unirlos a los de Jesús dentro de su cuerpo místico que es la Iglesia.

  • Salmo responsorial (8)

Nos recuerda en este día:

“Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra”.

Y comenta poéticamente cómo Dios es el Creador de toda la belleza que existe en el universo:

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?… todo lo sometiste bajo sus pies”.

  • Evangelio

En el breve párrafo del Evangelio de San Juan, que hoy presenta la liturgia en el ciclo C, conviene que descubramos la actividad de las tres Divinas Personas, que ofrece el texto:

+ El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena y glorifica al Hijo.

+ El Hijo, Verbo de Dios, comunica al Espíritu Santo lo que tiene que decirnos.

+ Y el Padre, fuente y origen de todo, todo lo tiene en común con el Hijo y el Espíritu, de donde deducimos la intimidad profunda que une a las tres Divinas Personas que son un único Dios.

Aprendamos a vivir el gran regalo que nos ha hecho nuestro buen Dios al darnos a conocer su grandeza e incluso ha llegado a pedirnos: “Permanezcan en mi amor” porque “el que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos morada en él”.

José Ignacio Alemany Grau

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