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Pablo VI y Romero santos por ardor de arriesgar y de dejar puestos y poder

Pablo VI y Romero santos por ardor de arriesgar y de dejar puestos y poder

Perú Católico, líder en noticias.– La Iglesia festeja la canonización de siete nuevos santos y beatos, entre ellos un joven santo: Nunzio Sulprizio.

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Francisco vistió el cíngulo, el cordón con borlas que se ata a la cintura, aún manchado de sangre que vestía monseñor Romero cuando fue asesinado por un francotirador de un disparo en el pecho el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa en el hospital de enfermos de cáncer La Divina Providencia, de la capital salvadoreña.

5000 salvadoreños presentes en la Plaza de San Pedro lloraban, oraban y manifestaban su alegría por un acontecimiento que se esperaba hace 28 años.

El Pontífice se refirió a Pablo VI un santo en medio de “dificultades e incomprensiones” y al nuevo santo de América, el obispo de los pobres: Es hermoso que junto a él y a los demás santos y santas de hoy, se encuentre Monseñor Romero, quien dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos”.

Lo mismo puede decirse de Francesco Spinelli de Vincenzo Romanode Maria Caterina Kasper, de Nazaria Ignazia Santa Teresa de Jesús y también de nuestro joven napolitano Nunzio Sulprizio.

Francisco en el marco del Sínodo dedicado a los jóvenes ha proclamado santo a Sulprizio y agregó de él: “el joven santo, valiente, humilde, que supo encontrar a Jesús en el sufrimiento, en el silencio y en la ofrenda de sí mismo..”.

“Todos estos santos, en diferentes contextos, han traducido con la vida la Palabra de hoy, sin tibieza, sin cálculos, con el ardor de arriesgar y de dejar. Que el Señor nos ayude a imitar su ejemplo”, añadió. 

Santidad no a medias

El pontífice utilizó para esta misa el cáliz, el palio y llevó en la procesión inicial el báculo pastoral que uso Pablo VI. De esta manera, presentó a los nuevos santos como un modelo de vida radicalmente serena y feliz en el amor de Cristo:

Pablo VI lo hizo, siguiendo el ejemplo del apóstol del que tomó su nombre. Al igual que él, gastó su vida por el Evangelio de Cristo, atravesando nuevas fronteras y convirtiéndose en su testigo con el anuncio y el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres”.

Francisco destacó que los santos enfrentan dificultades y obstáculos. Así instó a mirar a la vida de Pablo VI: “Pablo VI, aun en medio de dificultades e incomprensiones, testimonió de una manera apasionada la belleza y la alegría de seguir totalmente a Jesús”.

El Papa incomprendido por abrir las puertas de la Iglesia. Francisco sostuvo al respecto: “También hoy nos exhorta, junto con el Concilio del que fue sabio timonel, a vivir nuestra vocación común: la vocación universal a la santidad. No a medias, sino a la santidad”.

Enamorados del amor de Jesús:

El Papa insistió que se necesita de estar enamorados del amor de Jesús para salir de las “estructuras que ya no son adecuadas para el anuncio del Evangelio, los lastres que entorpecen la misión, los lazos que nos atan al mundo”. 

Así sucedió para ese hombre, que –cuenta el Evangelio– «se marchó triste» (v. 22). Se había aferrado a los preceptos y a sus muchos bienes, no había dado su corazón.

Francisco subrayó que ese hombre “aunque se encontró con Jesús y recibió su mirada amorosa, se fue triste. La tristeza es la prueba del amor inacabado. Es el signo de un corazón tibio”. 

“En cambio – sostuvo- , un corazón desprendido de los bienes, que ama libremente al Señor, difunde siempre la alegría, esa alegría tan necesaria hoy”. 

Por eso, insistió que “Jesús nos invita hoy a regresar a las fuentes de la alegría, que son el encuentro con él, la valiente decisión de arriesgarnos a seguirlo, el placer de dejar algo para abrazar su camino. Los santos han recorrido este camino”.

Así fue el momento de la proclamación de los nuevos santos:

Milagros

En la ceremonia, asistió la familia de Amanda, la niña nacida el 25 de diciembre de 2014 en Verona (Italia), con apenas 24 semanas de gestación, que recibió el milagro, el cual fue elegido para la canonización del papa Pablo VI.

Igualmente estuvo presente en San Pedro, Cecilia Flores de Rivas, la mujer cuya curación inexplicable fue elegida como el milagro realizado por la intercesión de monseñor Romero para poder llegar a los altares. La señora estaba acompañada por su marido y sus tres hijos. Ella sufrió tras dar a luz el síndrome de Hellp, enfermedad que se presenta en mujeres embarazadas que padecen hemólisis, elevación de enzimas hepáticas y bajada de plaquetas y fue su marido quien pidió al beato Romero que intercediera para que su esposa no muriera.

Reliquias

Asimismo, fueron expuestos durante la ceremonia los símbolos (reliquias) de este gran evento: La camiseta de Pablo VI,  con las  manchas de sangre de la herida del atentado en Manila; una parte del hueso de la costilla de monseñor Romero y Galdámez, que le extrajeron durante la autopsia que le practicaron el 24 de marzo de 1980, tras su asesinato.

Además de las reliquias de Francesco Spinelli: huesos de un pie; Vincenzo Romano: vértebra; Nunzio Sulprizio: fragmento óseo del dedo de la mano; Maria Caterina Kasper: huesos de la columna vertebral; Mesa Nazaria Ignazia March: mechón de pelo.

Al final, el Papa Francisco rezó el ángelus con los fieles presentes y antes saludó a los mandatarios y las delegaciones que visitaron el Vaticano para acompañar la ceremonia: En representación de España acudió la reina emérita Doña Sofía, el presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; el de Chile, Sebastián Piñera; el de Panamá, Juan Carlos Varela Rodríguez, y la vicepresidenta de Honduras, Olga Alvara. Aleteia. 

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