José Antonio Benito

Perú colaboró hace cien años en la “corazonada” de España

Perú colaboró hace cien años en la “corazonada” de España

Perú Católico, líder en noticias.– El 30 de mayo de 1919, en el Cerro de los Ángeles (Getafe), centro geográfico de España, se congregaron las autoridades religiosas, civiles y militares, con gran multitud de fieles, junto al recién construido monumento al Sagrado Corazón de Jesús. El nuncio de Su Santidad, Francesco Ragonesi, lo bendijo. Luego, el arzobispo de Madrid, Prudencio Melo, presidió la santa misa. Antes de la bendición final se leyó un telegrama del papa Benedicto XV. El nuncio impartió la bendición papal y, a continuación, se expuso solemnemente el Santísimo Sacramento. Estando entonces arrodillados todos los presentes, el rey Alfonso XIII, de pie, en nombre del pueblo español, hizo lectura solemne de la oración mediante la cual se expresaba públicamente la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús: “España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante ese trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la Península… Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias”.

En la columna que sostiene la imagen de Jesucristo se leen las siguientes palabras: Reino en España. Se daba así cumplimiento a la promesa hecha por el Sagrado Corazón de Jesús al beato Bernardo de Hoyos –“Reinaré en España”–, a la vez que se materializaba en nuestra nación la petición del papa León XIII al consagrar el género humano al Corazón de Cristo (11 de junio de 1889), expuesta en la encíclica Annum sacrum.

Después de cien años, y a pesar de ser dinamitado el monumento en la fratricida guerra civil del 1936-39, el monumento luce esplendoroso y España renueva la consagración al calor del fervor de miles de peregrinos que fluyen hasta su centro geográfico y espiritual.

Veamos la historia del monumento y la de sus dos protagonistas peruanos, el P. Mateo y el Duque de Goyeneche.

 EL MONUMENTO

El actual es réplica de la anterior, inaugurada en 1919, aunque de mayor tamaño, y comenzó a edificarse en 1944 según el proyecto de los arquitectos Pedro Muguruza y Luis Quijada Martínez. La imagen del Sagrado Corazón de Jesús (11,50 m.) y su pedestal (26 m) obra de Aniceto Marinas, junto con los grupos escultóricos de la base, obra de Fernando Cruz Solís, fue inaugurado en el año 1965. Diez años más tarde, en 1975, se inauguraba la cripta, obra no existente en el proyecto anterior.

El monumento muestra a Cristo, con los brazos abiertos, invitando a todos los hombres a ir hacia los grupos escultóricos Forman parte del Monumento cuatro grupos escultóricos situados sobre la cúpula de la iglesia y en las diagonales que le encuadran. Son obra del escultor D. Fernando Cruz Solís. Las figuras que los componen tienen algo más del doble del tamaño natural.

Los dos grupos de la parte delantera son repetición, aunque de distinto estilo y orden de las figuras, de los que existían en el Monumento antiguo: la Iglesia militante y la Iglesia triunfante. Los dos grupos de la parte posterior representan la España defensora de la fe y la España misionera.

Se encuentra situado en el Cerro de los Ángeles, en Getafe, en un cerro testigo, enfrente de la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, en el considerado centro geográfico de España. Fue mandado construir por el Ayuntamiento de Getafe siguiendo la piadosa recomendación del P. Mateo Crawley, a raíz de la consagración de todo el género humano al Sagrado Corazón de Jesús, llevada a cabo por el Papa León XIII en el Año Santo de 1900 y la consagración pública de España al Sagrado Corazón en 1919.

El monumento se edificó con las aportaciones de miles de españoles que colaboraron. La imagen de Jesús fue donada individualmente por el peruano  Don Juan Mariano de Goyeneche (Conde de Guaqui). El monumento era todo de piedra caliza en tonos ligeramente amarillentos. Contaba con dos grupos de esculturas laterales, uno de los cuales representaba a la “Humanidad santificada” y el otro a la “Humanidad que tiende a santificarse”. En el primero de los grupos figuraban los santos siguientes: Santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Visitación, Agustín, San, Santa Teresa de Jesús, Santa Gertrudis, el beato Bernardo de Hoyos y San Juan Evangelista. En el segundo grupo, que estaba situado a la izquierda del monumento, se representaba el camino para llegar al cielo mediante la práctica de la caridad, del amor, de la humildad y del arrepentimiento. La caridad estaba representada por una hija de San Vicente de Paúl y cinco niños guiados por ella. Otro grupo de cinco figuras representaba la Virtud y el Amor, personificada la primera por una joven de elevada alcurnia y una niña con el traje de primera comunión, y el segundo, por un hombre y una mujer del pueblo con un niño en brazos.

La altura del monumento era de 28 metros, incluida la figura, a la que correspondían 9 metros desde el plinto. El ancho era de 31,5 metros, y de fondo tenía 16 metros. Estaba construido con piedra de Almorquí, y se emplearon 882 toneladas de material.

Al inicio de la Guerra Civil, el 23 de julio de 1936, cinco jóvenes fueron asesinados por defender y guardar el monumento de posibles atentados. Días después del asesinato, el 7 de agosto, milicianos del bando republicano llevaron a cabo una “ceremonia” por ellos mismos fotografiada, de fusilar la imagen de Jesús; tras ello, procedieron a la destrucción de las esculturas, primeramente “a mano” y por último, dada la dureza de su material, recurrieron a la dinamita hasta lograr reducirlo a ruinas. La prensa del Frente Popular publicó en portada y en primera página las fotografías del “fusilamiento” y comentó favorablemente el hecho (“Desaparición de un estorbo”). El Ayuntamiento de Getafe, en decisión refrendada por el Gobierno de la República, cambió el nombre cerro de los Ángeles por el de “cerro Rojo”, nombre que conservó hasta el final de la guerra civil.

Terminada la guerra, el régimen de Franco recuperó su nombre original y dio orden de construir un nuevo monumento, réplica del anterior, que comenzó a edificarse en 1944. El pedestal sobre el que se apoya, de 26 metros, está rematado con la leyenda Reino en España. En la base de éste se encuentra un altar, debajo del cual se encuentra la oración Sagrado Corazón, en vos confío. Encima de éste, en el centro figura la locución España al Sagrado Corazón de Jesús. A los lados se encuentran, a la izquierda, el escudo del papa León XIII y, a la derecha, el escudo episcopal del entonces nuncio en España Francesco Ragonesi.

Los grupos escultórico están situados a los laterales del pedestal. Los grupos delanteros representan a la “España Misionera” y a la “España defensora de la fe”. Los dos grupos posteriores representan a la “Iglesia militante” y a la “Iglesia triunfante”. Estos dos últimos están personificados por las figuras originales pero dispuestas en distinto orden.3 El primer grupo está representado por: Isabel la Católica, Colón, Hernán y Fray Junípero Serra. El segundo grupo representado por: Osio, obispo de Córdoba, Don Pelayo, Diego Laínez, Juan de Austria y el beato Anselmo Polanco. El tercer grupo representado por: La caridad, personificada por una religiosa guiando niños, la virtud, representada por una niña con flores y otra vestida de niña de primera comunión, el amor, representado por un hombre y una mujer del pueblo con un niño en brazos y además un hombre desnudo que se dirige a Cristo. El cuarto y último grupo representado por: San Agustín, San Francisco de Asís, Este nuevo monumento fue inaugurado en el año 1965.

Se conserva lo que quedó del anterior monumento (la base y el arranque del pedestal). Dichas ruinas fueron trasladadas al lugar que hoy ocupan para dejar despejado el solar para la nueva construcción. El nuevo monumento se levantó en el mismo lugar que ocupaba el original.

Diez años después de la inauguración del monumento, en 1975, se inaugura el santuario del Sagrado Corazón de Jesús, obra no existente en el proyecto anterior. El acceso al templo se encuentra debajo del monumento al Sagrado Corazón. Se accede por dos puertas, en las cuales (de derecha a izquierda) figuran los escudos episcopales deCasimiro Morcillo, Leopoldo Eijo y Garay, José María Salvador y Barrera y Prudencio Melo y Alcalde. El santuario se encuentra en la base del monumento. Es de 12 metros de altura, con una superficie de 42,40 metros de largo y ancho, formando un cuadrado. El complejo está compuesto por cinco bóvedas de cañón. Las tres naves principales son de 11 metros de ancho y las dos naves laterales de 4,50 metros de ancho.

  1. MATEO CRAWLEY-BOEVEY (1875-1960). Un arequipeño, apóstol mundial del Corazón de Jesús y de la Eucaristía

Nació en Sachaca un 18 de noviembre de 1875. Fue su padre el caballero inglés Carlos Octavio Crawley-Boevey y su madre la arequipeña María Murga. A los 9 años emigraron a Valparaíso (Chile) y allí estudió con los religiosos de los Sagrados Corazones, en cuyo instituto ingresó posteriormente en 1891 y se ordenó de sacerdote en 1898.Ejerció como profesor en el colegio de la Orden. De igual modo, atendió la Asociación de los Sagrados Corazones y animó espiritualmente varias obras sociales. Con el nombre de Curso de Leyes fundó una Facultad de Derecho que sería el embrión de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. A punto del stress por su entrega desmedida para socorrer a los damnificados por el terremoto de 1906 en Valparaíso, sus superiores le enviaron a Europa en viaje de descanso.

El 24 de agosto de 1907 llega al santuario de Paray-le-Monial, lugar donde se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque. Allí se recuperó de su quebrantada salud y vio claramente cuál sería la vocación para el resto de su vida: Conquistar todo el mundo para el amor del Corazón de Jesús, casa por casa, familia por familia, entronizándolo en todos los hogares. Cuando expuso el plan al Papa San Pío X, le complació tanto que le dijo: “No sólo te permito, sino que te mando, hijo mío, dar tu vida por esta obra de salvación social”.

Vuelve a América, inicia su cruzada en Valparaíso y la continúa por Chile y Perú. Fundó la revista El Primer Viernes y escribía artículos en otras revistas y periódicos. Posteriormente, su congregación lo destina a Europa para difundir el mensaje misericordioso del Corazón de Jesús; Inglaterra, Bélgica, Holanda, Suiza, Portugal y España se benefician de su encendida prédica. En 1914, llegando a París en el momento en el que las tropas alemanas se disponían a invadir la capital. Un dominico de Saint-Maximin resumió su impresión de esta manera: Al principio, uno queda desconcertado por esa oratoria que no es oratoria, por esas frases elípticas, esas imágenes inesperadas, esos gestos apasionados… y luego, uno está cogido, se pone al unísono, y cuando al final el predicador hace aclamar a Cristo Rey: “Te amo, Jesús, porque eres Jesús”, brotan lágrimas de muchos ojos. De Francia se trasladó a España, donde fundó treinta y ocho centros. En este último país promovió el gigantesco monumento en el Cerro de los Ángeles para consagrar la nación al Corazón de Jesús.

En su libro Rey de Amor, (13 ª ed, Secretariado Nacional de la Entronización del Corazón de Jesús, Madrid, 1960) da algunos pormenores interesantes sobre la estatua del Corazón de Jesús del Cerro. El misionero llegó a España para pronunciar las tres conferencias del triduo preparatorio a la entronización oficial de 30 de mayo de 1919. En Madrid dio una serie de conferencias en el “Centro de Defensa Social” organizadas por Rafael María Lázaro y Severino Aznar. En una de ellas lanzó la idea de erigir el Monumento. La idea madura y probada por el Obispo de Madrid-Alcalá, don Prudencio Melo, del Secretariado de la Entronización se encargó de lanzarlo y organizarlo por todo el país, especialmente recaudar los fondos. El Secretariado funcionó en el Colegio de las Madres de los SSCC presidido por la Duquesa de la Conquista, dama de honor de la reina Victoria. El P. Calasanz Baradat, SSCC, director, recorrió el territorio español para impulsar el proyecto y organizar la suscripción. El Monumento sería como un estandarte de gloria cristiana en torno del cual almas y familias españolas debían agruparse aclamando en la vida del hogar y de la nación la Realeza Divina de Cristo Rey. El pueblo español, con el Rey a la cabeza, respondió generosamente y se obtuvieron medio millón de pesetas. “Debo aquí, por noble, a poner de relieve un gesto bellísimo. El embajador del Perú ante la Santa Sede, señor Goyeneche, conde de Guaqui y grande España, pagó la estatua colosal del Corazón de Jesús. Y en carta que me escribió a este efecto me decía: “Quede constancia que es mi intención honrar por cierto al Sagrado Corazón, pero manifestar también muy solemnemente la gratitud del Perú a aquella España católica que nos civilizó con la fe de Cristo y con la morar del Evangelio”. Un tío de este embajador fue el Arzobispo Goyeneche, de Lima. Pagado el Monumento, hubo un superávit, suma que el Secretariado invirtió en un rico y artístico copón destinado a la Comunión de los peregrinos que vendrían a asistir al Santo Sacrificio de la Misa celebrado en el Altar del Monumento nacional” p.440

El nuevo Papa le dio la misión de instruir a los misioneros en la India, Ceilán, la China, Indochina, Japón y las islas Hawai. Fueron 50 años de ininterrumpida predicación. Fue padrino en la ordenación sacerdotal de nuestro querido Cardenal Landázuri. Promovió la “entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares”, la adoración nocturna en el hogar, así como los monumentos dedicados a Cristo en lugares visibles. Su objetivo era “hacer vivir en el hogar y por el hogar, célula social, el divino llamado: ‘Quiero reinar por mi Corazón’. Una de sus obras escritas fue “Horas Santas”, auténtica llamarada de amor a Cristo como muestra en esta oración: “¡Jesús sigue revelando las maravillas de tu Corazón desde esa Hostia!…Avanza, Dios oculto y vencedor, avanza, conquistando en el comulgatorio alma por alma, familia por familia hasta que la tierra entera exclame, alborozada: ¡Alabado sea el Divino Corazón en su Eucaristía salvadora…; a Él, sólo a Él, en los altares, gloria y honor por los siglos de los siglos; venga a nos tu reino!”.

Narra Fernando Cordero Morales ss.cc. que Pío XI le concedió cinco audiencias y le envió otra carta autógrafa, como lo hiciera antes su predecesor Benedicto XV. En una de las audiencias, el P. Mateo regaló al Papa un medallón con la imagen del Sagrado Corazón. Pío XI le comentó: La pondré en mi despacho y cuantas veces la mire te enviaré mi bendición. Y aún más patente queda la gran estima que tenía el Papa al apóstol del Corazón de Jesús cuando el gobierno de Perú solicitó al Sucesor de Pedro el nombramiento del P. Mateo para Arzobispo de Lima: ¿Qué quiere el señor Presidente de la República -contestó el Papa- que haga yo del Padre Mateo un coronel-comandante en plaza, o que le deje ser bombardero del Corazón de Jesús en todo el mundo?

El Jueves Santo de 1949 sufrió el primero de los muchos ataques de corazón que habían de sucederse en los once años que aún le quedaban de vida. En enero de 1955 manifestaba: Cada vez estoy más enfermo. Todo me cansa y debo suprimir muchas de las cosas bellas que debo hacer, reteniendo únicamente las indispensables. Quiero decir que debo dejar mis pocas fuerzas para poder celebrar la Misa y recitar mis plegarias. A su enfermedad se añadió una úlcera en su pierna derecha. En 1959 ingresó en la clínica de Valparaíso donde un cáncer en la sangre le impidió celebrar la eucaristía, que constituía el centro de su vida. Los médicos le amputaron la pierna herida por aparecer la gangrena. La amputación se practicó el 14 de enero de 1960, pero la herida no se cerró y la gangrena apareció pronto en la otra pierna. Su Provincial expresaba en una carta: El P. Mateo sufre atrozmente, pero todo lo soporta con un espíritu sobrenatural admirable. Y el propio enfermo escribía: ¡El cielo se aproxima… y así yo cantaré las misericordias del Señor eternamente!

El apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús, según la denominación de Pío XI, murió en Valparaíso el 4 de mayo de 1960 a los 84 años de edad. Al enterarse de su muerte el ahora beato Juan XXIII, envió, por medio del Cardenal Secretario de Estado, al Superior General de la Congregación de los Sagrados Corazones el siguiente mensaje: El Santo Padre está totalmente familiarizado con la misión que este infatigable apóstol llevó a cabo durante toda su vida: la difusión del culto del Sagrado Corazón. Por esto es consolador el pensar que la triste pérdida que ha sufrido la Congregación de los SS. Corazones se compensa con la presencia en el cielo -como podemos creer- de un nuevo y poderoso protector. (http://ec.aciprensa.com/wiki/Mateo_Crawlwy-Boevey; https://www.sscc.es/crawley.php)

  1. JUAN MARIANO DE GOYENECHE Y GAMIO (Arequipa, 1834 – San Sebastián,1924), político y diplomático peruano, III Conde de Guaqui, Marqués consorte de Villafuerte y Grande de España de Primera Clase. Fue ministro plenipotenciario del Perú en Francia, España y la Santa Sede y diputado por Arequipa (1860; 1861; 1864;1871-1876)

Cuando en 1821, Perú se declaró independiente de su metrópoli, los padres de Juan Mariano decidieron permanecer en Perú y aquí nació ya bajo nacionalidad peruana. Sin embargo varios de sus parientes se exiliaron a Europa como sus tíos José Manuel y Pedro.

Recibió su primera educación en el Colegio Seminario de la ciudad blanca de Arequipa, completándola desde los catorce años en España, primero en Madrid bajo la dirección del padre Ramón Escudero Sáez, S.J., y posteriormente en el Colegio de Vergara. Cursó a continuación estudios de Jurisprudencia en la Universidad Central.

Cuando regresó al Perú participó en la vida pública siendo elegido diputado por Arequipa en el Congreso de la Nación, formando en las filas del Partido Conservador (1860, 61, 64 y 71 – 76). Prestó grandes servicios a Perú durante la Pacífico con Chile. En 1871, recibió la proposición de concurrir a la presidencia de la República, proposición que rechazó. Al encargarse Manuel Pardo y Lavalle de la presidencia le ofreció a Goyeneche la cartera de Interior, que declinó. Años más tarde, en 1880, le fue ofrecido el Ministerio de Relaciones Exteriores, que también rechazó. Durante su gestión concertó un convenio muy ventajoso con los acreedores de Perú ofreciéndoles la explotación directa del guano como garantía de la deuda y de los nuevos préstamos que consiguió se otorgaran al país.

En 1877, fue nombrado Ministro Plenipotenciario en París y en 1880 en Madrid. A él se debió la firma del Tratado de Paz y Amistad con España que puso fin definitivo a las disputas existentes entre ambas naciones desde la proclamación de la independencia en 1821. En 1887 fue nombrado Ministro Plenipotenciario ante la Santa Sede y en 1918 Embajador ante S.S. el Papa.

Durante sus viajes por Europa estudió todos los adelantos que pudieran ser aplicados después en el Perú, tomando notas y apuntes que hacía llegar a Lima. Fue nombrado Académico de la Academia Lauretana de Ciencias y Artes, presidente de la Comisión Peruana de la Exposición Universal de 1878, delegado del Perú en el Congreso Postal de París y miembro de la Unión Postal Universal.

En España, Goyeneche fue nombrado Prócer del Reino y Caballero Profeso de la Orden de Santiago, así como dignidad Trece en dicha orden. El ideal que persiguió a lo largo de su vida pública fue lograr una paz completa y sólida entre España y las Repúblicas hispanoamericanas que le deben su origen y a la formación de una liga indisoluble y poderosa que tuviera por objeto la mutua protección de sus intereses, tanto morales, como personales, comerciales, industriales,  agrícolas y religiosos.

Junto con sus hermanos, además de la estatua del Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles, aportó los fondos necesarios para la construcción del mejor hospital de América del Sur, en Arequipa, así como para la restauración del Castillo de Javier en Navarra y la edificación de la Basílica adosada y edificios aledaños. Junto con su hermana la duquesa de Goyeneche donó los terrenos sobre los que se asienta la Fundación Goyeneche de San Sebastián dedicada a la asistencia y empleo de disminuidos psíquicos y enfermos mentales. El 1 de noviembre de 1860 contrajo matrimonio en el palacio Arzobispal de Lima con Juana de la Puente y del Risco, VII Marquesa de Villafuerte, con la bendición de su tío José Sebastián de Goyeneche, arzobispo de Lima. La pareja tuvo once hijos.  José Antonio Benito.

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