Fr. Carlos Raúl Sánchez Ortiz

¿Qué es el perdón? ¿Por qué perdonar? ¿Todos merecen ser perdonados?

¿Qué es el perdón? ¿Por qué perdonar? ¿Todos merecen ser perdonados?

Perú Católico, líder en noticias.- La primera motivación que tengo para redactar este artículo y compartirlo, es la necesidad que frecuentemente encuentro en aquellos que se acercan a confesarse, y que al pedírselos me dicen que no saben cómo hacerlo. Cuando hago mi labor pastoral a través de los medios de comunicación y toco el tema del perdón, las llamadas telefónicas a cabina de locución se suceden una tras otra para preguntar de qué se trata. En razón de ello y en la perspectiva del Jubileo Extraordinario del Año de la Misericordia propuesto por nuestro querido Papa Francisco, deseo dar mi aporte para darnos cuenta lo valioso que es perdonar.

Quiero compartir con ustedes las herramientas que aprendí y me sirvieron para entrar en la dinámica del perdón. A parte de las tantas personas que me han inspirado con su ejemplo, está también el deseo de profundizar en este tema, sirviéndome principalmente de la autora Robin Casarjian, cuyo texto “Perdonar” (que principalmente utilizaré en el artículo), me ayudó en mi propia curación y a desengancharme de las relaciones con aquellas personas que han desencadenado en mí la rabia y las críticas, dándome la oportunidad de perdonar una y otra vez con la Gracia y la Mano de Dios mediante la oración; y a enfrentar también los muchos desafíos del hecho de perdonarme a mí mismo.
De ante mano, agradezco a Dios haber descubierto este proceso, y a Leonel Narváez Gómez, Presidente de la Fundación para la Reconciliación, sacerdote religioso de los Misioneros de la Consolata (www.fundacionparalareconciliacion.org), por habérmelo puesto en mi camino. Leonel a extendido exitosamente las Escuelas de Perdón y Reconciliación en la ciudad de Bogotá y luego en varias ciudades de 15 países de las Américas y Europa, en donde viene promoviendo el Perdón como un derecho humano y como virtud política. He agregado varias ideas a este artículo gracias a sus sugerencias. Gracias también a Eduardo Garza Cuéllar quien intercedió para conocer a Leonel.
1. ¿Por qué debo perdonar?

Primero porque en realidad nadie desea vivir con la rabia, el rencor, ni la vergüenza y ni culpa alguna.
Segundo porque tenemos que aprender a perdonar. “Normalmente” en casa no se nos ha enseñado a perdonar ni a pedir perdón. Cuando de pequeños peleamos con nuestros hermanos (as), nunca se nos dijo, salvo excepciones, que nos perdonáramos. Nuestra cultura es propensa a “guardamos” todo lo negativo, almacenando resentimientos y rencores por años.
Tercero, razón no menos importante, porque la Palabra de Dios nos lo pone como un “¡condicionante obligatorio!”. Las siguientes citas pueden ustedes revisarlas: Proverbios 17, 9; Eclesiástico 10, 6; Eclesiástico 28, 2; Mateo 18, 21-22; Mateo 5, 23-26; Mateo 6, 12-13; Mateo 6, 4-15; Mateo 18, 21-35; Lucas 6, 36-38; Efesios 4,32; Colosenses 3, 12-13
En definitiva, se perdona sobre todo porque es un “DON” para uno mismo. Las personas que no perdonan rápidamente se enferman y deterioran sus relaciones comenzando con las personas más cercanas.
2. Lo que no es perdonar.

Qué puede evocar la sugerencia de perdonar a alguien. Todos tenemos un conjunto de ideas preconcebidas sobre el perdón, algunas muy espiritualizadas y en ese sentido, incapaces de ser realizable. Esas ideas suelen ir acompañadas de sentimientos que las mantienen firmemente arraigadas, las mismas que pueden provocar dos cosas: o bien imposibilitarnos a ofrecer el perdón, o bien animarnos, ofreciéndonos la oportunidad de dejar atrás el pasado y ser libres para vivir con mayor paz y felicidad.
Por eso quisiera que abrieras tu mente para poder decirte lo que NO es perdonar:
a. Perdonar no es justificar comportamientos negativos. El maltrato, la violencia, la agresión, la traición y la deshonestidad son sólo algunos de los comportamientos que son totalmente inaceptables. El perdón no quiere decir que apruebes o defiendas la conducta que te ha causado sufrimiento, ni tampoco excluye que tomes medidas para cambiar la situación o proteger tus derechos.
b. Perdonar no es hacer como que todo va bien cuando sientes que no es así. Perdonar no es negar el dolor de la ofensa. A veces puede ser engañosa y confusa la distinción entre perdonar de verdad y negar o reprimir la rabia y el dolor. Enojarse se suele considerar inaceptable. Terminamos aprendiendo a expresar lo que no sentimos. Nuestra cultura nos empuja a ser así, tanto que ya nos parece normal y ecuánime no exteriorizar la rabia u otros sentimientos. No se puede ofrecer un perdón verdadero si se niega o se hace caso omiso a la rabia y el resentimiento.
c. El perdón no implica que debas cambiar de comportamiento. O sea, por ejemplo, puedes perdonar a la esposa(o) que sea descuidada(o) con el dinero, pero eso no significa que tengas que entregarle tus ingresos ni dejar que lleve las cuentas de la casa. Puedes perdonar a tu madre por ser infidente y al mismo tiempo decidir no hacerle confidencias. Puedes perdonar a un trabajador incompetente y despedirlo por no hacer bien su trabajo.
d. El perdón no exige que te comuniques verbal y directamente con la persona a la que has perdonado. No es preciso ir y decirle: “Te perdono”, aunque a veces esto puede ser una parte importante del proceso de perdonar. Con frecuencia, la otra persona advertirá el cambio que se ha producido en tu corazón.
e. Perdonar no es adoptar una actitud de superioridad. Si se perdona a alguien porque se le tiene lástima o se lo considera tonto, es que se confunde perdonar con ser arrogante.
f. Perdonar no es olvidar: nadie puede olvidar pero si puede recordar con otros ojos.
g. Perdonar no es negar la justicia. Mientras se perdona la justicia sigue su propio camino.
3. La rabia y el rencor
Los sentimientos no tienen connotación moral (no son ni buenos ni malos). Hay mucha gente que en la confesión incluyen los sentimientos como pecados (El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento Cf. CIC 1859. El pecado más grave es el que se comete por malicia, por elección deliberada del mal Cf. CIC 1860). Los sentimientos son reacciones interiores de la persona ante algo o alguien. Son compañeros de nuestra vida que nos ayudan a conocernos. Aparecen y desaparecen sin pedir permiso. Son sinónimo de las emociones, solo que éstas son más duraderas, los sentimientos son más cortos. Saberlos manejar es importante para no llegar a herir con la ofensa y caer en pecado, y además, para mejorar la comunicación con quienes socializamos.
Cuando surge el sentimiento de la rabia, la podemos expresar abierta y directamente, o la podemos ocultar debajo, de un modo callado y persistente. Si se queda dentro, termina siendo resentimiento, que es esa sensación constante de agravio que persiste aún mucho tiempo después de que haya pasado la situación que provocó la rabia.
Cuando estamos resentidos, sentimos con intensidad el dolor del pasado una y otra vez. Esto, no sólo tiene un efecto lamentable en nuestro bienestar emocional y físico, sino que también afecta nuestra relación con los demás.
De hecho, una razón por la que suele resultar tan difícil perdonar es que para hacerlo hemos de sacar a la luz y aceptar la verdad de lo que realmente sentimos. No se trata de escapar de la rabia y el resentimiento. Perdonar en pocas palabras es resignificar la memoria ingrata que nos deja una ofensa. Es pasar de la urgencia de venganza al ejercicio consciente de la compasión y de la misericordia.

4. Sí se puede Perdonar.
El perdón implica necesariamente tomar la decisión de ver a la otra persona más allá de sus miedos, idiosincrasias, neurosis y errores. Implica ver a la persona con los ojos de Dios, que ve el corazón y no las apariencias (1 Sam. 16, 7). O sea, ver en esencia pura, independientemente de su historia personal, con su capacidad ilimitada para amar y digna de respeto y amor.
El perdón requiere que nos demos cuenta que si una persona actúa sin sensibilidad, entonces hay “miedo”. Aun cuando no sea evidente, bajo esa conducta y esas actitudes terribles, hay una petición de respeto, reconocimiento y amor.
Dios nos ha creado para amar y para ser amados. Dios nos ha capacitado para confiar, amar y perdonar. Dice Catalina de Siena que “el móvil que impulsó a Dios a crearnos fue únicamente el amor. Dios nos pensó, nos ideó en sí mismo. Nos contempló en esa idea o proyecto suyo y se enamoró locamente de nosotros. Todo lo demás es consecuencia de ese amor inicial” (Epistolario de Santa Catalina de Siena: Espíritu y Doctrina, Volumen 1 de José Salvador y Conde O.P. Pag. 3).
Todo ser humano tiene la capacidad de ver con claridad, sin tergiversación ni miedo, así como también, la capacidad de elegir la manera de reaccionar ante las diversas situaciones. Pero a esta naturaleza pacífica, amorosa y sabia, dispuesta a perdonar, se le puede anteponer dos obstáculos: por un lado la historia personal que le precede a la persona que nos ha hecho mucho daño y que por tanto no nos permitirá augurar algún cambio; por otro lado, nuestros “pequeños yo” o “subpersonalidades” que nos hacen ver la realidad a través de lentes coloreados (creencias y perspectivas), con las cuales terminamos identificados y que también no nos van a dejar perdonar. Ante ello, lo que nos queda es tomar conciencia de quienes somos (creación+amor) y distanciarse de esas subpersonalidades como por ejemplo, el “yo perfeccionista”, el “yo crítico”, el “yo manipulador”, el “yo colérico”, el “yo maternal/paternal”, el “yo culpable”, etc.
Es importante hacer una revisión de nuestro propio yo y corregir si nos hemos identificado con algún “yo pequeño”. A la luz de la fe, esta revisión es importante ya que como le dijo el Señor Jesús a Catalina de Siena, “¿Sabes hija mía, quién eres tú y quién soy Yo? Si sabes estas dos cosas, serás feliz. Tú eres la que no es; yo, por el contrario, el que soy. Si hay en tu alma este conocimiento, el enemigo no te podrá engañar, te librarás de todas sus insidias, jamás consentirás en cosa contraria a mis mandamientos y sin dificultad conseguirás toda gracia, toda verdad y toda luz” (DE CAPUA, Beato Raimundo, Biografía de Santa Catalina de Siena, Vergara; 3ra. ed. 1926. I c.10 p.61)
Lo que alimenta a estas subpersonalidades es el temor, el temor a la pérdida, a la humillación, al desamparo, al abandono. Bajo ese temor hay un grito pidiendo sentirse seguro, respetado, amado, escuchado y valorado. Por eso que el miedo dispone para la “guerra”.
El motivador central del perdón es la humildad. El camino más efectivo es la práctica de la misericordia y de la compasión.
El perdón es un dón…Ser Don es el sentido más profundo de la existencia humana.

5. Aprender a perdonar.
El perdón es algo que puedes poner en práctica inmediatamente, aun cuando todavía no te sientas preparado(a), ni con ánimo para perdonar a ciertas personas.
En la manera más amplia de trabajar con el perdón, podemos practicarlo con todas las personas, para hacerlo nuestro, y para eso podemos convertir a todo el mundo en nuestro maestro.
Al principio el perdón es cuestión de práctica. Exige que se repita muchas veces para dominarlo, para integrarlo, para sentirlo como algo natural. Primero hay que familiarizarse con esta nueva forma de ver el perdón, comprobar cómo se usan estas nuevas percepciones y practicar el perdón con personas con las que no hay historias personales de rabia y dolor.

6. Ver la luz
Durante un tiempo prudente tómate unos pocos minutos, las veces que consideres necesario, para practicar el perdón con personas a quienes no conoces o no conoces bien. Cualquiera me diría “cómo perdonar a personas que no me han ofendido nunca”. Justamente es una ventaja ofrecer perdón de esa manera. Permítete aprender a perdonar a la otra persona, aunque no la conozcas, ver más allá de su apariencia externa y contemplar su YO: la luz. Al verla, reconoce interiormente en ella, que así como esa persona, todas tienen una naturaleza pacífica, amorosa y sabia. Esto lo puedes hacer cuando estés en cualquier lugar donde haya personas a tu alrededor, e incluso en tu imaginación. Las palabras y los gestos no son necesarios. Basta con un callado reconocimiento interior. En esencia, lo que dices silenciosamente es “Te veo”, veo tu “Luz”. Poco a poco te irás dando cuenta que es así como ve Jesús a cada uno de nosotros y por eso “no nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades” (Salmo 103, 10).
Se trata de observar a la gente en busca de signos de paz, amabilidad y amor. En otras palabras, buscamos su inocencia y no su culpa. Miramos a las personas con el corazón, no con nuestras ideas preconcebidas. Esta manera de mirar requiere visión interior: la disposición a reconocer y confiar en lo que tal vez la otra persona desconoce o posee. Esta práctica del perdón nos ofrece una increíble oportunidad, por un lado, de observar nuestras reacciones, sobre todo el miedo y la crítica ante lo que percibimos como “diferente”, y por otro, de ver como Jesús nos ve.

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7. Mientras tanto ¿Qué hacemos con la rabia?
Es importante tratar el dolor personal, la tristeza, la rabia, el resentimiento y la culpa. El perdón es esencial para sanar y experimentar nuestra integridad. Pero antes tenemos que hacerlo nuestro el dolor que experimento, es decir, reconocer y admitir la verdad.
Siempre he sugerido hacer un rincón para Dios en la casa o en el propio cuarto, donde puedas tener tu lugar de paz y tranquilidad para hacer oración. Pero también te puedo sugerir para ello lo que Catalina de Siena nos diría: “adentrarse en la celda interior, o sea, en la interioridad y profundidad de nuestro ser. Sólo allí somos conscientes de lo que somos y vivimos, y somos capaces de reconocer los sentimientos, ideas y emociones que nos habitan. Allí comprendemos: Quiénes somos, quién es Dios, y quién es el prójimo para el creyente” (http://www.dominicos.org/…/estudio-luc…/doctrina-y-lenguaje…). Es importante disponer de un lugar seguro y apropiado para desahogarse, para expresar el dolor, sin juzgarlo, y qué mejor que hacerlo siguiendo la recomendación de Jesús (Mt. 6, 6). La liberación comienza en el momento en que se reconoce el dolor y se le permite ser. Entramos en el y lo convertimos en amigo para después dejarlo marchar.
Es importante que no neguemos la existencia y los efectos de la rabia que podemos haber sentido, consciente o inconscientemente, durante muchos años. Cuando nos negamos sentir la emoción y expresar el dolor y el temor en el momento que ocurren las experiencias traumáticas, entonces el trauma puede quedar guardado en los músculos y en el alma durante años.
Si estamos reprimiendo la rabia y la culpa, el perdón que ofrecemos no puede arraigar en nuestro ser porque los sentimientos reprimidos forman una barrera que nos impide adentrarnos en nuestra experiencia esencial. Por algún lado, y de varias formas, saldrá el sentimiento que reprimimos.

8. Tomemos en cuenta estos conceptos.
a. La negación es el rechazo de aceptar las cosas como son.
b. La represión es un bloqueo reflejo total e inconsciente de un sentimiento inaceptable para que no se vuelva consciente. No elige deliberadamente reprimir nada; la represión se activa de manera refleja, con el fin de poder sobrevivir a incidentes y sentimientos abrumadores, incomprensibles o aterradores.
c. La supresión es la exclusión consciente de sentimientos, deseos o impulsos inaceptables.
d. La proyección es el proceso de no reconocer los sentimientos y deseos, y atribuirlos inconscientemente a otras personas.
e. La racionalización es la invención de historias, excusas y coartadas que sirvan de base lógica para comportamientos y motivaciones inaceptables.

9. ¿Cómo me deshago de la rabia?
Liberar o dar salida a los recuerdos y sentimientos dolorosos no significa necesariamente enfrentarnos a aquellas personas que nos han herido o nos han tratado de un modo injusto.
La idea es trabajar con el dolor que produce la rabia con el fin de sanar. Los psicólogos sugieren algunas técnicas de liberación y desahogo como escribir una furiosa carta que después se puede romper o quemar, golpear una almohada, llorar en una habitación gritando todo lo que puedas.
Lo importante es que no glorifiquemos el dolor ni nos aferremos a él ni nos revolquemos en él. Eso no es permitir que el dolor sea dolor, sino que sea nuestro jefe. Lo que hemos de hacer fundamentalmente es dejarlo marchar.
Si te formaste en un ambiente en que no se respetaban tus sentimientos y te parece que actualmente no han cambiado las cosas de como cuando eran antes, o si sientes el deseo o la necesidad de tener apoyo para trabajar con alguno de tus sentimientos actuales, puede serte útil buscar la ayuda de un asesor, terapeuta o consejero y/o director espiritual.
Busca a una persona que:
a. Se sienta cómoda trabajando directamente con los sentimientos y permita su expresión.
b. No tienda a juzgar ni a controlar.
c. Sea acogedora y receptiva.
d. Comprenda verdaderamente el valor del perdón para la curación, pero no ejerza presión para que se perdone antes de estar preparado para hacerlo.
e. No dejes de confrontar toda tu vivencia con Dios, dialogando con tu Director Espiritual.

10. Dejemos que Dios obre en nosotros.
Puede que sientas que no quieres perdonar a ciertas personas, o que no deseas hacerlo en este momento. Respeta tu situación. Tu proceso del perdón es exclusivamente tuyo, y esta resistencia puede ser una reacción sana en el momento de desarrollo en que te encuentres. Sé amable contigo. Pídele a Dios que te de la Gracia que necesitas para que disponga tu corazón.
Deja que Dios haga su trabajo ya que Él puede sanar a los que tienen el corazón quebrado y vendar nuestras heridas (Sal. 147, 3). Utilicemos nuestra imaginación con esta oración que nuestro hermano Pepe Prado nos invita a hacer, trayendo a cada una de las personas que se vaya nombrando.

— Perdono a mis padres porque no me dieron todo el amor y la atención que yo necesitaba. Les perdono las veces que me hicieron a un lado, los castigos injustos, los golpes y gritos con que me hirieron. Les perdono también su silencio e indiferencia para conmigo. Les perdono las veces en que se gritaron y pelearon delante de mí. Les perdono sus incomprensiones o preferencia por otro de mis hermanos.
* Papa, mama, yo les perdono de todo corazón con el mismo perdón de Cristo. Que Dios te bendiga, papa; que Dios te bendiga, mama. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

— Perdono a mis hermanos por todas las veces que no me tomaron en cuenta. Por hacerme a un lado en sus juegos y diversiones. Porque a mí no me tenían la misma confianza que a sus amigos, por las veces que se aprovecharon de mí y por las veces que me acusaron delante de mis padres.
* Hermano,… yo te perdono de todo corazón con el mismo perdón de Cristo. Que Dios te bendiga, hermano. Yo te doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

— Perdono también a mis compañeros de escuela por todas las burlas que hacían de mí y de mi familia. Los perdono completamente. Perdono al compañero que me puso aquel apodo que no me gustaba. Perdono a todos los que se reían y burlaban de un defecto físico o de mi manera de ser.
* Compañeros de escuela, yo les perdono de todo corazón como Cristo me ha perdonado a mí. Que Dios los bendiga a todos en estos momentos. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación, especialmente a quien más me ofendió.

— Perdono a mis profesores y maestros por las veces que me humillaron delante de mis compañeros, por sus reprensiones o calificaciones injustas. Por no haberme apoyado o ayudado. Por los complejos que en mi crearon con sus actitudes. Porque me hicieron sentir que no me querían; yo los perdono.
* Maestros y profesores, Cristo, a través de mí, los perdona de todo el mal que consciente o inconscientemente hicieron en mi vida. Que Dios los bendiga a cada uno de ustedes. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

— Perdono igualmente a mis jefes y superiores que no reconocieron lo que yo era y hacía. Les perdono sus favoritismos y arbitrariedades; porque nunca me dieron un cargo de verdadera responsabilidad, por las veces que fui víctima de sus injusticias y de sus burlas. Les perdono el abuso de autoridad que tuvieron conmigo. Sus presiones y chantajes.
* Jefes y superiores, con la autoridad de Cristo yo los perdono de todo corazón. Que Dios los bendiga abundantemente a todos ustedes. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

— Perdono al novio(a) que hirió mi corazón, dejándolo lastimado y desconfiado. Perdono al que se burló de mí y me usó como un mero pasatiempo en su vida. Perdono a quien no supo corresponder con amor a mi amor.
* Yo te amo ahora con el amor de Cristo. Por eso, te perdono de todo corazón. Que Dios te bendiga. Yo te doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

De acuerdo a las circunstancias se puede añadir el perdón a otras personas:
— Esposo(a), abuelos, tíos o tutores.
— Familia política y parientes cercanos.
— A quien nos ha robado, injuriado o difamado.
— A sacerdotes, monjas y clero en general.
— También hay “algunas” personas que guardan un resentimiento para con Dios y no le han perdonado la muerte de un ser querido, un defecto físico o la pérdida de un miembro propio o ajeno.
— Otros, tampoco se han perdonado a sí mismos una falta, un pecado o error.
* Yo perdono a todos los que me han ofendido. En el Nombre de Cristo renuncio a todo odio, rencor y resentimiento que exista en mi corazón.

De una manera especial en estos momentos perdono a la persona que más me ha ofendido, que más mal me ha hecho. La perdono de todo corazón y para siempre con el mismo perdón que Cristo ha tenido para conmigo. Pienso en esta persona y veo a Cristo junto a ella. Cristo la bendice y la abraza. Yo también la abrazo y le doy el perdón que Cristo ha tenido para conmigo.
El que perdona evoluciona y crece espiritualmente. El perdón no cambia el pasado pero si el futuro de las personas.
“Sin la practica del perdón solo queda una vida infecunda y esteril” (Bula Papa Francisco, 20).
“Llegó la hora de recobrar la practica del perdón. Es la hora de tornar a lo ESENCIAL”.

11. Bibliografía a consultar.
a. “El Amor a Sí mismo” – Dr. Matthew McKay y Patrick Fanning – Edi. SELECTOR 1994
b. “Perdonar” – Robin Casarjian – Edi. URANO 2007
c. “Recobra tu Intimidad – Anne Wilson Schaef – Edi. IMPROVE
d. “Al Asalto del Cielo” – Louis de Wohl – Edi. PALABRA 2005
e. “Biografía de Santa Catalina de Siena” – Beato Raimundo de Capua – Edi. VERGARA 1926
f. “Id y Evangelizad a los Bautizados” – José Prado Flores – Edi. Kerygma 2013

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