Resumen de la jornada del Papa Francisco en Ecuador

El Papa Francisco  afirmó este lunes que la familia debe ser ayudada y que esto no debe entenderse como “una forma de limosna”, sino que es una verdadera “deuda social respecto a esta institución”, durante su homilía en la misa que ofició en Guayaquil (Ecuador).

“La familia constituye la gran riqueza social que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a los ciudadanos”, dijo en su alocución en el parque de los Samanes ante cientos de miles de personas.

En efecto, agregó, “no son una forma de limosna, sino una verdadera deuda social respecto a la institución familiar, que tanto aporta al bien común de todos”.

Francisco hizo referencia a su homilía en la explanada de este enorme parque de Guayaquil a la lectura de hoy sobre el pasaje de la Biblia de las bodas de Caná, cuando Jesús hace el milagro de convertir el agua en vino, para hablar de la importancia y defensa de la familia.

“Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, fecundos y alegres”, dijo.

Y utilizó la metáfora de falta de vino para hablar de cuando en la familia “no hay trabajo”, o hay “enfermedades” o “en las situaciones problemáticas” que las familias atraviesan.

“Cuántos jóvenes se dan cuenta que en su casa no hay ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano”, señaló.

Destacó que la familia “es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: vive bajo el mismo techo, comparte la vida y está necesitado”.

También señaló que en familia se aprende a ser servidores y a no “descartar” a nadie y “se aprende a pedir permiso sin avasallar” y a decir “gracias como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos” y “a dominar la agresividad o la voracidad y a pedir perdón cuando hacemos algún daño o nos peleamos”.

“En todas las familias hay peleas, lo importante es pedir perdón”, dijo.

Francisco también contó que su madre cuándo le preguntaban a cuál de sus cinco hijos quería más contestaba: “Son como los dedos de la mano, si me pinchan este me duele lo mismo que el otro”.

“Una madre quiere a sus hijos como son y en una familia los hermanos se quieren como son y nadie es descartado”, añadió.

El Pontífice argentino también definió la familia como “el hospital más cercano, la primera escuela de los niños, el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes y el mejor asilo para los ancianos”.

Francisco también elogió la figura de María en aquella ocasión de las bodas de Caná y aseguró que “no es una madre reclamadora, no es una suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, errores o desatenciones. ¡María es madre!: Ahí está, atenta y solícita”.

“María es madre, que bonito suena”, dijo Francisco, quien exhortó a los fieles a repetirlo varias veces.

El papa terminó su alocución diciendo que “el mejor de los vinos está por venir para cada persona que se arriesga al amor”, para “aquellos que hoy ven derrumbarse todo” y para “los desesperados”.

Y concluyó asegurando que “Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que solo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que, por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas”.
EFE