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Familia y estado, por el Dr. Johan Leuridan

Familia y estado, por el Dr. Johan Leuridan
  1. La familia y el Estado en la época moderna.

En la época moderna, la historia se construye a partir del poder, o sea del estado, o sea del poder económico, o sea de los “valores” proclamados por los grandes poderes económicos y los medios de comunicación. Los resultados prácticos de la ciencia y la tecnología en el mercado prescriben el orden, político y jurídico. Las élites dominantes y la competitividad entre las empresas transnacionales han impuesto como único valor la producción y el consumo, eliminando el verdadero, lo justo y lo bello.

Se separa radicalmente la vida pública y la vida privada. Ciencia y tecnología no tienen ninguna relación con la vida privada. La finalidad única de la tecnología y del mercado es ganar dinero. Se supone que esta actividad está fuera del alcance de las decisiones privadas de la conciencia (cfr. El artículo “Fin de la Cultura”, Perú Católico).

Todos los seres humanos son piezas en el gran engranaje de producción y consumo. No importa el respeto, la gratitud y el consumo. El documento Gaudium et Spes del Concilio vaticano II lo expresa de la siguiente manera: “Las ciencias han permitido conocer mejor al hombre, pero ha surgido el desequilibro entre la especialización profesional y la visión general de las cosas. Han surgido las discrepancias sociales, raciales, en las familias y entre las naciones. Todo ella alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es a la vez causa y víctima” (1972: n. 7).

Consecuente con este pensamiento para Marx la familia es la célula más nefasta de la sociedad y por eso debe ser aniquilada. Se la debe anular porque es la portadora de las ideas y de la moral tradicionales, y las transmite. Por el principio de la lucha de clases los hijos deben romper las relaciones con sus padres. Este principio llevará la dictadura del proletariado. El ser humano será el producto de las estructuras de la dictadura.

En la Europa moderna la juventud protestó (Paris 1968) contra todas las instituciones como el Estado y la familia. La juventud era la nueva vanguardia que transformaría la sociedad. Se practicaba el sexo libre en las barricadas. Empieza un cuestionamiento de la importancia de la familia y del matrimonio El liberalismo político dejó siempre al lado la esfera familiar y la crianza de los hijos. El principio de “libertad” en la vida económica se aplica también en la vida familiar. La consecuencia es una interpretación extrema en la Teoría de Género que entiende al matrimonio como la causa de la violencia y del feminicidio por la tradición machista. La solución sería encargar la educación de los hijos a los profesores de los colegios. Esta teoría no toma en cuenta la influencia negativa desde siglos de los grandes poderes políticos y de los pensadores. Nietzsche remató comparando la mujer con la vaca.

La mentalidad actual está muy marcada por el individualismo como señalamos en el artículo anterior, pero con la característica de la utilidad. La categoría de la utilidad, característica de la economía, define el comportamiento moral del ser humano. La economía permite la conciliación entre la búsqueda de la felicidad y la utilidad. Jeremy Bentham, fundador de la corriente del utilitarismo, define como valor supremo el placer en lugar de los valores tradicionales de la verdad, la justicia el amor. La moral es buscar el placer y evitar el dolor. En el encuentro con las otras personas no está la grandeza del encuentro sino surge la pregunta “¿Qué utilidad tendrá para mí?”.

No hay una diferencia entre el ser humano y el animal porque ambos tienen la posibilidad del placer y del sufrimiento. El filósofo Fernando Savater hace la siguiente observación: “no puede defenderse que una gallina tenga el deber ni la obligación de poner huevos a cambio de sus derechos. La vaca no tiene el deber ni la obligación de dar leche, la da y punto. El juego entre derechos y deberes está basado en la libertad humana, y, por tanto, no tiene aplicación sobre los animales porque estos no disfrutan de la capacidad de elección sobre su actividad, de la que nos aprovechamos o nos defendemos (Savater, 2012, BsAs. Ed. Paidos, Ética de urgencia, 101).

“Uno de los ámbitos en los que las ideas sobre la inacción estatal y la “libertad” negativa han resultado perniciosas ha siso en el de la relación del estado con el hogar o la familia” (Martha Nussbaum, 2017, Crear Capacidades: 88).

2. Nuevas reflexiones sobre la familia y el Estado.

En el siglo XXI han surgido corrientes de pensamientos de filósofos que desarrollan la importancia imprescindible de la relación entre familia y Estado.

El filósofo francés, Luc Ferry considera que la familia es hoy en día el camino privilegiado para reconstruir una visión política o civilización. Para él, el humanismo del amor, por mucho tiempo ligado a la familia, es el segundo humanismo en la historia después del humanismo de las luces. Después del humanismo de la Razón y de los Derechos – que reducía el hombre a la racionalidad, a los derechos, a la democracia, a la república, a la ciencia- se descubre las dimensiones del amor espiritual y del amor erótico, el cuerpo el sexo. El hombre actual muestra interés por el amor espiritual para el otro, pero el amor espiritual va acompañado por la pasión. No estamos viendo el fin de la política moderna de la Patria y de los Derechos sino una nueva figura de lo sagrado del otro, simbolizado en el modelo del matrimonio y expresado en la preocupación por las generaciones futuras. Los hijos y los nietos son los valores por los cuales estamos dispuestos a dar nuestra vida. Son los que le otorgan sentido. Esta transcendencia está en nosotros mismos, en nuestro corazón.  La preocupación por las generaciones futuras abre un espacio entre la vida privada y la vida pública. Luc Ferry dice: “¿Qué mundo vamos a dejar a los que amamos, a nuestros hijos y en general, a todos los que vienen”?

La revolución del amor se manifiesta en la vida privada, pero significa también un cambio en la vida política y debe llevarnos a entender la política de una manera diferente. El amor no está separado de la política como lo desean el liberalismo y el marxismo. “Digo solamente que, si la revolución se inicia en el matrimonio, primeramente, ella se prolonga por una refracción en el plano colectivo, público y político” (Ferry, 2012, Paris. Ed. Odile, De L´amour).

El amor y el matrimonio indican que el político debe saber para quienes debe esforzarse y no solamente el porqué, y que los sacrificios sean transparentes y equitativos.

El filósofo alemán Axel Honneth coincide con Martha Nussbaum que el liberalismo político, cuyos principios marcan la auto-comprensión de nuestras sociedades, deja siempre al margen toda la esfera familiar y la crianza de los hijos y no se reflexiona cómo podrían contribuir a una reproducción político moral de las sociedades demócratas.

El define el sentido de la familia para la política de la siguiente manera: “El liberalismo político, cuyos principios marcan hoy la normativa de nuestras sociedades, dejó siempre al margen toda la esfera material y de la crianza de los hijos. Sin embargo, si se tiene en claro cuánto es lo que depende, en una comunidad democrática, de que sus miembros sean capacitados para un individualismo cooperativo, no se podrá poner en duda el significado político-moral de la esfera familiar, puesto que las condiciones psíquicas para casi todas las actitudes que el individuo debe tener, en virtud de sus competencias y sus habilidades, para interceder por los asuntos de la comunidad mayor, amén de todos sus vínculos con comunidades particulares, se cran dentro de familias intactas, confiables e igualitarias  (El derecho de la Libertad, Bs As, Ed. Katz, 2014: p. 229).  

Sin embargo, él señala que los gobiernos no prestan mayor atención a las condiciones socio-económicas que permiten arraigar y florecer a las familias como son la estabilidad de trabajo, el tiempo abundante para poder interactuar con los hijos y los suficientes márgenes de acción para distribuir las obligaciones durante la vida familiar. También enfermedad, jubilación, desempleo surgen a partir del trabajo renumerado y el tiempo que se ha pasado con los hijos propios no se contabiliza. Esta discriminación, que perjudica el tiempo de dedicación a los hijos, requiere una reforma fundamental del sistema de seguridad social.

            CONCLUSION.

En mi artículo anterior “El fin de la Cultura” citamos la encíclica “Lumen Fidei” que manifiesta en el párrafo 52 que “el primer ámbito que ilumina la fe es la familia. Juan Pablo II afirma en su encíclica “Laborem Excercens:” “El Creador del mundo estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de toda la sociedad humana; la familia es por ello la célula viva primitiva y vital de la sociedad” (1982, parráfo,68). Se llama la familia la base o la célula de la sociedad precisamente porque educa a personas. Personas educadas no darán conflictivos arbitrarios en la sociedad. EL matrimonio no tiene un fin primario: la procreación, y un fin secundario: el amor conyugal. Se trata de un solo fin con dos dimensiones: la responsabilidad mutua entre ambos y la responsabilidad común para los niños (Concilio vaticano II, Gaudium et Spes, párrafo 52).

La moral nace en la conciencia de las personas y los Estados han colaborado en la formulación de los derechos y normas universales. El amor se manifiesta en la vida privada, pero significa también un cambio en la vida política y debe llevarnos a entender la política de una manera diferente. El importante filósofo francés Luc Ferry opina que la política no es solamente dirigir intereses sino una pasión. Las pasiones son más fuertes que los intereses. El amor es la nueva pasión democrática. Más allá de la indignación, la cólera y el miedo, pasiones detestables, el amor llegó a ser la pasión más fuerte y más común en nuestra vida. “Digo solamente que, si la revolución del amor se inicia en el matrimonio, primeramente, ella se prolonga por una refracción en el plano colectivo, público y político”.

La moral individual alimenta, pero puede también cuestionar al Estado cuando no respeta los derechos humanos. Siempre valen los derechos humanos, sociales, económicas, políticos y religiosos como normas generales de referencia para todas las acciones del Estado.

El Estado tienen a su vez una responsabilidad de apoyo a la familia. Alejarse de la familia por respeto a la vida privada es convertir el pluralismo en una doctrina moral.

Hoy han aparecido instituciones internacionales como la ONU, la Corte penal internacional de La Haya, ONG´s como la de los Derechos humanos, la Corte de San José etc. Ellos se consideran como la voz de la moral universal. Por ejemplo, la ONU promueve el aborto como un derecho de la persona. Estas instituciones consideran que su poder internacional representa las normas universales. Ellos consideran que su moral debe corregir e imponerse a la moral de los Estados y de las personas.

Es un grave error de las Instituciones internacionales negar el aporte de la familia y del Estado y confundir lo internacional con lo universal.

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