Fray Johan Leuridan Huys

La sociedad de la envidia y de la vulgaridad, por Fray Johan Leuridan

La sociedad de la envidia y de la vulgaridad, por Fray Johan Leuridan

Los filósofos, Luc Ferry y Martha Nussbaum, señalan que la amenaza en la democracia es la envidia. La envidia es la actitud permanente de descontento, que elimina la posibilidad de amar o de agradecer. En la sociedad de competencia la envidia puede impedir objetivos que la sociedad ha marcado. El filósofo, francés, Lipovetzki celebra el individualismo sin escrúpulos. Él considera que nos hemos liberado de las obligaciones y los deberes y podemos ser “auténticos”. La autenticidad excluiría los valores. La moral se convierte en un derecho no en un deber. El filósofo español, Javier Gomá, señala que la crítica nihilista derribó el principio de autoridad (los padres, el profesional, el maestro, el dirigente político, el sacerdote, etc.). Todos se tutean porque se imaginan del mismo nivel de responsabilidad, méritos e inteligencia. Hoy vemos en el espacio exterior una masa de individuos no emancipados, y en lo íntimo de su psique perversos instintos y pulsiones destructivas. “Llamo la vulgaridad a la categoría que otorga valor cultural a la libre manifestación de la espontaneidad estético-instintivo del yo”.

El filósofo alemán, Odar Marquard, critica la mentalidad posmoderna que está a la búsqueda de errores, a descubrir la oscuridad de la vida, a halagar el sinsentido, a declarar sospechoso o anular todo bien que aparece. La novela negra está de moda. Lo que antes era bueno ahora es malo. El mal se hace el bien en la medida que el bien es “desenmascarado” como mal. Cuando alguien hace un bien inmediatamente se comenta que no sirve para nada. El individuo que recibe una ayuda que necesita, no agradece porque tiene envidia. Ya Aristóteles y Cristo decían: hagan el bien y no esperen agradecimiento.  

Hagamos una observación de la nueva sociedad sin valores. A pesar de los ingentes aportes científicos y tecnológicos (medicina, agricultura, industria, etc.) de la modernidad, el siglo XX conoció muchas guerras. Ahora estamos con las guerras de Yemen, Siria, Nyanmar y Ucrania. Seguimos con parte de la población mundial en pobreza, una situación ecológica muy peligrosa, la trata de personas, narcotráfico, poderes económicos mundiales que escapan al control de casi todos los gobiernos, aumento de divorcios, feminicidio, pornografía, corrupción, odio, racismo, envidia, resentimiento, borrachos de egoísmo, consumismo sexista, bullying y aumento de drogas en los colegios y el crimen organizado. Corrupción en los más altos niveles de la sociedad, sea liberal o socialista. Hay líderes políticos, judiciales, culturales y económicos que promueven esta situación.

Si los gobiernos no intervienen en la evolución de la robótica y de la inteligencia artificial se podría construirse una máquina que sustituirá al ser humano por tener una inteligencia miles de veces superior a nuestra inteligencia. El transhumanismo no es posthumanismo sino la fabricación de una nueva especie que no tendrá nada de humano. Elon Musk considera que la Inteligencia artificial es la mayor amenaza jamás inventada por la humanidad. Para Stephen Hawking será el último invento. Para Bill Gates no es que la inteligencia artificial suscita temor sino todo lo contrario, que la gente no está aterrorizada.

El conocido filósofo francés Jean Paul Sartre indicó que los grandes filósofos de la Modernidad de los siglos pasados, a pesar que ya no creían en Dios, seguían hablando de ética. No se habían dado cuenta que sin Dios no se puede fundamentar una ética porque el universo es frío, mudo e indiferente a los problemas humanos. No se puede afirmar la dignidad inherente de la persona. Con este argumento Sartre refuerza a los seguidores de Nietzsche que rechazan las normas morales. Los derechos humanos ayudaron para superar los errores graves de los posmodernos y mejorar la vida de los pueblos, pero falta mucho.

Javier Gomá pregunta si se puede salvar, sin la religión, el respeto para el hombre, en una época de barbarismo y relativismo. ¿Pueden los hombres en las actuales circunstancias aprender a controlar las pulsiones destructivas y antisociales de su subjetividad consentida? El Estado solo saldrá del caos y de la anomia si lo sostienen individualidades evolucionadas, pero habitando en instituciones de eticidad. La eticidad de las instituciones depende de los que dirigen las instituciones.

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