Homilía del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario: Invitados al banquete divino
Por nuestra naturaleza temporal necesitamos comida con qué alimentarnos y procuramos ordinariamente escoger lo que más halaga a nuestros sentidos.
La liturgia de este domingo nos habla del banquete de Dios, pero ten cuidado porque tú tienes que aceptar el banquete tan especial que ha preparado el Señor. No te equivoques.
- Isaías
El profeta Isaías describe con detalle el banquete lujoso que Dios prepara para todos los hombres: «El Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos en este monte un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos».
Por otra parte, el gran profeta asegura que Dios «arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos… Aniquilará la muerte para siempre».
Junto con ese banquete llegará el consuelo de Dios, pues Dios enjugará las lágrimas para siempre y en aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios de quien esperábamos que nos salvara».
Isaías termina invitando a celebrar y gozar la salvación que Dios ofrece.
- Salmo 22
Es el salmo conocido como del «Buen Pastor» que cuida de todos nosotros y en quien podemos confiar, porque ha preparado buenos pastos «y me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas…».
El Señor «me guía por senderos justos por el honor de su nombre».
El salmista no desconfía de la intervención de Dios en su vida, aunque se trate del alimento diario que describe así: «Preparas una mesa ante mí en frente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa».
- San Pablo
Por su parte, el apóstol San Pablo nos dice: «Sé vivir en pobreza y abundancia». Y continúa: «estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación».
En cualquier caso, siempre está la fuerza de Dios que le permite exclamar: «Todo lo puedo en aquel que me conforta».
- Verso aleluyático
Nos invita a confiar en el Padre Dios que nunca nos faltará si tenemos abierto el corazón:
«El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón…». Así comprenderemos «la razón de nuestra esperanza».
- Evangelio
Por su parte, Jesús, en el Evangelio de San Mateo, nos habla de cómo es totalmente libre y personal el entrar o no el banquete del Padre celestial.
Hablando precisamente a los sacerdotes y ancianos del pueblo, les presenta a un rey que prepara las bodas de su hijo.
Los invitados contestan en completa libertad hasta el punto de que algunos llegan a matar a los que llegan a convidarlos, porque la boda del hijo está preparada.
El exquisito banquete real se celebrará de todas formas ya que el hijo del rey se casa, pero Jesús hace una grave advertencia: «son muchos los llamados y pocos los escogidos».
Cada uno tiene que escoger libremente participar en la fiesta de Dios, es decir, vivir en gracia para ser digno del reino. Está claro que habrá que presentarse con el traje que simboliza la gracia de Dios para gozar de tan suculento banquete del Reino.
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista
