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La Epíclesis es la invocación al Espíritu Santo en la Misa, cuando el Sacerdote hace esta oración al momento de la consagración de la Hostia y del Vino, mientras nosotros nos arrodillamos.

Sucede que el Espíritu de Cristo Vivo toma el lugar de la Hostia y del Vino y se hace Presente Realmente como materia. 𝗡𝗢 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝘀í𝗺𝗯𝗼𝗹𝗼 𝗻𝗶 𝘁𝗮𝗺𝗽𝗼𝗰𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻, 𝗘𝘀 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗮𝗱𝗲𝗿𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗠𝗶𝘀𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼 𝗘𝘂𝗰𝗮𝗿í𝘀𝘁𝗶𝗰𝗼.

Es el momento más Sagrado en la Santa Eucaristía en que Jesús cumple su palabra de darnos ese alimento que nutre nuestro espíritu. Es un gran milagro que el Señor concede a sus hijos y que debemos valorar con Mayor Fe en la medida que tomemos conciencia de la realidad de su Presencia Real en la Eucaristía.

Cuando el sacerdote levanta la Hostia y el Vino y nos presenta el Cuerpo y la Sangre de Cristo (no agaches la cabeza). Levántala y mira al Señor que está frente a todos, Adóralo porque lo tienes ahí enfrente, ruégale porque está verdaderamente presente.

Contémplalo porque Él vino a verte y toca tu puerta, ábrele y déjalo entrar en comunión contigo. Ahí es donde verdaderamente entra en tu corazón, Jesús Eucaristía.

En la Epíclesis, la Iglesia no recuerda un símbolo ni representa una escena: vive un encuentro real con Cristo vivo. Ante ese misterio, la actitud del creyente no puede ser la distracción ni la rutina, sino la adoración consciente, la fe despierta y el corazón abierto. Levantar la mirada en ese instante es reconocer que Dios se hace cercano, que entra en nuestra historia y quiere habitar en nosotros. La Eucaristía no es solo el centro de la Misa: es el lugar donde Jesús nos espera para transformarnos desde dentro.