El dolor no es castigo: qué enseña la fe sobre la enfermedad
Para muchas personas, especialmente en momentos de enfermedad, surge una pregunta silenciosa y dolorosa: “¿Por qué me pasa esto? ¿He hecho algo mal?”. A veces, casi sin darnos cuenta, aparece la idea de que la enfermedad es un castigo de Dios. Esta forma de pensar no solo hiere el corazón, sino que no refleja la verdadera enseñanza de la fe cristiana.
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La Iglesia es clara: Dios no castiga enfermando a sus hijos. El sufrimiento y la enfermedad forman parte de la condición humana, marcada por la fragilidad, no por la venganza divina. Jesús mismo rechazó la idea de que el dolor fuera consecuencia directa del pecado personal, y mostró con su vida que Dios se acerca con compasión a quien sufre.
En los Evangelios vemos a Jesús sanar, consolar y acompañar. Nunca culpó al enfermo ni lo humilló. Al contrario, se detuvo ante el dolor humano con misericordia. Esto nos enseña que Dios no se complace en el sufrimiento, sino que lo comparte y lo transforma desde dentro.
La enfermedad puede convertirse, sin buscarla ni desearla, en un espacio donde la fe madura. No porque sea buena en sí misma, sino porque en ella podemos descubrir una cercanía especial de Dios, que sostiene cuando las fuerzas faltan y la esperanza parece débil.
Aceptar que el dolor no es castigo libera el corazón de la culpa innecesaria. Permite orar con confianza, pedir ayuda sin vergüenza y abrirse al amor de los demás. Dios no nos mira con reproche cuando enfermamos, sino con ternura.
Vivir la enfermedad desde esta certeza también nos ayuda a acompañar mejor a otros. En lugar de frases duras o explicaciones simplistas, aprendemos a ofrecer presencia, escucha y oración sincera, reflejando el rostro misericordioso de Cristo.
Creer que el dolor no es castigo, sino un misterio que Dios acompaña, cambia profundamente la manera de vivir la enfermedad. En medio de la fragilidad, la fe nos recuerda que nunca estamos solos y que el amor de Dios no se retira cuando más lo necesitamos.
Reflexión de La Abuelita Católica

Reflexiones de fe sencillas y profundas de una abuelita católica que acompañan la vejez, el dolor, la esperanza y la vida cotidiana desde una mirada cristiana maternal y cercana.

