¿Eres un devoto activo o pasivo?, por Cathy Calderón
¿Eres devoto de algún santo?, ¿tus frecuentes actitudes piadosas te han convertido en un devoto que fortalece tu camino espiritual? Son preguntas con respuestas cerradas, no obstante, esa respuesta sea un “sí” o un “no” contienen elementos a considerar que ayudan a reflexionar sobre qué tan íntegros somos en la fe.

Ser un devoto, en el ámbito religioso, es dedicarse con atención, esfuerzo y tiempo por lo general a un Santo que nos conduce a Dios, ya que también puede ser un enamorado del Santísimo Sacramento, del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen María en sus distintas advocaciones. El acto empieza por la admiración en los comportamientos, en los estilos que tiene el Santo (a) para acercarse con fervor al Padre Bueno. Se convierte en tu referencia espiritual.
En estas líneas me referiré al devoto laico porque aparte de sus diferentes estados de vida, su esencia a conciencia y por voluntad – en base al amor – es la mirada hacia Dios. A incorporar en su día a día una vida de servicio, de obediencia, se puede decir que es una consagración al Amor de los amores. Y esta consagración no solo se limita a una mera emoción sino atañe a la acción, esto es elegir ser un devoto pasivo o un devoto activo.
En Mateo 22, 37 ya Jesús decía “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”, cita que debe marcar nuestras almas, despertar al amor profundo; más allá del amor que se puede tener a los padres o a los hijos, es develar la ceguera, el conformismo, la tibieza, la indiferencia o la conformidad espiritual. Es una disposición para reordenar las preferencias existentes en nuestros corazones y colocar en el lugar preferencial a Dios. ¿Cómo se logra ello?

Las claves son voluntad y lucha con nosotros mismos. En otras palabras, renacer a la fe y a las prácticas espirituales combatiendo con nuestras debilidades: frecuentar las misas sin contar las dominicales, el rezo del Santo Rosario, la lectura de la Santa Palabra, la formación en la fe, lecturas católicas, actos de caridad, las visitas al Santísimo Sacramento, y muchos espacios que fortalecerán nuestro camino al cielo y abrazará a la conversión de nuestras familias, de la sociedad, del país, del centro de trabajo. Sí que es un reto, pero será una satisfacción que llegado el momento del encuentro con Dios le diremos “Señor, lo logré, estoy aquí”.
Por tanto, ser un devoto de algún santo o asistir al santísimo sacramento todos los jueves por mencionar algunas actitudes de fe y no practicar la coherencia no se apreciarán los frutos espirituales, más bien se convertirá en una rutina más, en una monotonía ¿así evangelizamos en nuestro entorno social y familiar? Un devoto es un signo de fidelidad a Dios.

Licenciada en Ciencias de la comunicación. Dispuesta a mejorar en el campo profesional para entregar buenos trabajos que agraden a Dios. La Virgen María, San José y San Miguel Arcángel son las luces constantes en su camino.


