Homilía del Domingo XXI del Tiempo Ordinario: Solo Dios es Dios
A través de las lecturas de este domingo nos enseña la Iglesia que solo hay un Dios con toda la autoridad, y un enviado suyo, Jesucristo.
- Isaías
En el tiempo del profeta Isaías hay un mayordomo indigno en el palacio de Dios. A este es quien destituye el Señor por sus malas obras y pone en su lugar como mayordomo del templo de Jerusalén a un descendiente de David.
Al primero le dice Dios:
«Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo».
En su lugar Dios llama a su siervo Eliacín, hijo de Elsías, y le colocará todos los atuendos y le concederá todo el respaldo que merece un mayordomo del Señor:
«Colgaré de su hombro la llave del Palacio de David… Dará un trono glorioso a la casa paterna».
- Salmo 137
Conviene que con frecuencia glorifiquemos a Dios simplemente por ser Señor y porque «su misericordia es eterna y no abandona las obras de sus manos».
Prosigue el salmista alabando a Dios: «Señor, te doy gracias de todo corazón, delante de los ángeles tañeré para ti. Me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre».
No olvidemos la grandeza del Señor y de alabarlo por ser Él quien es.
- San Pablo
En su Carta a los romanos el apóstol da la razón del por qué del actuar del Señor que no tiene que dar cuentas a nadie. Meditemos este breve párrafo:
«Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios. Qué insondables son sus decisiones y qué irrastreables sus caminos…».
El párrafo concluye alabando a Dios:
«Él es el origen, guía y meta del Universo».
Solo a Él debemos dar gracias todos los seres humanos: «A Él la gloria por los siglos».
- Verso aleluyático
Recoge el gran poder que otorga Jesús a Pedro, en su Iglesia, por haber confesado que Jesús en realidad es verdadero Dios:
«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará».
- Evangelio
Después de una pregunta de Jesús, que en el fondo no le interesa a Él mismo: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?», hay varias respuestas por parte de los apóstoles que se ve claro que no importan a su Maestro.
Más bien Él va a lo concreto y pregunta nuevamente a los apóstoles:
«¿Y ustedes quién dicen que soy yo?».
Son muchos los milagros que hablan de la grandeza de Jesús, pero solo Pedro tiene una respuesta absoluta sobre Jesucristo, que le merece la máxima alabanza y el poder sobre la Iglesia:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús alaba a Pedro que solo ha podido dar esta respuesta por una revelación del Padre:
«Porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino mi Padre que está en el cielo».
Y es entonces cuando la generosidad de Jesús rebosa sobre Pedro y lo coloca como cimiento de la Iglesia que Él va a fundar:
«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará».
Además, lo concreta con esta expresión:
«Te daré las llaves del reino de los cielos».
Y le confiere el máximo poder de perdonar en el nombre de Dios.
La conclusión que saca Jesús de esta revelación es muy importante:
«Les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Mesías», es decir, el mismo gran Señor y Creador, Jesucristo Dios y hombre verdadero, que merece toda alabanza por su divinidad como la del Padre.
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


