Católicos indignados en redes: cuando la fe insulta y divide, por Francoscomentarios
Hay un nuevo ministerio no reconocido por Roma:
el del comentarista católico furioso.
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Es el católico que no celebra misa, no visita enfermos y no acompaña a nadie,
pero escribe con una indignación que ni los profetas del Antiguo Testamento,
siempre desde el celular y con WiFi fuerte.
Son católicos que se las dan de santos,
defensores de la “verdadera doctrina”,
guardianes autoproclamados de la pureza de la fe…
y que insultan sin pudor a cardenales, obispos y sacerdotes que no les gustan.
Con palabras que no repetirían delante de su mamá.
Ni delante del Santísimo.
Ni —seamos claros— en la cara de la persona a la que atacan.
Porque ahí está el detalle incómodo:
en redes son leones; en la vida real, gatitos mudos.
Es fácil corregir desde el anonimato.
Es barato humillar sin mirar a los ojos.
Es cómodo “defender a la Iglesia” rompiendo la comunión.
Pero eso no es celo por la fe.
Eso es soberbia con rosario colgado.
La Iglesia siempre ha enseñado que se puede corregir, claro que sí.
Pero la corrección cristiana no humilla, no insulta, no divide.
La corrección verdadera nace del amor y busca salvar, no destruir.
Si un obispo te preocupa, si un sacerdote te duele, si un cardenal te parece equivocado…
Ve y díselo con respeto. Escribe una carta. Pide una cita. Reza antes de hablar.
Pero no conviertas Facebook en tribunal. No hagas de X un patíbulo.
No uses el nombre de Dios para justificar tu falta de caridad.
Porque atención a esto, que pica fuerte:
no todo el que grita “¡herejía!” ama a la Iglesia.
Muchos aman más tener razón que vivir el Evangelio.
Jesús no fundó una Iglesia de comentaristas feroces.
Fundó una Iglesia de testigos. Y el testigo no insulta: da la cara.
La división no viene siempre de afuera.
A veces nace dentro, cuando confundimos verdad con violencia verbal
y doctrina con desprecio.
Duro, sí. Pero necesario decirlo:
La fe que insulta no evangeliza.
La corrección sin caridad es pecado disfrazado de celo.
Y el católico que destruye la comunión, aunque rece mucho, no está siguiendo a Cristo.
Menos teclado. Más rodillas. Menos furia “santa”. Más amor verdadero.
Eso sí haría temblar al demonio. Lo demás… solo hace ruido y destruye.
Por: «Franco…el que cree que el Evangelio se defiende viviendo, no insultando».

Franco Segura Rodríguez es director de ‘Perú Católico’, comunicador y columnista de opinión nacional e internacional. Reflexiona sobre la fe y la vida cotidiana con claridad, sentido crítico y un estilo directo, sereno y cercano, donde el pensamiento cristiano dialoga con la realidad sin perder profundidad.

