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QuintoDomingoCuaresma_110316

La liturgia de este domingo nos presenta la grandeza de la pequeñez en la Iglesia de Jesús.

  • Profeta Isaías

Nos habla de «partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo y vestir al desnudo…». Este versículo parece extraído de las bienaventuranzas de Jesús especialmente si leemos la segunda parte del párrafo que nos presenta hoy Isaías:

«Cuando partas el pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía»; nos parece ver a Jesús sentado en la montaña de las bienaventuranzas hablando al pueblo que lo seguía.

La belleza de actuar así es que, cuando grites a Dios en oración, Él te asegurará: «¡Aquí estoy!».

  • Salmo 111

«El justo brilla en las tinieblas como una luz».

Es la presentación de los hombres que tienen caridad con el prójimo, como anunció Isaías. Por eso, «el justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. No temerá las malas noticias… Su corazón está seguro, sin temor… Su caridad es constante, sin falta».

  • San Pablo

San Pablo se presenta ante los corintios sin sabiduría o elocuencia humana, pero sí «con Jesucristo y este crucificado… Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo»

No traía pretensiones humanas sino únicamente manifestar el poder de Dios. Y así lo expresa: «En la manifestación y el poder del Espíritu para que vuestra fe no se apoye en el poder de los hombres sino en el poder de Dios».

Con esto nos advierte el apóstol que la eficacia de nuestra evangelización no está en la manifestación de poderes humanos, sino en la fuerza del Espíritu, es decir, tal como Jesús anunció el Evangelio.

  • Versículo antes del Evangelio

Una vez más, nos repite el evangelista San Juan cómo Jesús es el único que ilumina con la verdad al mundo: «Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá la luz de la vida».

Jesús es quien ilumina el camino de la verdad y la vida a los hombres de todos los tiempos.

  • Evangelio

El Evangelio de San Mateo, en este día, nos invita a pensar que cada uno de nosotros debemos ser, al evangelizar, como la sal que debe mantener su sabor por encima de todo. La única evangelización eficaz es la que da sabor a la vida, algo así somo la sal que mantiene la frescura de su sabor y potencia el sabor de los alimentos y cuando lo pierde «no sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente».

La otra gran comparación del Evangelio es que los seguidores de Cristo deben iluminar con la luz verdadera que viene de nuestro Maestro y Señor:

«Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto del monte».

Y todavía Jesús insiste algo más en el gran signo de la luz de la que precisamente dirá: «Yo soy la luz del mundo»: «No se enciende una lámpara para meterla bajo el celemín sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos en la casa».

Termina el texto de hoy pidiendo que nuestra evangelización auténtica sea así: «alumbre vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre que está en los cielos».

Ambas cosas son muy importantes: que nuestra vida sea luz para ayudar a caminar y, al mismo tiempo, de gloria a la Santísima Trinidad a cuya imagen nos hizo el propio Señor.

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista