Homilía del Domingo XXIX del Tiempo Ordinario: Deberes con Dios y con la sociedad
La humanidad siempre estará como dividida entre las obligaciones sociales y los deberes espirituales para con Dios.
De hecho, no hay contradicción entre ambos principios éticos y sociales, como nos muestra la liturgia de hoy.
- Isaías
Con sus muchas limitaciones todo ser humano tiene que descubrir sus obligaciones para con Dios, movido por la fe y la gratitud; porque Él es el único dueño de la historia:
«Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro: …Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente y Occidente que no hay otro fuera de mí».
En este rey ungido descubrimos al Verbo encarnado, del que habla esa profecía.
- Salmo 95
Es una invitación a aclamar a Dios por encima de todo:
«Porque es grande el Señor, muy digno de alabanza».
Frente a la divinidad del Dios verdadero, «los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo…».
Frente a este único Dios verdadero no hay nada ni nadie a quien alabar:
«Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda; decid a los pueblos: “El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente».
- San Pablo
En su Carta a los Tesalonicenses el apóstol enseña que ante Dios Padre es preciso recordar continuamente que hay que vivir en acción de gracias:
«Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y los tenemos presentes en nuestras oraciones».
De esta manera, también Pablo insiste en el tributo de adoración que debemos cultivar con respecto a nuestro Dios único y verdadero.
- Verso aleluyático
Son unas palabras de san Pablo que expresan cómo deben vivir los seguidores de Cristo: como luces que dan la verdadera razón para vivir: «Brilláis como lumbreras del mundo mostrando una razón para vivir».
Esto debe ser un cristiano, una luz («Ustedes son la luz del mundo») que con su vida manifiesta la verdadera razón de existir en este mundo.
- Evangelio
Siempre con el fin de tentar a Jesús, un buen día los fariseos le hacen una pregunta para poder acusarlo ante los tribunales y, después de halagarlo con muchas alabanzas, le lanzan la pregunta:
«¿Es lícito pagar impuesto al César o no?»
La sabia respuesta de Jesús a esta pregunta, con que quieren comprometerle, pone las cosas en su sitio:
Primero, hay que dar culto a Dios porque es el dueño de la creación, honrándole con una conducta íntegra.
En segundo lugar, ha que cumplirse con los deberes y obligaciones, porque se utilizan muchas «cosas» necesarias para la convivencia humana.
Queda, pues, claro la doble obligación de toda persona:
A Dios el culto como autor de la naturaleza humana, y tributo a los seres humanos, por la cantidad de servicios que utilizamos en la vida ordinaria.
No olvidemos que nadie debería justificar la evasión de impuestos como un sistema para ganar dinero ilícitamente.
¿Procuras en tu vida dar culto a Dios como le es debido?; sin olvidar la obligación que tenemos con la sociedad en la que vivimos y de la que también somos responsables.
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista
