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Existe separación entre religión y Estado, pero no existe la separación entre religión y sociedad, por Johan Leuridan Huys

sociedad religión

Las ideologías del liberalismo y del socialismo separan la vida pública de la educación de virtudes en la familia.  Sin embargo, en la familia se aprende el ejemplo de la virtud de la justicia, dar a cada uno lo suyo y, así se puede asumir la ejemplaridad pública.

Los grandes filósofos, el chino Confucio, Aristóteles y, actualmente. los americanos, John Rawls y Martha Nussbaum, el alemán, Axel Honneth, el francés, Luc Ferry y los españoles, Javier Gomá y Fernando Savater, afirman que tendemos a amar y preocuparnos por las personas que nos aman y se preocupan por nosotros. En primer lugar, se manifiesta este hecho en la familia. Posteriormente las personas desarrollan lazos de amistad y confianza con otros miembros de su ambiente que viven de acuerdo con sus ideales y terminan desarrollando el sentido de justicia en las instituciones del Estado. El filósofo, peruano, Manuel Gonzales Prada, afirma que “Algunos pretenden redimir a la Humanidad sin haber logrado catequizar a su familia, olvidando que antes de pronunciar discursos y de escribir libros, se necesita hablar las más elocuente de las lenguas, el ejemplo.”

Los psicólogos y psicoanalistas consideran que el afecto es el primer requisito en la familia. La familia es la escuela indispensable para madurar las relaciones humanas. El niño requiere pasar por algunos conflictos de intereses para que aprenda a hacer prevalecer el amor sobre el odio. Existe una separación entre religión y Estado, pero no entre religión y sociedad.

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Luc Ferry, francés, filósofo, ateo, comprueba que, gracias a la deconstrucción de la razón realizada por Nietzsche, hemos descubierto el sentido del amor y de la familia que transciende a las grandes conquistas de la Modernidad que son la razón, los derechos, la nación (la derecha) y la revolución (la izquierda). El amor es la búsqueda del bien y hacer el bien. El amor se manifiesta en la vida privada, pero significará también un cambio en la vida política y debe llevarnos a entender la política de una manera diferente. El amor se inicia primeramente en el matrimonio y se prolonga por una refracción en el plano, público y político. El fundamento de la política para buscar el bien común ya no es la nación o la revolución sino en la relación con el otro. ¿Qué mundo vamos a dejar a los que amamos, a nuestros hijos, en general, a todos los que vienen? Estamos entrando en una nueva era de humanismo. Por primera vez no se exige sacrificios mortales masivos para la nación o para la revolución. No estamos viendo el fin de la política sino una nueva figura de lo sagrado del otro, simbolizado en la preocupación en el modelo del matrimonio del amor y expresado en la preocupación por las generaciones futuras.  

 El prestigioso filósofo, alemán, Axel Honneth, ateo, explica el significado político-moral de la familia para la vida privada y la vida pública. “Las familias intactas, confiables e igualitarias dan las condiciones psíquicas o actitudes que el individuo debe tener en la vida privada y en la vida pública. El liberalismo político, cuyos principios marcan hoy la normativa de nuestras sociedades, dejó siempre al margen toda la esfera material y de la crianza de los hijos. Sin embargo, si se tiene en claro cuánto es lo que depende, en una comunidad democrática, de que sus miembros sean capacitados para un individualismo cooperativo, no se podrá poner en duda el significado político-moral de la esfera familiar, puesto que las condiciones psíquicas para casi todas las actitudes que el individuo debe tener, en virtud de sus competencias y sus habilidades, para interceder por los asuntos de la comunidad mayor, amén de todos sus vínculos con comunidades particulares, se crean dentro de familias intactas, confiables e igualitarias”. Además, él señala que los gobiernos deberían prestar mayor atención a las condiciones socio-económicas que permiten arraigar y florecer a las familias como son la estabilidad de trabajo, el tiempo abundante para poder interactuar con los hijos y los suficientes márgenes de acción para distribuir las obligaciones durante la vida familiar. También enfermedad, jubilación, desempleo surgen a partir del trabajo renumerado y el tiempo que se ha pasado con los hijos propios no se contabiliza. Esta discriminación, que perjudica el tiempo de dedicación a los hijos, requiere una reforma fundamental del sistema de seguridad social.

El filósofo, francés, Paul Ricoeur, afirma que “no hay vida familiar si no es protegido por un orden público, un hogar cálido no tiene intimidad sino no es bajo la tutela de la legalidad, un Estado de tranquilidad fundado en la ley y en la fuerza y con la condición de un mínimo de bienestar asegurado por la división del trabajo, los intercambios comerciales, la justicia social y la ciudanía política.” Los Estados deben ocuparse dar un nuevo aspecto renovado al orden económico y social del mundo, pero el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el ser humano, la persona en su integridad.

El Concilio Vaticano II aclara que “La familia constituye el fundamento de la sociedad. La salvación de la persona humana y cristiana se halla estrechamente ligada con la felicidad humana de la comunidad conyugal y familiar. “El poder civil considere como un grave deber suyo el reconocer, proteger y promover su verdadera naturaleza, garantizar la moralidad pública y fomentar la prosperidad doméstica. Habrá de garantizar el derecho de los padres a procrear la prole y a educarla dentro del seno de la familia” (Concilio vaticano II). La familia tiene una autonomía que el Estado no puede reemplazar. Se necesita una renovada valorización de los poderes del Estado para poder enfrentar los desafíos del mundo actual y fortalecer las organizaciones de la sociedad civil y de mayor participación de los ciudadanos en la res pública (Benedicto XVI).

Cuando los padres van por delante con su ejemplo y oración familiar, los hijos entran más fácilmente en el camino de humanidad, de salvación y de santidad. Sus hijos serán responsables en su vida, en el trabajo y en la política. Comprobamos la relación entre vida privada y vida pública, y la influencia de la familia y de la escuela. El mismo pensamiento encontramos en los documentos de los Papas, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. El entorno negativo hace muy difícil a los padres de dar a sus hijos, una educación en valores.

Benedicto XVI dijo que la vida familiar es muy difícil sin el apoyo, protección y orientación del gobierno. Se señala la importancia de la educación en la familia para lograr líderes políticos y ciudadanos que aseguran un buen funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, insisten también que el Estado tiene la responsabilidad de apoyar a las familias en cuanto los negocios, la seguridad, la salud, la educación, el bien común, la ciudadanía política y del tiempo necesario para que los padres puedan interactuar con sus hijos. El Estado debe intervenir en la vida privada para defender ciertos principios y valores. El poder civil, ha de considerar obligación suya sagrada, reconocer, la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla y ayudarla,asegurar la moralidad publicay favorecer la prosperidad doméstica.” (Concilio Vaticano II). Las grandes religiones afirman que la familia es el fundamento de la sociedad.

  • Dominico. Doctor en teología. Miembro honorario de la Sociedad peruana de Filosofía. Ex decano de la USMP.

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