Homilía del Domingo XXXI del Tiempo Ordinario: Fiesta de todos los santos
En este día 1 de noviembre la Iglesia celebra a todos los Santos y nos habla de la alegría que supone su presencia:
«Los ángeles se alegran de esta solemnidad y alaban al Hijo de Dios».
Lo más importante en este día es darnos cuenta de que el sacramento del bautismo nos abre las puertas a la santidad.
Cuando la Santísima Trinidad entra en el corazón de un ser humano empieza su obligación de caminar hacia la santidad, según las palabras de la Escritura:
«Sean santos porque yo el Señor soy santo».
Este sacramento nos abre a todos el camino que es Cristo para ir al Padre.
Recordemos con gratitud el día en que la Iglesia nos bautizó y nos invitó a caminar con el Dios uno y trino, fuente de toda santidad.
- Apocalipsis
El Apocalipsis nos presenta a Cristo victorioso que, además de ser el Cordero, es el Pastor que conduce a los hombres a la casa del Padre.
Son muchos los simbolismos que presenta el Apocalipsis para decirnos cómo estaremos siempre con el Cordero (con las palmas del triunfo en las manos) caminando hacia la santidad que se nos pide desde el bautismo.
En este día de fiesta tan singular debemos pensar y caminar hacia la plenitud que nos llevará a ser signados con la cruz del Redentor (señal de pertenencia y garantía de salvación) hacia la casa del Padre.
- Salmo 23
El salmista, después de reconocer al Señor como dueño de toda la tierra, presenta al grupo de los redimidos (los santos de Dios) que son los que lo buscan y confían en Él:
«¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón que no confía en los ídolos».
- 1 San Juan
Nos advierte que nuestra grandeza está en ser hijos de Dios. Por eso «mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!».
Esta es la grandeza y fuente de toda santidad, que nos permite parecernos a Dios, nuestro Padre.
- Verso aleluyático
Es la llamada de Jesús para ser santos con Él. Su invitación es clara y generosa:
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré».
De esta manera, con el Señor podremos vivir el Evangelio de este día.
- Evangelio
San Mateo nos presenta a Jesús subiendo la montaña. Se sentó y sus discípulos y multitud de gente se sentaron junto a Él. Y con gran solemnidad proclamó las bienaventuranzas que son una auténtica provocación a la felicidad que nosotros nos entretenemos buscando cada día.
Les invito a leer estas bienaventuranzas y una vez más recordemos la última:
«Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres porque vuestra recompensa será grande en el cielo».
El camino de las bienaventuranzas, a pesar del sufrimiento que humanamente pudiera parecer, nos lleva directamente a la santidad que comienza, como hemos señalado, en el bautismo.
¡Feliz día de todos los santos y santas de Dios!
+ José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista
