La desintegración del tejido social, por Johan Leuridan Huys
Debemos agradecer a la Modernidad por haber roto con un pasado donde un rey o emperador era propietario de los bienes, del pensamiento, de la planificación y de la organización; donde el matrimonio de la hija cambiaba las fronteras, donde la esclavitud era normal. Por medio de la ciencia y el liberalismo, posteriormente por medio del socialismo y de la tecnología, se cambiaron profundamente las condiciones materiales del ser humano. Sin embargo, la Modernidad pretendía ofrecer la felicidad por medio de la razón, de las leyes. de la ciencia y de la tecnología, pero ha conocido muchas guerras, el siglo XX conoció guerras mundiales, con setenta millones de muertos, el comunismo con ciento veinte millones de muertos, la colonización de muchos países y parte de los habitantes en la tierra en pobreza, etc. Además, las leyes no prohíben envidia, egoísmo, calumnia, mentira, deslealtad, difamación, humillación, irrespeto, etc.
El filósofo, alemán, Nietzsche cuestionó la Modernidad. Así como la antigüedad creía en Dios, la Modernidad creía en la razón. Según Nietzsche, ambos fracasaron porque no lograron traer la felicidad. El no reconoce ningún aporte de la razón y lo considera solo como un reflejo de intereses. El ser humano es solo instinto. De esta manera Nietzsche ha definido la nueva cultura. Los valores ya no existen. No hay diferencia entre el bien y el mal. Nietzsche es uno de los primeros que se da cuenta que la negación de la existencia de Dios significa también el fin de la moral. No se puede fundamentar una moral en base de instintos o del universo. El universo es frío, mudo e indiferente a los problemas humanos. Nietzsche declara quimeras de las vidas fracasadas y mediocres a la ideología, democracia, socialismo, emancipación, igualdad, progreso, emancipación, etc. La revolución estudiantil de 1968 en Paris pretendía un cambio político -económico-cultural. Se querría vivir “por encima del bien y del mal” como decía Nietzsche. La moda era la amoralidad. La crítica nihilista deslegitimó las costumbres, normas y creencias y derribó el principio de autoridad, de la familia, de la religión, de la política etc. Las ideologías se desentienden de una libertad con responsabilidad en mayor o menor grado en la vida política-económica y de esta manera también justifican el libertinaje en su vida privada. La característica del siglo XX es el individualismo. La prueba esta en la corrupción tradicional y generalizada en las ideologías del socialismo y del liberalismo. Los últimos veinte años hemos comprobado en América latina que sus líderes “brillan” por corrupción.
Los partidos políticos, las ideologías, las instituciones del Estado (ministerios y municipalidades) y ni siquiera la sociedad civil ofrecen un ambiente donde se encuentra los verdaderos lazos para unir a las personas. No ofrecen un sentimiento de pertenencia porque faltan las ligaduras más profundas de la ética entre las personas.
El individualismo del liberalismo postmoderno ha traído mucha libertad de elección. Esto acarrea incertidumbre, indiferencia y falta de respeto. Esta situación está llevando muchos jóvenes a las drogas y al alcohol como podemos comprobar en los colegios y en las universidades. El pueblo se vuelve indiferente. La indiferencia es el camino más corto a la dictadura.
Por la visión materialista tenemos la lucha de clases. El marxismo-leninismo elimina la moral porque se enseña la lucha de clases como único principio en la sociedad. Todos los medios valen en función del éxito de la lucha de clases. Los hombres que odian, matan, mienten etc. están en la verdad. El único interés es conseguir el poder dictatorial. Sin embargo, no se puede construir una sociedad sobre individuos resentidos.

Dominico. Doctor en teología. Miembro honorario de la Sociedad peruana de Filosofía. Ex decano de la USMP.

