Homilía del II Domingo de Pascua: Dios se acerca en Jesús
Durante muchos siglos Dios compartió con su pueblo y «al llegar la plenitud de los tiempos» llegó el mismo Dios en Cristo Jesús:
Lo vemos en la cena del Jueves Santo dándose a comer y beber Él personalmente.
+ Jesús en venta
Lamentablemente uno de sus apóstoles va a venderlo y por unas «monedas» entrega a su Maestro.
El jefe (Pilato) grita al pueblo: ¿Qué prefieren a este hombre que ha hecho mucho bien y milagros; o a un bandido, Barrabás, ladrón con experiencia?
Son los directores espirituales del pueblo quienes lo incitan a pedir la muerte del Justo; y prefieren al ladrón, patrono de sus fechorías.
El juicio termina subiendo a Jesús al Calvario con la cruz a cuestas.
Desde la cruz Jesús nos deja las grandes enseñanzas y termina preparándose a sí mismo a la resurrección cuando dice: «Todo está cumplido»; es decir, la máxima perfección a la que puede aspirar un ser humano: hacer en todo la voluntad de Dios Padre.
Todo termina con estas preciosas palabras que nos deben servir también de oración a nosotros: «Padre, en tus manos pongo mi Espíritu».
El Padre acoge estas palabras y al tercer día resucita a su Hijo.
El domingo, Jesús habla con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro y su palabra queda en el corazón de la Iglesia: «¡Alégrense!».
Más tarde Jesús habla con la Magdalena y hace la gran pregunta para todos nosotros, que queda para todos, siglo tras siglo: «¿Por qué lloran? ¿A quién buscan?»
La respuesta toca la inteligencia y el corazón de los seres humanos que muchas veces no saben qué contestar porque buscan algo distinto.
+ ¡Resucitó el Señor!
Es el triunfo de Jesús, y de todos y cada uno de nosotros, si lo queremos en realidad.
+ Jesús se presenta inesperadamente, primero a los dos de Emaús y ellos lo reconocen «al partir el pan».
Luego Jesús va al cenáculo y se coloca en medio de aquella Iglesia insipiente y le desea la paz. Como creían que era un fantasma, Jesús pide de comer y le ofrecen un trozo de pescado asado para que admiren que es un ser humano como antes, aunque está glorificado.
+ La liturgia de esta temporada nos presentará el encuentro lleno de amor entre Jesús y la pecadora arrepentida, María Magdalena.
Lo veremos también entre los apóstoles pidiéndoles que vayan por todo el mundo para que la humanidad entera pueda convertirse y recibir el perdón de los pecados.
+ Finalmente, Jesús reúne a los suyos y se sube a los cielos por su propia virtud ya que es el verdadero dueño del mundo, Dios como el Padre, y con palabras del acto de fe que rezamos, repetimos: «Está sentado a la derecha del Padre».
+ Divina Misericordia
Esta magnífica semana larga termina con la Misericordia de Dios en una fiesta que hacemos los hombres que hemos conocido cómo, a pesar de ser pecadores, siempre podemos contar con el amor misericordioso de Dios.
El salmo 117 nos dice: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia».
Ejemplo para todos nosotros es Santo Tomás que había negado ante todos sus compañeros la resurrección de Jesucristo y termina su negación cuando se aparece el mismo Señor y le dice:
«Trae tus dedos, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente».
Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío».
En este acto de fe y humildad, al mismo tiempo, tenemos la actitud que pide para todos nosotros Jesús, el Señor de la Divina Misericordia.
¡¡Así se ama!!
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


