Homilía del IV Domingo del Tiempo Ordinario: un profeta como yo
En estos primeros domingos del tiempo ordinario la liturgia nos recuerda cómo fueron los comienzos de la vida misionera de Jesucristo.
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Hoy nos hace dos presentaciones de Él. Una es del Antiguo Testamento y la otra, según nuestro compañero del ciclo B, San Marcos evangelista.
- Deuteronomio
Podemos recordar el miedo que produjo en el pueblo de Israel la primera teofanía o manifestación de Dios en el monte Horeb:
“Al tercer día, al amanecer, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre la montaña. Se oía un fuerte sonido de trompetas y toda la gente que estaba en el campamento se echó a temblar… La montaña del Sinaí humeaba. Su humo se elevaba como el de un horno y toda la montaña temblaba con violencia”.
Aprovechando este temor, Moisés prometió al pueblo:
“Un profeta de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor tu Dios. A él lo escucharás”.
La característica de este profeta es “pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande”.
Los Santos Padre ven en este profeta que prometió Moisés a Jesucristo.
Según esto el Padre Dios pedirá en el Tabor:
“Este es mi Hijo amado, escúchenlo”.
- Salmo responsorial
Es una invitación a escuchar la voz del Señor, sin ningún tipo de rebeldía:
“Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón”.
Buena meditación para cada uno de nosotros, para ver si escuchamos de verdad a Jesucristo y obramos como Él nos pide.
- San Pablo
El apóstol nos habla de dos actitudes más radicales que podemos adoptar al escuchar las enseñanzas de Jesucristo:
La de “el soltero que se preocupa de los asuntos del Señor buscando contentar al Señor”.
Y la segunda, de “el casado que se preocupa de los asuntos del mundo buscando contentar a su mujer y anda dividido”.
Son dos maneras de vivir que San Pablo deja al compromiso personal de cada uno.
Aunque se ve la predilección del apóstol cuando dice:
“No pretendo ponerles una trampa sino inducirlos a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones”.
- Verso aleluyático
“El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una luz”.
Esto es lo que sin palabras grita la humanidad desde siempre:
“Que se acaben las sombras de muerte y brille la luz definitiva”.
Es la luz que nos vino con Cristo cuya aparición, nos dirá San Mateo, llegó a la humanidad con el Mesías.
- Evangelio
Nos cuenta San Marcos cómo era la evangelización de Jesús en los comienzos:
+ Los sábados siempre iba a la sinagoga para enseñar.
+ El pueblo admiraba la doctrina especial que enseñaba Jesucristo, muy distinta de la que enseñaban los maestros de la Ley, porque lo hacía con autoridad:
“Este enseñar con autoridad es nuevo”.
+ A todo esto se unía el poder como el caso de hoy cuando Jesús sacó el demonio de un poseso.
Esto al pueblo sencillo le llamaba la atención y lo comentaba por toda la comarca.
Un detalle interesante de hoy es que una vez más el demonio, antes de dejar al poseso, reconoció:
“Sé quién eres: el Santo de Dios”.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

Redentorista. Obispo Emérito de Chachapoyas y escritor. Cada semana comparte a ‘Perú Católico’ su Homilía dominical.

