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humanidad de jesus 3

Si vamos hablando de Dios seguramente que Dios llegará a tiempo en nuestro camino y será un gozo encontrarse con Él, como podemos hacerlo conocer profundizando en las lecturas de este tercer domingo de Pascua.

  • Hechos de los apóstoles

Los Hechos nos muestran a Pedro el día de Pentecostés, de pie, con los once, pidiendo silencio para hablar a la multitud. Lo fundamental de su enseñanza es su Señor: «Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros y signos y prodigios que conocéis».

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A continuación, habla a la multitud de la muerte y resurrección de Jesucristo:

«Dios, rompiendo las ataduras de la muerte lo resucitó», según lo dijo David, «y no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción».

Después de exaltar la imagen de Jesucristo que enseñaba las maravillas de Dios y realizaba muchos milagros, termina San Pedro diciendo al pueblo:

«Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

  • Salmo 15

El salmista, profetiza la resurrección del Mesías prometido, y dice así:

«Protégeme Dios mío que me refugió en ti…

Bendeciré al Señor… Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré…Por eso se me alegra el corazón y se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena porque no me entregarás a la muerte».

  • San Pedro

El apóstol, después de recordarnos: «Si llamáis Padre al que juzga a cada uno según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida», termina su exhortación con estas palabras:

«Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza».

  • Verso aleluyático

Recoge un sentimiento del corazón de los discípulos de Emaús, como conclusión de su diálogo con Dios en Cristo:

«Señor Jesús explícanos las Escrituras, haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas».

  • Evangelio

La liturgia en este domingo quiere que volvamos al camino de Emaús y nos presenta a dos de los discípulos que se vuelven de Jerusalén hablando de los acontecimientos sobre Jesús. Y como hablan de Dios, sin saberlo ellos, un peregrino más ágil se acerca a los dos preguntando:

«Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Jesús se hace como que no les entiende y aprovecha para explicarles cómo en Jesucristo se han cumplido las Escrituras.

Habla de su muerte y resurrección y Él mismo reprocha a los dos discípulos por no haber creído las Escrituras e incluso el volverse de Jerusalén como desesperanzados, aunque incluso han oído hablar de la resurrección de Jesús al tercer día.

Es entonces cuando el Maestro habla con pasión a los dos discípulos:

«Comenzado por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura».

Llegan a Emaús, Jesús hace ademán de seguir adelante y los dos coinciden:

«Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída».

Jesús entró y puestos a la mesa partió el pan, como era su costumbre cuando lo consagraba, y al recibir de sus manos el pan consagrado reconocieron a Jesús, pero Él despareció.

Así es cuando se va preocupado por Dios y sus cosas, que de una u otra forma nos encontramos con Él. Por eso, exclamaron los dos peregrinos:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Era la certeza del Resucitado y, aunque ya era tarde, regresaron a Jerusalén donde estaban los apóstoles y escucharon lo que decían los otros:

«¡Era verdad! ¡Ha resucitado el Señor y se apareció a Simón!».

Y ellos añadieron gozosos:

«¡También nosotros lo hemos visto y lo hemos reconocido al partir el pan!».

Así es, hermanos, si nos fiamos de Dios, tarde o temprano renacerá la fe y el amor en nuestro corazón: ¡Y el Resucitado llenará nuestra vida!

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista