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La ética es más que los derechos humanos, por Johan Leuridan Huys

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En las sociedades actuales secularizadas encontramos un interés muy grande para las nuevas normas de la sociedad: los derechos humanos. Ellos reemplazarían el mensaje tradicional de las religiones. Sin embargo, la violación de los derechos es continua: el desempleo, la pobreza (tres mil millones), la marginación, el racismo, la violencia, las guerras, las matanzas étnicas, las torturas, etc.

La impunidad es una de las características de la sociedad moderna. La declaración de la ONU en 1948 insiste en los derechos del individuo, en contra de los poderes “salvajes” de gobiernos, como en caso de Hitler, pero la defensa del individuo puede favorecer a los delincuentes en las normas jurídicas. Hay países donde la sanción judicial de un asesino y violador es pasar dos años en un centro de rehabilitación cuyo resultado es nulo. Así vemos cómo un enfoque individualista colabora con la impunidad del individuo. Este pensamiento debilita también el poder de la policía. O bien se prohíbe a la policía usar las armas o bien el policía debe esperar que dispara primero el delincuente. Hay miles de vacantes para policía en varios países de Europa.

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Es evidente que el punto débil de los derechos humanos no reside en su proprio concepto, sino en la falta de voluntad de cumplirlos.

Los derechos humanos no coinciden totalmente con la moral porque la moral es mucho más que el respeto de los derechos de cada uno. Así comprobamos que los crímenes contra la humanidad en nuestra historia demuestran la fragilidad de las conciencias. Cada vez más en los Estados de Derecho se observa menos derecho. La moral implica obligaciones, virtudes, solidaridad, ideales, bienestar general y la voluntad de hacer el bien. Falta también la educación de aprender a cumplir con los deberes. Es la tarea del gobierno, de la familia y de los centros educativos que cada vez menos cumplen con esta responsabilidad. La falta de conciencia ética hace olvidar los derechos y los deberes.

Un cambio de estructuras no cambia a los seres humanos. Más bien los seres humanos cambiados son la condición básica para que se mantengan las estructuras cambiadas. Se necesita personas virtuosas. La virtud es una disponibilidad adquirida para hacer el bien. Esta disponibilidad no se hereda, sino que forma por esfuerzo de uno mismo y por influencias de otros. El fin de la ética es mantener una inclinación al bien como elección. Javier Gomá considera que la crisis actual de la educación en valores en la familia, en los colegios y el ejemplo corrupto de las altas esferas del gobierno nos obligan a crear costumbres nuevas. Por la falta de buenas costumbres buenas, la virtud debe crearlas. Solo la virtud de los ciudadanos es apta para sostener una civilización.

La exclusiva promoción de la teoría de género de parte de los grandes poderes, elimina la preocupación y un consenso sobre los derechos fundamentales. El importante derecho de la igualdad de la mujer no es el único derecho. Para resolver esta problemática se necesita una reflexión más profunda en lugar de aferrarse a la proliferación de los derechos individualistas, a veces caprichosos. Cuando se pierden los ideales se pierde la autoridad para exigir los deberes. Los ideales son reemplazados por la corrupción (Odebrecht) y por la lógica del poder tecnológico que somete el ser humano a las leyes de la competitividad mundial. Es un hecho innegable y deplorable que los planes de estudio de los gobiernos han hecho de la competitividad el fin exclusivo. Los organismos de control de las universidades se dedican solo a este tema. Se va hacia una cultura tecnológica sin valores éticos, sin diferencia entre el bien y el mal, un mal manejo económico-financiero que siembra pobreza, el robot reemplaza al trabajador, el celular es más importante que el prójimo, crecimiento de las extorsiones, contrato de sicarios, migraciones masivas (Venezuela y varios países de África), indiferencia de las grandes potencias por el calentamiento de la Tierra, la trata de personas, el narcotráfico y el descuido de educación con las consecuencias de comportamientos de envidia, odio, egoísmo, arrogancia, etc.