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Cuando el cuerpo se debilita: cómo vivir la enfermedad sin perder la fe

fe en la enfermedad

En algún momento de la vida, especialmente con el paso de los años, el cuerpo comienza a mostrar sus límites. Aparecen enfermedades, dolores persistentes o una fragilidad que antes no conocíamos. Para muchos creyentes, este momento puede convertirse en una prueba profunda para la fe, llena de preguntas, miedo e incluso desánimo.

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La fe cristiana no niega el sufrimiento ni lo maquilla con frases fáciles. Jesús mismo conoció el dolor, la fatiga y la angustia. Por eso, cuando el cuerpo se debilita, la fe no exige fingir fortaleza, sino aprender a confiar incluso en medio de la fragilidad. Creer no es no sufrir, sino no sufrir solos; y ‘Perú Católico’ te acompaña.

Es importante recordar que la enfermedad no es un castigo de Dios. La Iglesia enseña que Dios no se complace en el dolor humano, sino que acompaña, sostiene y da sentido incluso a las situaciones más difíciles. Pensar que Dios “manda” la enfermedad puede alejarnos de Él cuando más lo necesitamos.

Vivir la enfermedad con fe implica aceptar ayuda, cuidar el cuerpo con responsabilidad y no descuidar la atención médica. Buscar tratamiento, descansar y seguir indicaciones profesionales también es una forma de agradecer el don de la vida. La fe y la medicina no se oponen; se complementan.

La oración, en estos momentos, puede cambiar de forma. Tal vez ya no sea larga ni llena de palabras, pero puede convertirse en un suspiro, una mirada a Dios, un “Señor, aquí estoy”. Dios entiende el lenguaje del dolor y escucha incluso cuando no sabemos qué decir.

La enfermedad también puede abrir un camino interior nuevo: aprender a vivir con más humildad, a valorar los pequeños gestos, a dejarse amar y cuidar por otros. Para muchos, este tiempo se convierte en una etapa de fe más madura, más sencilla y más verdadera.

Cuando el cuerpo se debilita, la fe no desaparece: se purifica. Dios no nos abandona en la enfermedad; camina con nosotros, nos sostiene y nos promete que el dolor no tiene la última palabra. En Él, incluso la fragilidad puede convertirse en esperanza.

Reflexión de La Abuelita Católica