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¿Qué se puede comer y qué no en Cuaresma cuando ya somos mayores?

abuelita rezando el rosario

La Cuaresma llega cada año como un tiempo tranquilo para volver el corazón a Dios. Muchas personas mayores se preguntan con sinceridad qué deben hacer: si tienen que ayunar, si deben dejar ciertos alimentos o si están obligadas a cumplir las mismas prácticas que cuando eran jóvenes. Estas preguntas nacen del deseo de vivir la fe con fidelidad.

La Iglesia enseña que la Cuaresma es un tiempo de oración, conversión y pequeños sacrificios ofrecidos a Dios. Tradicionalmente se practica el ayuno y la abstinencia como un signo de penitencia y de amor al Señor. Pero también recuerda algo muy importante: las personas mayores no están obligadas a cumplir el ayuno como los más jóvenes.

Dato a saber: La Iglesia Católica señala que el ayuno de cuaresma es obligatorio para los católicos entre los 18 y 59 años de edad.

Con los años, el cuerpo cambia. A veces aparecen enfermedades, tratamientos o medicamentos que deben tomarse a ciertas horas o con alimentos. En estas situaciones, cuidar la salud también es una responsabilidad delante de Dios. El Señor no desea que nadie ponga en riesgo su bienestar por cumplir una práctica que podría perjudicarlo.

Por eso, si una persona mayor necesita comer con normalidad o debe tomar medicamentos acompañados de comida, puede hacerlo con tranquilidad y con paz en el corazón. Dios conoce la realidad de cada persona, sus limitaciones y sus esfuerzos. El amor de Dios no se mide por la cantidad de sacrificios que alguien puede hacer.

A veces el sacrificio más grande no está en dejar un alimento, sino en aceptar con paciencia las propias fragilidades, el cansancio del cuerpo o los dolores que llegan con los años. Ofrecer esas pequeñas dificultades de cada día puede convertirse en una hermosa ofrenda para el Señor.

También hay muchas otras maneras de vivir la Cuaresma cuando la edad ya avanza. Una oración hecha con calma, un momento de silencio con Dios, una palabra amable a la familia, un gesto de paciencia o una preocupación por los demás pueden ser sacrificios sencillos que agradan profundamente al Señor.

Dios no mira solamente lo que se deja de comer. Dios mira el corazón. Cuando una persona mayor reza, ofrece sus dolores, soporta con paciencia sus limitaciones o agradece por la vida recibida, está viviendo una verdadera Cuaresma.

La Cuaresma, entonces, no debe ser un tiempo de preocupación ni de culpa para quienes ya caminan en la vejez. Es un tiempo de descanso en Dios, de confianza y de oración sencilla, sabiendo que el Señor ve cada pequeño sacrificio hecho con amor.

Al final, lo que más alegra el corazón de Dios no es la dureza del sacrificio, sino la confianza con que un hijo se acerca a Él. Y esa confianza, tranquila y humilde, es una de las ofrendas más hermosas que una persona puede presentar ante Dios.