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Homilía del Domingo XIII del Tiempo Ordinario: El milagro de la vida

A menudo parece que nos peleamos con la vida. En realidad, la vida es un regalo de Dios, tanto la vida temporal como la vida eterna. Meditemos.

  • Libro II de Reyes

Eliseo se convierte en el gran taumaturgo después de Elías, su maestro. Va con frecuencia a una casa para comer. Le toman cariño y preparan una habitación pequeña para que pueda pasar la noche el gran profeta de Dios.

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Cierto día llega a la casa, como de costumbre, y le presentan la habitación en la que podrá pasar la noche. Eliseo desea ser agradecido y le pregunta a su criado qué puede regalarle a la sunamita. La respuesta fue: «¿Qué sé yo? No tiene hijo y su marido es viejo».

Eliseo manda llamar a la mujer y le promete: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás un hijo».

Es el regalo más grande para una mujer estéril que no puede tener descendencia, pero es al mismo tiempo, la recompensa de Dios por el cariño con que acoge al profeta cada vez que va a su casa.

  • Salmo 88

Glorificar y cantar al Señor es el deseo de toda persona que tiene fe; por eso leemos estas palabras del salmista:

«Cantaré eternamente las misericordias del Señor… Dichoso el pueblo que sabe alabarte, camina, oh, Señor, a la luz de tu rostro… Porque tú eres su honor y su gloria: El Santo de Israel nuestro Rey».

  • San Pablo

En su carta a los romanos, el apóstol enseña que «los que por el bautismo nos hemos incorporado a Cristo fuimos incorporados a su muerte».

Y por la muerte temporal se nos incorpora «a su resurrección de entre los muertos por la gloria de Dios Padre».

La enseñanza de Pablo es que morir al pecado en el bautismo nos abre las puertas de la eternidad con Cristo muerto y resucitado.

Por eso el apóstol termina exclamando: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús».

  • Verso aleluyático

Es una llamada a la esperanza definitiva en Dios. Con el nacimiento, con el bautismo «vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada».

Termina el versículo pidiéndonos:

«Proclamad las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa».

  • Evangelio

Es un parrafito del capítulo diez de San Mateo en que se recalca que lo más importante de todo es colocar a Cristo como el primero. Y así entendemos:

«El que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí».

Lo mismo sucede respecto de los hijos. El primero será siempre Cristo.

Incluso, la misma vida que poseemos en este mundo no es el primer tesoro. El primer tesoro siempre será Jesucristo mismo. Por eso: «El que encuentre su vida la perderá y el que pierde su vida por mí la encontrará».

Concluye este párrafo del Evangelio con una invitación práctica de Jesús:

«El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, solo porque es mi discípulo, no perderá su paga».

El primero para nosotros siempre es Jesús y a Él lo encontramos en el necesitado.

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

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