Entre procesiones, Fiestas patronales, Santos y borracheras, por Francoscomentarios
En el Perú a veces algunas procesiones duran unas horas… pero la borrachera dura una semana.
Y uno termina preguntándose si estamos honrando al santo, celebrando nuestro cumpleaños… o usándolo de pretexto.
Las procesiones y fiestas religiosas populares de muchas ciudades son una de las expresiones más hermosas de la fe del pueblo peruano. Las calles se llenan de colores, personas que dejan todo para estar presentes: caminando, gritando, cantando, hasta vienen en peregrinación de rodillas pidiendo un milagrito al santo o patrón de turno que recorre las calles y plazas; el incienso sube al cielo y por un momento parece que Dios camina otra vez entre su pueblo. Las procesiones son actos públicos de testimonio y anuncio de la fe compartida.
Pero basta que el anda vuelva a la iglesia para que, en algunos lugares, empiece otra procesión muy distinta: la de las cajas de cerveza. Y parece que esta procesión es la más esperada.
Y ahí es donde uno se pregunta si estamos honrando al santo… o usándolo de pretexto.
Porque no es raro ver escenas que ya se han vuelto casi parte del paisaje: el que se inscribe en la hermandad o de sahumadores por la foto, el que carga el anda mirando más la cámara que al cielo, el que pasa más tiempo organizando la fiesta que rezando el rosario. O la que coquetea de reojo con su velo y hábito.
Está el que llega sudado de devoción… y media hora después ya está sudado de alcohol.
Está el que acompaña al santo tooooooooooodo el recorrido… pero no ha pisado una Misa en todo el año.
Está el que habla con fervor del “milagro del patrón”… pero termina la noche peleándose sin hábito y sin polo en la esquina.
Y está también el clásico personaje que parece confundir la procesión con el punto de partida de una maratón etílica que dura varios días. Y no nos auto engañemos diciendo: «pero es su tradición, hay que respetar». No se trata de mi tradición o de tu tradición o de su tradición, se trata de lo que dice y enseña la Iglesias Católica. Sin duda es una forma que el demonio nos ha enseñado cómo maquillar lo malo con el so pretexto de ‘respetarnos’, y al respetarnos estamos siendo cristianos tolerantes que ganaremos el cielo’.
El santo o patrón o la Virgencita no necesita ver borrachos con caja en mano y balanceándose, necesita ver corazones convertidos, vidas en lucha contra el pecado, quiere ver luz en tu comportamiento no solo en la procesión sino en tu casa, trabajo, centro de estudios, donde vayas.
Eso no es religiosidad popular. Eso distorsiona totalmente la expresión de fe. Eso es folclore religioso con barra libre. Y lo peor es que algunos dicen: «Uy, el santo se molesta si no hay cerveza». El que se molesta eres tú que te gusta tomar y la ‘seño’ de la tienda que no está vendiendo la ‘chela’ heladita. Y ojo, esto no solo pasa en provincias sino también en Lima la capital.
Leamos y vivamos esta cita bíblica que es ideal para esta ocasión: Efesios 5,18 “No se embriaguen con vino (cerveza), que lleva al desenfreno; llénense más bien del Espíritu”.
Las hermandades nacieron para honrar a Dios, para custodiar las imágenes, para acompañar la fe del pueblo. No para convertirse en clubes sociales de hombres y mujeres que buscan poses ante los demás. Muchos van más a sus reuniones y procesiones que a Misa cada domingo. Sin dejar de mencionar que ir a procesiones no es un mandamiento ni una obligación de la Iglesia de Cristo, participar de Misa y fiestas de guardar… sí. Y es pecado mortal no asistir.
Seamos sinceros: hay fiestas patronales donde la procesión dura unas horas… pero la borrachera dura una semana. Todos quieren ser padrinos o madrinas del santo patrón o procesión poniendo cajas de cerveza pensando que así se compra la vida eterna. Y escuchamos los gritos: ‘¡salud por el santo, viva el santo!’, y muchas veces vemos brindando al alcalde del pueblo, al policía y hasta muchas veces al mismo ¡padrecito!
No digo que brindar sea malo, no seamos cucufatos tampoco; pero ver al alcalde de tu ciudad junto con tu policía y de yapa el padrecito borrachos, eso ya es otro level (indignante, vergonzoso y anti apostólico).
Y lo más triste es que todo eso sucede mientras el santo vuelve silencioso a su altar. Sinceramente no sé si el santo termina orgulloso de sus fieles devotos, o se quiere tirar por la ventana y correr a otra iglesia.
Posiblemente los más felices en estas celebraciones y procesiones sean la ‘Cristal’ y la ‘Pilsen’. La jaculatoria que más se pronuncia con fe en estas fiestas es: «Un parcito (de cervezas) más y ya nos vamos». Por supuesto NUNCA se cumple esta frase.
Y claro, muchas veces esas personas que les gusta tomar hasta emborracharse en cada fiesta patronal, se olvidan de la manutención de los hijos, las cuentas del hogar, o hasta de las necesidades materiales de su propia iglesia.
He visto y conocido personas de hermandades en Lima que han dado S/. 20 soles en la colecta de la Misa de la fiesta del Santo, pero han ‘apadrinado la fiesta’ con más de 20 cajas de cervezas haciendo la suma de S/.1 000 nuevos soles. Saquen sus propias conclusiones.
Aclaremos también que no en todas las procesiones, hermandades y ciudades de nuestro Perú pasa esto. Hay de aquellas que dan testimonio plenamente como debe de ser, pero de estas no estamos escribiendo hoy sino de las que debemos de ayudar y encaminar, no solo por imagen, sino por coherencia y testimonio personal y comunitario. Por sus almas. Por las siguientes generaciones.
La fe del pueblo es algo demasiado grande como para reducirla a una excusa para beber. Las procesiones pueden ser auténticos actos de evangelización cuando están llenas de oración, respeto y conversión.
Pero cuando el incienso se mezcla con el olor a alcohol, cuando la devoción termina en desorden y escándalo, entonces la fiesta deja de hablar de Dios… y empieza a hablar de nuestras incoherencias.
Los santos no salen a la calle para que nosotros tengamos una semana de parranda.
Salen para recordarnos que el Evangelio también tiene algo que decir sobre cómo vivimos.
Porque cargar un anda y luego emborracharse no convierte a nadie en cristiano. Pero vivir el Evangelio sí.
No es casualidad que nuestro Perú sea considerado uno de los países más festivos del mundo: alrededor de 6,882 fiestas cívicas y patronales se celebran cada año, una muestra de la riqueza cultural y religiosa que atraviesa todo nuestro territorio.
Celebrar a los santos o alguna advocación en particular, salir en procesión, adornar las calles, pintar alfombras y llenar el aire de incienso son expresiones hermosas de la fe y tradición del pueblo. Todo eso es bueno y habla de un corazón que quiere honrar a Dios. Pero la devoción no puede terminar donde empieza la borrachera ni donde aparecen conductas que contradicen el Evangelio: robos, violaciones, secuestros, destrozos vandálicos, pérdida de la razón.
Jesús ya nos había dicho: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre”. Esta frase es muy poderosa porque apunta a la coherencia entre fe y vida.
Para gloria de Dios y ejemplo para muchos, ha habido casos de conversiones en algunas localidades de nuestro país sobre las celebraciones patronales y costumbres de un pueblo. Antes era obligatorio tomar en abundancia licor y terminar en las calles, parques y plazas durmiendo en las veredas o bancas; pero con la evangelización que es fe y razón han podido comprender que para estar feliz y celebrar a su santo no es necesario emborracharse.
Actualmente hay muchas ciudades del Perú donde los sacerdotes, religiosos, catequistas y apostolados vienen trabajando estos temas que no son nada fácil poder acatarlos. Es toda un pedagogía que toma tiempo pero que luego es posible ver el cambio. Recemos entonces por los evangelizadores y por los evangelizados.
Se acerca la Semana Santa, y las calles y plazas del Perú volverán a llenarse de millones de personas con fe, entre procesiones y celebraciones. Es una buena oportunidad para convertirnos y dejar en la Cruz del Señor nuestras botellas: unas con alcohol, otras llenas de soberbia, otras de avaricia, otras de placer, otras de odio y venganza… pero, al fin y al cabo, botellas del mal que nos llevan a la perdición de nuestras almas.
Empecemos dejándolas en el confesionario. ¡Salud!
Por: «Franco…el que va a tomar en esta Semana Santa, pero ‘tomar buenas decisiones’ para su vida».

Periodista y director de Perú Católico. Escribe en su sección Francoscomentarios, un espacio donde la fe piensa, opina y no se queda callada.


