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El Perú se crucifica a inicios de Cuaresma… ¿resucitará?, por Francoscomentarios

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Dios preparando la Cuaresma y el Perú haciendo lo que mejor sabe, vacar y coleccionar presidentes;
y poniendo a todos los peruanos a invocar al Espíritu Santo que no creo que tenga ganas
de venir.

Andamos nuevamente sin Presidente. Y esto ya parece normal, habitual, ordinario,
propio de los peruanos sin autoridad moral ni autoridad política.

Y por supuesto, todos señalándose y echándose la culpa.
Todos opinando como sabelotodos, incluyéndome.

Y justo hoy… ceniza en la frente, empezando Cuaresma 2026.

No sé si es ironía divina o pedagogía perfecta
porque mientras el país discute quién se sienta en Palacio,
la Iglesia nos susurra algo mucho más incómodo:
“Polvo eres…en polvo te convertirás. Conviértete”

Y ahí empieza todo.

Cada vez que el Perú entra en crisis, aparece la frase clásica:
“Dios nos está castigando”.

¿Seguros?

¿De verdad creemos que Dios está en el cielo organizando vacancias?

El problema no es un Dios que manda rayos.
Es un pueblo que insiste en jugar con fósforos.

Y cuando una sociedad vive dividida, agresiva, sin autocrítica… no necesita castigo divino.
Se pone cabe sola.

Dios no disfruta la crisis.

No celebra el caos.
No aplaude la corrupción.
No sonríe cuando nos gritamos como si el otro fuera enemigo.

La Cruz no es castigo automático.

La Cruz es consecuencia del pecado humano… y al mismo tiempo lugar de redención.

Y aquí viene lo incómodo.

La libertad mal usada tiene consecuencias.

Elegimos.
Criticamos.
Endiosamos.
Demonizamos.
Y luego nos sorprendemos de que el país parezca montaña rusa sin frenos.

Pero la Cuaresma no es amenaza… es oportunidad.

No es Dios diciendo: “Te lo dije.”
Es Dios diciendo: “Vuelve.”

Vuelve antes de que el resentimiento se vuelva identidad.
Vuelve antes de que la ideología sea más fuerte que la caridad.
Vuelve antes de que el martillo te parezca herramienta normal.

Porque sí… a veces el Perú parece crucificado, y lo peor
es que nosotros lo colgamos.

Pero no siempre sabemos quién sostiene los clavos.

Tal vez no es “ellos”.
Tal vez no es “Palacio”.
Tal vez somos «todos un poquito, un clavito, una bofetada».

Con nuestras ‘criolladas’.
Con nuestros insultos y vivezas.
Con nuestra memoria selectiva.
Con nuestra esperanza puesta en hombres como si fueran mesías.

Queremos presidentes impecables…
pero ciudadanos opcionales.


Porque esos políticos a quienes llamas —y con razón muchas veces— “corruptos”, no llegaron solos;
llegaron con tu voto y con el mío.

Queremos salvadores…
sin conversión personal.

Y ahí la ceniza nos baja del pedestal.

Nos recuerda que ningún cargo es eterno.
Ni el presidencial.
Ni el del opinólogo profesional.

Que somos frágiles.
Que somos limitados.
Que necesitamos algo más profundo que estabilidad política.

Necesitamos Resurrección.

No es que Dios nos esté crucificando.
Es que seguimos jugando con los clavos.

Y Él, paciente, sigue esperando Resurrección.

La pregunta no es si el Perú resucitará.

La pregunta es si cada uno está dispuesto a empezar por su propio corazón.

Porque la Pascua nunca empieza en Palacio.

Empieza en la conciencia, en ser educados: «Buenos días», «Buenas tardes», «Gracias», «Permiso», «Por favor».

No tirando la cáscara de plátano, tu papelito en bolita o la envoltura de las galletas a las calles,
no pasándote la luz roja, no buscando la oportunidad de sacar provecho sobre el otro, no colándote en las colas, no recogiendo lo que deja tu perro porque “nadie te está mirando”.
No ‘acuchillando con tu lengua de sable’ al hermano.

Dicen que “el peruano tiene el Presidente que merece”…
pero pocas veces nos preguntamos si estamos siendo
el ciudadano que el Perú merece.


Deja de gritar desde la tribuna como si fueras dueño del partido,
deja de dar indicaciones como director técnico y bájate a la cancha.
Ponte la camiseta. Súdala. Juega el partido y haz tu gol de ser mejor persona, cristiano y peruano.

No cantes “Yo también me llamo Perú”, ni digas “Te amo, Perú”
si no estás dispuesto a convertir tu viveza en honestidad y tu queja en responsabilidad.

Que esta Cuaresma peruana no sea solo ceniza en la frente, sino fuego en la conciencia que nos enseñe a amar al país con obras del corazón, porque después de la pasión y muerte a nuestras miserias y diferencias, llega la ¡Resurrección!

Por: «Franco…el que cree que todo saldrá bien… porque Dios y el Papa son peruanos».