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¿Por qué un orden social habría de cultivar o recurrir a las emociones, en lugar de limitarse a crear un sistema de reglas justas y un conjunto de instituciones que la respaldan? El problema es que en nuestra época no se considera los ejemplos de la persona como un instrumento de conocimiento y de cambio. Se considera imposible conocerse y cambiarse a sí mismo y a la realidad sólo siguiendo el ejemplo de una buena persona, o sea, alguien que ayuda a pobres, que consuela a agobiados, que visita a enfermos, que es honesta, que no envidia, que no habla mal de los demás etc.  Se ha de destacar que la relación ética no pertenece primeramente al orden de una teoría sobre la ética sino a lo que la misma persona manifiesta de su propio interior. En efecto, la perfección del ser humano no está en la mera adquisición de un conocimiento abstracto de la verdad, sino que consiste también en las relaciones vivas de entrega y fidelidad hacia el otro. Estas relaciones vivas son emociones que expresan las verdades. Los niños no solo reciben consejos e instrucciones sobre ética de sus padres, sino se construyen las emociones sociales de los niños en las relaciones emocionales con sus padres. La moralidad no llegaría a existir si no es también por las emociones, las cuales resultan cruciales para que se la mantenga. El desarrollo de las emociones en la fase de la niñez explica mucho de su comportamiento posterior.  

Aristóteles es el primero que da mucha importancia a las emociones en la ética. “Llamo pasiones, el deseo, la ira, la cólera, el temor, la audacia, la envidia, la alegría, el sentimiento amistoso, la indignación, la añoranza, la rivalidad, la piedad o compasión”. Las pasiones juegan un papel importante en la vida social. Las ocasiones que muestran compasión son las agresiones corporales, la vejez, la enfermedad, la pobreza, la falta de alimentos, los amigos, la debilidad física, la inmovilidad, los reverses de expectativas formadas o la mera ausencia de buenas perspectivas.

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Aristóteles hace un análisis importante de esta emoción: “La compasión es una emoción dolorosa dirigida al infortunio o sufrimiento de otra persona”. Hay tres requisitos para poder hablar de la compasión: una creencia que el sufrimiento es grave, la creencia que la persona no merece este sufrimiento y una creencia según la cual las posibilidades de la persona que experimenta la emoción son parecidas a las del que padece sufrimiento. Una sociedad que persigue la justicia puede cultivar la compasión.

Benedicto XVI afirma que la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el que sufre. Esto es válido para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y que no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel y inhumana. El sufrimiento es un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza. Consolación, Ser-con, ya no es soledad. La capacidad de aceptar el sufrimiento por amor del bien, de verdad y de la justicia, es constitutiva de la grandeza de la humanidad, en definitiva, porque mi bienestar, es más importante que la verdad y a la justicia, entonces prevalece el dominio del más fuerte; entonces reina la violencia y la mentira. Sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre nuevo.

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