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La colecta, el estipendio y los sueldos de los curas, por Francoscomentarios

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El problema no es la colecta, ni el estipendio, ni los sueldos de los curas.
El problema es que queremos Iglesia gratis… mientras reventamos muchas veces la tarjeta de crédito en tonteras.

¿Cuántos de nosotros nos ha costado meter la mano al bolsillo para sacar, rebuscando, nuestras miserables moneditas de sencillo —esas que ni el cobrador de combi quiere recibir—, pero ahí sale la ‘criollada’ y las guardamos para echarlas en la colecta?

¿Cuántos de nosotros hemos ido a separar una Misa por un difunto, o para un bautizo o una boda… y lo primero que preguntamos no es la fecha, sino el ‘precio’?

Cuántos de nosotros hemos dicho o pensando alguna vez ¿Cuánto gana un cura? ¿Qué hace con su dinero si no tiene hijos ni esposa? ¿Si ahorra, para qué lo guarda?

La colecta y el estipendio de Misa

Ojo: Está basada en la Biblia, la tradición cristiana y el Catecismo.

1. Los fieles tienen el deber de sostener a la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que los fieles deben ayudar materialmente a la Iglesia.

“Los fieles tienen la obligación de atender a las necesidades materiales de la Iglesia, cada uno según sus posibilidades.”

Esto incluye:

  • mantenimiento de templos
  • sostenimiento de sacerdotes
  • obras pastorales
  • ayuda a los pobres
  • evangelización

2. Es uno de los mandamientos de la Iglesia

La Iglesia incluso lo coloca dentro de los mandamientos de la Iglesia.

El quinto mandamiento dice:

“Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.”

Esto significa colaborar con:

  • dinero
  • bienes
  • tiempo
  • servicio

según las posibilidades de cada uno.

3. La Biblia también habla de sostener a quienes sirven a Dios

San Pablo lo explica muy claramente.

“El Señor ordenó que los que anuncian el Evangelio vivan del Evangelio.”
(1 Corintios 9,14)

Es decir:

quienes dedican su vida al ministerio tienen derecho a ser sostenidos por la comunidad.

4. La colecta es una práctica desde los primeros cristianos

En las primeras comunidades ya se hacía colecta.

San Pablo organizaba colectas para sostener la Iglesia y ayudar a los necesitados.

“Cada primer día de la semana, cada uno aparte algo según lo que haya prosperado.”
(1 Corintios 16,2)

5. No es “pagar la Misa” La Iglesia enseña que los sacramentos no se venden

Por ejemplo:

  • el estipendio de Misa
  • la ofrenda por bautizo o boda

no es un pago por el sacramento, sino una ofrenda para sostener la Iglesia y al sacerdote.

Lo curioso que los que dan su ‘sencillito’ salen de Misa y ocurre algo fascinante. Un milagro increíble y poderoso:
El creyente que estaba en modo pobreza franciscana
entra en modo millonario moderno.

Hamburguesa: 14 soles
Chelita: 20
Delivery: 35
Cumpleaños: 60

Y si no alcanza…

tarjeta de crédito nomás, hermanito.

Porque para cosas del mundo no somos tacaños.

Y encima, ese personaje se convierte en auditor financiero del Vaticano en su parroquia:

“¿Otra pollada o picaronada?”

“¿Por qué están cobrando las hojitas dominicales?”

“¿Para qué tanta plata?”

“¿En qué se la gastará este cura?”

“¡Asu! ¡Cuánta plata piden!”

El estipendio, aunque ya se habló también líneas arriba, cabe señalar que el Derecho Canónico lo explica claramente.

El sacerdote puede recibir una ofrenda cuando alguien pide que se celebre una Misa por una intención (por un difunto, una familia, una necesidad, etc.).

La finalidad es:

  • sostener al sacerdote
  • sostener la Iglesia
  • ayudar a la misión pastoral

Esto está en el Código de Derecho Canónico (can. 945).

En esencia dice:

Los sacerdotes pueden recibir ofrendas para aplicar la Misa por una intención determinada.

Muchos creen que el sacerdote tiene:

sueldo de empresario
planilla
bonos
gratificación
seguro privado
propina del Papa peruano desde el Vaticano
y tal vez AFP celestial.

El sacerdote vive de la Iglesia.

Come de ahí.
Paga luz de ahí.
Paga agua.
Paga teléfono.
Paga medicina.
Compra su ropa.

Y la parroquia paga también:

la señora que limpia
la secretaria
la electricidad
el agua del templo
las hostias
el vino de la Misa
las flores
las reparaciones
la lavandería de los manteles, trajes del sacerdote y monaguillos, etc.

Todo eso sale del bolsillo de la comunidad porque es de justicia.

Y encima algunos que dan moneditas dicen con orgullo: ‘Yo sí apoyo a la Iglesia’. Otros aplican la economía del sol: ‘Yo doy un sol nomás; si todos dan un sol, ya es plata’. El problema es que Dios no hace cuentas en grupo. Dios juzga a cada persona por separado.

No se trata de quién da más o quién da menos; se trata de ti y de tu conciencia al ofrecer a Dios, fruto de tu trabajo, una ofrenda a través del sacerdote para el mantenimiento y las mejoras de la Casa de Dios. Recuerda que el sacerdote pasa unos años en la parroquia y luego lo trasladan a otra, pero tu parroquia queda: él no se lleva las bancas, ni las imágenes, ni siquiera tus miserias. No seamos ridículos al hablar si no conocemos del tema; no repitamos como cotorras la ignorancia de los demás, haciéndola nuestra y pasando finalmente de ignorantes —de ignorar, no en sentido ofensivo—.

Jesús habló de una viuda que dio dos monedas.

Pero hay un pequeño detalle.

Ella dio todo lo que tenía.

Nosotros damos…

lo que nos sobra.

Y a veces ni eso.

Porque al final la Iglesia no vive de milagros.

Vive de la fe de su gente.

Y la fe…también se sostiene y mantiene.

Y eso que no hemos tocado a fondo las obras de caridad que hacen o se comprometen algunas parroquias de manera mensual con los más necesitados. ¡Imagínate cuánta necesidad, y nosotros siendo mezquinos!

A los que se quejan tanto, no dan nada y critican las actividades y colectas de su parroquia, les tengo una sugerencia: vuélvanse mormones. Allí estás OBLIGADO —bajo compromiso religioso— a dar el 10 % de tu sueldo mensual. Si hoy ganas, digamos, unos S/ 1500, debes entregar 150 soles cada mes. Y estoy seguro, por simple estadística, de que en la Misa dominical tú das dos soles. Es decir, ocho soles al mes. O sea… ni para un chifa de dudosa procedencia, ni para un menú de carretilla.

Y si desconfías de qué harán en la parroquia con tus ‘millones de dos soles’, hay otra opción: ve donde el padre y dile: ‘Padre, voy a donar unos manteles para el altar. Padre, voy a arreglar una banca. Padre, voy a comprar las flores del fin de semana. Padre, deme el recibo del agua, yo lo pago’. Opciones sobran. Lo que a veces falta es voluntad.

En la Iglesia Católica no existe un porcentaje obligatorio; los fieles ayudan según sus posibilidades. Pero algunos abusan: teniendo dinero para fiestas de miles de soles, no dan nada, mientras su parroquia —Casa de Dios— se cae a pedazos.

Ni qué decir de las bodas religiosas: a la iglesia piden rebaja o quieren todo gratis. Pero luego la fiesta parece patronal: tragos, comilonas y orquesta para todo el barrio. Y esa celebración no baja de diez mil soles.

Así estamos, señores.

No digo que celebrar sea malo, ni que tengamos que dar todo nuestro sueldo a la parroquia cada mes. Es cuestión de reflexionar: nuestra Iglesia, que es de Cristo, tiene necesidades, igual que tú en tu casa.

El cura no come ni vive del aire; también quiere morder su pollito a la brasa con su Inca Kola, su pan con chicharrón y ponerse zapatos decentes. La secretaria tiene hijos y está trabajando para vivir. Las bancas se gastan de tanto peso y uso; y ni qué decir del reclinatorio donde te arrodillas: ahí se suben los niños y lo destrozan. Las imágenes de los santos ya están despintadas de tanto que les pasas las manos con objetos religiosos que las raspan. La ‘seño’ de limpieza tiene que limpiar los baños, los pisos y la basura que dejan tirada, ella merece su salario justo. La parroquia es Casa de Dios, pero igual el sol quema y maltrata la madera, las puertas y el techo; y las lluvias hacen lo suyo, filtrándose, oxidando y destruyendo las rejas. Todo necesita mantenimiento, hermanos.

Nada es gratis. Solo el amor de Dios.

En este Tiempo de Cuaresma, donde la Iglesia nos invita a vivir la oración, el ayuno y la limosna, ponte una mano en el pecho y la otra en el bolsillo. Porque Dios no solo mira cuánto das… mira cuánto te cuesta dar.

Si quieres participar en alguna obra concreta o sumarte a iniciativas de evangelización, contáctanos (949631689 / contacto@perucatolico.com). Caminemos juntos y seamos parte de esta nueva evangelización que nuestra Iglesia y nuestro país necesitan.

Y ya saben: este fin de semana que las canastas de las colectas suenen como campanario y pesen como bolsa de mercado.

Por: «Franco…el que cree que a Dios no se le da el vuelto ni las sobras».