Fray Johan Leuridan Huys

El profesor y la familia, por Fray Johan Leuridan

El profesor y la familia, por Fray Johan Leuridan

Analicemos el tema de los escolares que al final de sus estudios no tienen la cultura de la lectura, tienen dificultades para entender lo que leen y no saben escribir correctamente.  La educación sufre mucho por la falta de educación antes de entrar en la escuela. Las causas son la familia donde marido y esposa trabajan, los padres que ya no quieren dedicar tiempo a la educación de sus hijos porque la vida lujosa no les da tiempo, la pareja con la mentalidad posmoderna, que considera que los hijos son autónomos y los divorcios y las separaciones no bien llevados por el machismo que abandonan la educación. La consecuencia es la madre soltera abandonada con los hijos. Muchos padres engríen a los hijos para hacerse la vida fácil porque hay fuertes presiones del ambiente en contra de los valores.  Los hijos engreídos terminan siendo personas agresivas porque no controlan a sí mismas. El profesor no puede dictar la clase porque no puede poner orden en el aula.

Él está sometido a un fuerte estrés y se vuelve indiferente o necesita apoyo psicológico. Los padres dan la razón a los hijos en contra del profesor. ¡El profesor debe aceptar las reacciones espontáneas de juegos, gritos y peleas en el aula!  Hay países donde los padres pueden exigir al profesor que apruebe a sus hijos desaprobados. En estos países han empezado a faltar profesores para cubrir la demanda porque hay un creciente rechazo a esta profesión.  Los reclamos sindicales de los docentes no deberían ser sólo por el aumento del sueldo. Conozco un país donde hay miles de vacantes para profesores y policías.

Todos los psiquiatras o psicoanalistas coinciden en que los niños necesitan recibir un amor que les permite en su madurez adquirir una “estima de sí mimos” que es la capacidad de hacer frente a los problemas que se les presentarán en su vida. Esta norma es la primera y reemplaza el autoritarismo y la educación sólo en base de obediencia a normas. No se puede educar a nadie sin no es desde el afecto y el compromiso con el otro. La familia tiene su autonomía que el Estado no puede reemplazar. No se puede comparar una educación afectiva de años en familia con una comunicación racional con un profesor que cambia cada ciclo de alumnos.  El segundo lugar, los niños necesitan aprender la obediencia.

Como dice el filósofo Luc Ferry, la ley no se discute, no se negocia, según el principio que nuestro “no” debe ser “no” y el “si” debe ser “si”. Sin obediencia, los niños no respetarán al profesor en el aula ni a sus compañeros. Los padres transmiten las normas no sólo por la razón sino también por la relación emocional de su ejemplo. Las normas son un bien y las pueden aprender en familia por el mensaje afectivo del sacrifico de los padres. Los padres invierten mucho dinero en las necesidades de los hijos en lugar de satisfacer comodidades para ellos mismos. El apoyo de las emociones a la teoría es decisivo para lograr la maduración de los hijos. 

Es importante que los padres mantengan un diálogo con sus hijos, sobre todo con los más pequeños porque escuchen cosas diferentes en las escuelas de sus nuevos amigos, pero no tienen los criterios para saber quien tiene la razón, sus amigos o sus padres.  Los hijos deben estar preparados para enfrentar la gran diversidad de los problemas que encontrarán en su vida. Los padres educan y los docentes enseñan. Los padres no deben hacer reclamos al profesor sobre las notas. 

Los gobiernos tienen la culpa principal por haber eliminado de los planes de estudio los temas de la ética, de la educación civil y de la familia. La nueva tendencia es la declaración democrática de la familia para combatir el machismo, pero confunde educación con enseñanza.  Los padres ya no tienen autoridad sobre sus hijos. En otras palabras, los padres de familia ya no pueden educar. Los jóvenes del futuro serán ciudadanos individualistas  y muy problemáticos. Como de costumbre, se va de un extremo a otro.

Buena parte de los jóvenes dan un gran parte de su tiempo a la diversión porque no creen en el mundo de los adultos.  No conocen los nombres de los ministros, pero sí de los cantantes. Los jóvenes no encuentran adultos en quienes confiar por la gran corrupción a alto nivel, los padres machistas que abandonan con gran facilidad a la esposa y la falta total de afecto para sus hijos. Esta problemática es por falta de ética. La responsabilidad, perseverancia, solidaridad, autonomía y respeto empiezan en la familia y en los primeros años de estudio. “No es, pues, de poca importancia contraer desde la infancia y lo más pronto posible tales o cuales hábitos; por el contario, es éste un punto de muchísimo interés, o por mejor decir, es el todo” (Aristóteles).  

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