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‘La creación y la salvación’, por P. Johan Leuridan

‘La creación y la salvación’, por P. Johan Leuridan

Has de reconocer hoy que el Señor es Dios, en lo alto del cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro.  Guarda los mandatos y preceptos que te voy a dar hoy (Dt. 4z, 39-40a).

Francisco describe a Jesús como una persona que vivía en armonía plena con la creación. No aparecía como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas agradables de la vida. “Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen que es un borracho” (Mt. 11,19). Jesús trabajaba con sus manos. Llama la atención que la mayor parte de su vida fue consagrada a esa tarea que no despertaba admiración alguna. Así santificó el trabajo y le otorgó un peculiar valor para nuestra maduración.

Una ética cristiana no puede fundamentarse exclusivamente sobre el mensaje evangélico. Ya encontramos en la carta a los Filipenses de San Pablo el reconocimiento de la ética en otras culturas. “Por lo demás, hermanos, fíjense en todo lo que se encuentren de verdad, noble, justo y limpio; en todo lo que es fraternal y hermoso, en todos los valores morales que merecen alabanza”.

Un principio muy elogiado es la igualdad. Si ésta es el principio principal nadie puede dar órdenes a otro. Estaríamos en la anarquía. También en el sistema democrática se considera la igualdad como parte de la esencia de la humanidad, pero se entiende que la sociedad no puede funcionar sin autoridades y se delega el poder por medio de elecciones. Las autoridades del Congreso Nacional dan las leyes que debe ser respetadas para que el ser humano puede vivir en paz. Se impone por coacción de amenaza de cárcel o multas el cumplimiento de las leyes. Sin embargo, las leyes no abarcan la gran amplitud de la vida humana. Por ejemplo, no prohíben la mentira, tampoco lo hace el Poder Judicial. 

Las dos grandes ideologías tradicionales del Liberalismo y del Socialismo hicieron aportes importantes pero sus visiones esquemáticas de la realidad ya fracasaron y además tienen una visión materialista. Para unos todo depende del mercado y para otros todo depende de la evolución de la materia.

Numerosos centros profesionales tratan de resolver el problema de las normas y valores por medio de los “comités de ética”, porque ya no se sabe la diferencia entre el bien y el mal. Estos comités son importantes y ayudan mucho pero no pueden llamarse “de ética” porque les falta el factor de la voluntad libre para hacer el bien. El comportamiento ético es fruto de la decisión libre de cada persona.

El gran desarrollo de las ciencias en la historia ha contribuido a declarar la autonomía del ser humano.  El hombre es capaz de desarrollar su vida y la sociedad. Ya no necesita a Dios. Al comienzo de la Modernidad (siglos dieseis y diecisiete) seguían creyendo en Dios, pero lo entendían como Alguien que creó el universo y después se retiró, ya no tiene ninguna relación con el ser humano. Nietzsche declaró que Dios no existe. Está de moda decir que uno es ateo.

Dios dio la libertad al hombre para asumir su propia responsabilidad y desarrollar su vida. Sin embargo, el hombre tiene la tentación de olvidarse de su Origen. Ya no pregunta “quien soy yo” sino solamente “qué voy a hacer”. ¿A donde se llevó este mundo bajo la libertad del ser humano? Trata de personas, narcotráfico, un mar lleno de plásticos, paraísos fiscales, monopolios, pandillas, feminicidios, bullying en los colegios etc. A las próximas generaciones podríamos dejarles escombros, desiertos y suciedad. El calentamiento del sistema climático traerá una falta de agua en muchos lugares.

Estamos en la sociedad individualista de masas. Cada uno es libre, incluso cuando el resultado es una discreta pero obsesiva soledad. Se prefiere la convivencia porque ya no existe la confianza en el otro para dar el paso al matrimonio. La crítica obsesiva deslegitimó las normas, los valores, los principios y la autoridad. Javier Gomá lo describe: Todos se tutean porque se imaginan del mismo nivel de inteligencia, responsabilidad y méritos. La sociedad es una multitud de solos. Basta abrir los ojos para contemplar el espectáculo de individualidades no emancipadas que ha redundado en el fenómeno de la vulgaridad. Mucho en elcine y la televisión son el ejemplo de esta cultura. “Llamo vulgaridad a la categoría que otorga valor cultural a la libre manifestación de la espontaneidad estético- Instintiva del yo”.

En el salmo 50 leemos: Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso.

Cristo irrumpió en la historia para que el hombre vuelve a descubrir el verdadero sentido de su existencia. “Como el Padre me amó, así también los he amado Yo: permanezcan en mi amor” (San Juan, 15: 9-10). Se presenta el misterio de Dios en la historia como una fuente de amor, vida, bien, libertad y belleza. Uno está llamado al seguimiento de Cristo. “Al aceptar la verdad, han logrado la purificación interior, de la que procede el amor sincero; ámense, pues, unos a otros, de todo corazón, ya que han nacido esta vez, no de semilla corruptible, sino de la palabra incorruptible de Dios que vive y permanece” (I San Pedro, 1: 22-239. 

“Como hijos amadísimos de Dios, esfuércense por imitarlo. Sígale camino del amor, a ejemplo de Cristo que nos amó (Efesios, V,1).

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