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TESTIMONIO: De Chiclayo a Camerún: el mensaje esperanzador de León XIV

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Mi nombre es Liliana Patricia Bobadilla Ojeda, soy numeraria, nací en Chiclayo, la tierra del Papa. Quiero contar algunas pinceladas de mi vida, a propósito del reciente viaje apostólico del Santo Padre a mi patria africana, Camerún, pues me considero peruana por nacimiento, pero camerunesa por adopción y de corazón.

En febrero de 2000 me mudé de Chiclayo a Lima e inicialmente trabajé como profesora en el colegio Salcantay. En octubre de 2002 asistí a la canonización de san Josemaría en Roma, tras esa peregrinación me quedé a vivir en la ciudad eterna a estudiar.

Ser testigo de una expansión apostólica en Europa y África

Fueron años en los que me tocó ver la expansión apostólica de la Obra y ser protagonista de ella: en 2003 las mujeres de la Obra comenzamos en Croacia y en 2004 en Eslovenia y Letonia, además cada año salían de Roma a otros países a ayudar la labor en otras regiones, pero el 2004 fue particularmente especial. Se reforzó la labor en Kenia, República Checa, Eslovaquia, República Dominicana, Líbano, Jerusalén, Bélgica, entre otras naciones de varios continentes y a mí me propusieron ir a ayudar en Camerún y me puse a aprender francés.

La Obra comenzó en Camerún en 1990. Primero en la capital Yaundé y luego con viajes a Duala, el centro de la economía nacional, y más adelante a Bamenda, ciudad anglófona, los cuales se suspendieron al estallar el conflicto. En su reciente viaje, León XIV visitó esa zona, demostrando que su mensaje de paz puede ayudar a deponer las armas. Dios quiera que así sea. En 2010 comenzó la labor en Duala y en 2011 se consiguió la casa de retiros, cerca de Yaundé.

Dos décadas en Camerún: de Benedicto XVI a León XIV

Llevo viviendo en Camerún 21 años, de los cuales —hasta la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa en 2023— viví en Rigel, el centro que se ocupa de la labor con gente joven, aunque ahora también hay labor de san Gabriel. Actualmente trabajo en una embajada diplomática.

Cuando vino León XIV hace algunas semanas, tuve la suerte de encontrarme en el Palacio de Gobierno el día de su llegada, el miércoles 15 de abril. Ya había vivido una situación similar en el 2009 cuando vino Benedicto XVI, pero esta vez prácticamente llegamos a ubicarnos en la misma puerta de entrada al Palacio.

Había delegaciones de alumnos de diferentes colegios católicos. Fui con Alicia, una de las que llegó a iniciar la labor en Camerún en 1990, además con Paula y Juliette, dos compañeras de trabajo.

Una primera sorpresa: pronunciar Chiclayo

Paula vino con su cámara de fotos profesional y pasaba como reportera profesional y yo era su asistente, lo que nos permitió estar en una zona con colegas de prensa. Desde mi casa me iban contando por el celular los primeros pasos del Papa en la tierra de Camerún: “ya aterrizó, va avanzando por tal avenida” y nuestra emoción crecía mientras se acercaba a nuestro lugar.

Cuando escuchamos a las sirenas intentamos entonar los cantos preparados y ondear nuestras pequeñas banderas de Camerún y del Vaticano. Cuando se acercó su auto fue muy emocionante, me puse cerca de la alfombra por donde subiría las escaleras y casi le pude decir que era de Chiclayo, pero justo en ese momento un sacerdote le habló y ya desvió la atención con él. A quien si pude decirle con calma la ciudad de la cual provengo, fue a su secretario, el Padre Edgar quien sorprendido me preguntó si era cierto y le dije que sí. Primera sorpresa de este viaje.

Un saludo en la Nunciatura

Aunque esperé la salida del encuentro con el presidente de Camerún y las autoridades civiles, ya no pude acercarme pues mucha gente lo rodeaba. Pero estábamos igual de exultantes, porque saludar al Papa es saludar al vicario de Cristo en la tierra.

El Papa continuó el plan previsto: fue a visitar un orfanato y luego tuvo un encuentro con los obispos en la Conferencia Episcopal. Como sabíamos que después del último encuentro llegaría finalmente a la Nunciatura, allí me dirigí con Paula para esperarlo. Había un grupo de personas que habían pensado lo mismo y entonaba cánticos de júbilo.

También se acercó un matrimonio amigo, vecinos de la Nunciatura, que nos invitaron a acercarnos más y con ellos esperábamos a León XIV en la reja que da entrada a la Nunciatura. En cuanto sonaron las sirenas comenzó nuevamente la algarabía y esta vez el Santo Padre estaba sentado en su auto con la luna baja y al pasar cerca de mí, le pude decir que era chiclayana mientras nos daba la bendición.

Al día siguiente volvimos a la Nunciatura para verle cuando salía rumbo al aeropuerto para viajar a Bamenda, zona azotada por la guerra, y lo volvimos a saludar mientras nos impartía la bendición. El día anterior mientras el Papa estaba en Palacio de Gobierno, me acerqué al chofer del Papa y le dije pronunciando un italiano malo, que era de Chiclayo o de Perú, de la emoción ya no me acuerdo, ¡Y el chofer me respondió como el Papa! Creo que mientras bajaba el auto de la Nunciatura el chofer me reconoció, pues sonrió al verme. Me ilusiona pensar que fue él quien le dijo al Papa que soy su “paisana”.

Una reflexión personal

El mundo es muy pequeño. Ni siquiera ha pasado un año de la elección de León XIV y ha venido a visitarnos. Es una emoción muy grande. Aunque durante su periodo como obispo en Chiclayo, no lo llegué a conocer por vivir en Camerún, sabía que en Chiclayo teníamos un obispo norteamericano que luego se fue a trabajar a Roma como cardenal y tenía mucho cariño a mi ciudad. De hecho, en plena pandemia administró el sacramento de la confirmación a mi sobrina en el colegio Manuel Pardo, pero esto lo supe después de su elección. Mi sobrina buscó la foto y aunque los dos están con mascarilla sabemos que es él.

Me identifico con él porque también yo dejé Chiclayo y mi país, para transmitir a otras personas el amor de Dios y cumplir una misión apostólica

Siento por el Santo Padre mucho agradecimiento por su labor pastoral no solo en Chiclayo, sino también por los otros lugares donde trabajó en el Perú: Chulucanas, Piura, Trujillo y el Callao. Me identifico con él porque también yo dejé Chiclayo y mi país, para transmitir a otras personas el amor de Dios y cumplir una misión apostólica. Nada menos que en África, donde estuvo en cuatro países, del 13 al 23 de abril, siguiendo las huellas de su padre espiritual, san Agustín, en Argelia; luego Camerún, Angola y finalmente Guinea Ecuatorial.

De la JMJ de Lisboa 2023 al viaje apostólico en Camerún

Pienso que el recibimiento en Camerún al Papa ha sido mejor que en otras ocasiones. Los católicos somos menos del 30 por ciento aquí y esta vez el arzobispo de Yaundé, Monseñor Jean Mbarga pidió a todos salir a recibirlo durante todo su recorrido. La gente tiene fe y espera que la visita del Papa marque el inicio de un cambio que ya se hace esperar mucho en Camerún.

Hace unos pocos años, tuve la suerte de acudir a la JMJ de Lisboa 2023 con un grupo de jóvenes mujeres de san Rafael de Camerún y fueron ellas las que organizaron y entusiasmaron a otras jóvenes, con el deseo de ir detrás del Santo Padre. Hicieron camisetas, organizamos una convivencia durante los días de estancia del Papa en nuestro país y por supuesto participaron en la Vigilia de oración previa a la Misa del sábado 18 abril, que para mí fue una caricia de Dios, pues coincidía con el 191° aniversario de mi querida ciudad de Chiclayo.

Lo mismo sucedió en Duala, donde vive Jacqueline, quien viajo con nosotras a la JMJ en Lisboa, ella fue clave en la organización de actividades similares con las jóvenes de esa ciudad.

Aprender a imitar la serenidad del Papa

Lo que más me impacta de ver al Papa esos días es su serenidad, se nota que reza mucho, pero también su generosidad. El plan previsto era súper completo y ya tiene setenta años. Concluimos que el único lugar donde podría almorzar era en el avión, a la Nunciatura llegaba para cenar y salía después de desayunar. Nuestro país es caluroso y seguro que se cansaba. Me propuse seguir su ejemplo cada vez que siento cansancio o me quejo del calor y a ver si consigo tener su serenidad. También me impresionó lo informado que estaba de nuestra realidad y lo compasivo –empático– que han sido en todos sus mensajes.

Nos ha recordado, pues ya me considero camerunesa, además de chiclayana, el valor que tenemos para la Iglesia y nos ha animado a actuar para lograr el cambio que todos queremos y esperamos.

Nos ha recordado, pues ya me considero camerunesa, además de chiclayana, el valor que tenemos para la Iglesia y nos ha animado a actuar para lograr el cambio que todos queremos y esperamos. Además, ha sido claro en defender la doctrina de la fe, que no se puede mezclar con otras creencias o con la falta de coherencia. También nos ha recordado la misión que tenemos como cristianos.

Desde que el Papa Francisco falleció, ya rezaba por el nuevo Papa y le pedía a la Virgen un Papa joven. Me parecía que nos habíamos olvidado de la vitalidad de san Juan Pablo II, ya que tanto Benedicto XVI como Francisco, llegaron a ocupar la sede de Pedro ya mayores. No me interesé por los nombres que circulaban en los medios en los días previos a su elección y me dediqué a rezar. En mi casa me decían: “Patty no basta que sea joven, tiene que ser santo, pero eso yo lo daba por descontado”.

Un recuerdo del 8 de mayo: día en el que Chiclayo entró en los corazones de muchos

Mientras seguía con la clase y ya rezaba por él, como nos enseñó san Josemaría, quien en ese orden le gustaba invocar, pedir, rezar y agradecer a: ¡Cristo, María y el Papa!

El jueves 8 de mayo por la tarde me encontraba dando una clase a unas amigas y escuché movimientos en la casa. Beatrice me dijo: ¡fumata bianca!, le pedí que nos avisara cuando saliera al balcón de San Pedro el nuevo Papa, pero ya en mi interior estaba feliz de saber que se había elegido al Papa. Llevábamos algunos días con sede vacante. Mientras seguía con la clase y ya rezaba por él, como nos enseñó san Josemaría, quien en ese orden le gustaba invocar, pedir, rezar y agradecer a: ¡Cristo, María y el Papa!

Acabé la clase y nos instalamos en la sala de estar frente al televisor. Al escuchar su nombre reconocí rápidamente al Obispo Francis Prevost, pero yo no hablaba de la emoción que me embargaba en ese momento histórico para todos los chiclayanos. Beatrice buscó en su teléfono por Google quien era Prevost y me dijo: de Chiclayo y ya pude hablar. Fue emotivo escuchar su saludo a nuestra diócesis.

Roma y el mundo, supieron que existía nuestra querida ciudad. Comenzaron a llamarme y mandarme mensajes amigas y compañeras de todas partes para felicitarme, entre ellas mi madre, que vive en Chiclayo.

Hasta hoy sus palabras en el balcón de san Pedro son una invitación a tomarnos en serio nuestra misión de cristianos: “Y si me permiten también una palabra, un saludo a todos aquellos, en modo particular, a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto, para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo».

Autora: Patricia Bobadilla

Artículo publicado originalmente en www.opusdei.org/es