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105. Perú convertido en Belén viviente por el Bicentenario

105. Perú convertido en Belén viviente por el Bicentenario

Perú Católico, líder en noticias rumbo al Bicentenario de la Independencia. Este artículo es escrito por el Doctor e Historiador José Antonio Benito.

Felices de ver un nacimiento de Huancavelica en el Vaticano, precisamente en nuestro Bicentenario, vamos a reflexionar sobre el magnífico regalo de nuestro Perú, convirtiéndose en un nuevo Belén que Jesús quiso habitar. El Niño Jesús tiene la apariencia de un niño «Hilipuska», por estar envuelto en una manta típica de Huancavelica.  Las imágenes de María, José, los Reyes Magos están vestidas con los trajes típicos chopcca.  El nacimiento ‘andino’ está compuesto por más de 30 piezas y creado por cinco famosos artistas de Huancavelica. El pesebre peruano pretende conmemorar el 200 aniversario de la independencia del país y cuenta con estatuas de diversos animales pertenecientes a la fauna local, como alpacas, vicuñas, ovejas, vizcachas, parihuanas y el majestuoso cóndor volando. Las estatuas del Niño Jesús, la Virgen María, San José, los Reyes Magos y los pastores están hechas a tamaño natural con materiales como la cerámica, la madera de maguey (agave) y la fibra de vidrio.

Los Reyes Magos llevan alforjas o sacos con alimentos típicos de Huancavelica, como papas, quinua, kiwicha, cañihua, y están acompañados de llamas con la bandera peruana en sus lomos. El nacimiento del Salvador está anunciado por un niño ángel, que toca el típico instrumento de viento llamado Wajrapuco. También se puede observar una representación a pequeña escala de la comunidad quechua hablante de Chopcca, de unos 10.000 habitantes, a unos cuatro mil metros de altura, atravesada por el Qhapaq Ñan o Camino Inca, con su cultura, tradición y herramientas de trabajo ancestrales, que los agricultores utilizan para arar la tierra. 

Su autor es el artesano huancavelicano, Manuel Breña, que, en el 2011, ganó el primer puesto del concurso nacional de nacimientos “Navidad es Jesús” y para esta ocasión ha elaborado con fibra de vidrio, resina, espuma y estructuras de fierro las nueve principales imágenes del nacimiento que tienen hasta 1.80 metros de alto como San José. Otros cuatro artesanos trabajaron las demás figuras que conforman el nacimiento de 35 piezas.

Su creación es todo un modelo de “sinodalidad”, caminar juntos, de varias instituciones modo armónico e integrador a la Conferencia Episcopal de Perú, la Diócesis de Huancavelica, el gobierno regional, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Embajada de Perú ante la Santa Sede, presentes en el momento de la inauguración en las personas del obispo del lugar Mons. Carlos Salcedo Ojeda, el Canciller del Perú, Óscar Maúrtua, el gobernador regional de Huancavelica, Alejandro Díaz, así como los  representantes de Kallpa Generación, compañía dedicada a la generación de energía que opera en Huancavelica.

Durante esta inauguración, Oscar Maúrtua señaló que “con esta escena navideña, el Perú busca reafirmar su alma cristiana, declarar al mundo que para nosotros, en respeto a la laicidad y a la libertad de credo, la Iglesia Católica ha sido y seguirá siendo un recurso de moralidad, humanidad, celebración, creación y trascendencia”.

El gobernador regional de Huancavelica, Maciste Díaz, explicó que “todo el Perú y en especial Huancavelica se encuentran unidos, viéndonos en directo y alegres, con el coro de niños acólitos de la catedral de Huancavelica que entonan villancicos celebrando este hecho trascendental que nos llena de orgullo y entusiasmo”.

Tan importante es el acontecimiento de la Navidad, el Nacimiento de Dios Hombre, que la Iglesia le dedica 4 semanas a prepararlo, todo el tiempo de Adviento. Dice el refrán que la fiesta se conoce por la víspera. El evento, el acontecimiento, por su preparación. Podemos decir que el Perú entendido como patria, lleva esperando desde hace más de veinte mil años; desde el mismo origen de la patria peruana puede datarse la innegable fuerza del fenómeno religioso, la trascendencia, la activa espera que es la esperanza; baste mencionar los santuarios ceremoniales como Caral, templos en “U” como Paraíso, Garagay, petroglifos de Toro Muerto (Arequipa), Chavín, Pachacámac, Ampato (Proyecto Santuarios de alturas de la UCSM)…para constatar la profunda religiosidad de nuestro pueblo. Podríamos decir que va preparando el gran Belén en el que se convertirá. Todas las deidades y las creencias apuntadas en las diferentes culturas del Perú vienen a ser las “semina Verbi” (semillas del Verbo), que preparan la germinación que constituye la llegada del Verbo, el mismo Cristo, verdad y vida. Así lo manifestó Benedicto XVI en la sesión inaugural de la V conferencia en Aparecida (Brasil) en el 2007:  

¿Qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y del Caribe? Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente.

Antes de la introducción de las fiestas navideñas al Perú, los incas celebraban por estas mismas fechas, coincidiendo con el solsticio de invierno, el Cápac Inti Raymi Killa, “una fiesta religiosa prehispánica en honor al Sol que se llevaba a cabo en el mes de diciembre, donde se realizaban sacrificios de animales, se bebía chicha de jora, se mascaba coca y se bailaba. Corresponde al primer mes del calendario inca. En este día se reunían las cenizas de los sacrificios y las arrojaban a los ríos para que estos las llevasen al mar, a Viracocha, como el retorno de todo a su autor. En las celebraciones del Cápac Raymi se realizaba el “Warachikuy” una ceremonia de iniciación de los varones jóvenes del Tawantinsuyo y los sacerdotes ofrecían sacrificios de animales. Así lo refiere el cronista Alonso Ramos Gavilán hacia el año 1621 para la península de Copacabana (lago Titicaca), área considerada sagrada y patria de los fundadores del Tawantinsuyo, Manco Cápac y Mama Ocllo.

Y Dios se hizo peruano

Lo escribe Juan el evangelista: “Y el Verbo  se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Y en pleno Renacimiento, con la llegada de los españoles, Jesús -el Dios Niño – el Manuelito, hace del Perú un nuevo Belén, y se va forjando la nación peruana, en el siglo XVI, con su primera síntesis global mestiza gracias a la simbiosis hispano andina más el aporte afro.

El historiador indiano Francisco López de Gómara nos legó una inmortal frase en el prólogo de su “Historia general de las Indias”: “la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo creó, es el descubrimiento de Indias”. Lo deja claro, “sacando la encarnación”.

La Iglesia Católica, comunidad de creyentes fundada por Jesucristo en Jerusalén, nacida en el año 33, tras el acontecimiento de Pentecostés, y se hace presente en el Perú con la llegada de los primeros españoles y cristianos. El puente establecido entre las dos realidades, la eclesial y la nacional, la católica y la peruana, se conoce como Patronato Regio, y está marcado con una estrecha unión entre Iglesia y el Estado. Este peculiar régimen se configuró de acuerdo a cuatro bulas pontificias o documentos misionales que convertían a los monarcas españoles en los responsables y agentes de la evangelización. Al tiempo que la Santa Sede daba permiso a la Corona de Castilla para poblar nuevos territorios le pone la condición de facilitar la evangelización. Se busca por tanto difundir el Evangelio y la incardinación política de los nativos en el sistema hispánico como consecuencia.

Una clara manifestación de la evangelización inculturada se palpa en los retablos navideños de nuestras iglesias y de nuestros museos. En ellos podemos contemplar la sublime belleza y creatividad derrochadas por los artistas del virreinato.

Sobresalieron en ella santos, beatos y siervos de Dios con conmovedora labor caritativa y social. Con razón el Papa Francisco pudo referirse al Perú como “tierra ensantada”.  Los santos, mártires y misioneros constituyen el gran tesoro del Perú, el mejor contrapunto a la indiferencia y olvido de los peruanos más olvidados.

Un botón de muestra nos lo brinda Santo Toribio Alfonso Mogrovejo, tal como relata el jesuita P. Francisco de Contreras, que lo conoció desde 1592 y fue ordenado de sacerdote por él: “Y asimismo vio este testigo que habiéndole enviado de esta ciudad con grande regalo de dulces por ser tiempo de Navidad su hermana doña Grimanesa, el dicho Señor Arzobispo lo repartió todo entre pobres yendo él mismo a los ranchos de los indios enfermos a visitarlos y dárselo sin quedarse con cosa y le dijeron a este testigo que aquella noche de la vigilia de Navidad había hecho colación con solo un durazno o manzana sin otra cosa”.

Y llegamos al Perú entendido como Estado, desde el proceso independentista (1780-1824). Como han caracterizado desde puntos de vista diferentes Arguedas, Belaunde,  Basadre, el Perú de todas las sangres, la síntesis viviente, el afán de una promesa, siempre -como advierte Mariátegui- necesitado de peruanizarse, para no diluir su potente identidad. Y su identidad es plenamente cristiana, que se constata en la fundación de las ciudades, el cuidado de las fronteras, la creación de monasterios y conventos, hospitales y puericultorios, templos y santuarios, colegios y comedores, que permitieron el desempeño territorial de la República con la incansable labor de los Misioneros y de maestros en el arte, la arquitectura, la escultura, la pintura, la lingüística.

Un lindo villancico de Takillakta -¡Vamos a Belén- nos invita a peregrinar hasta Belén desde todas las regiones del Perú para adorarle y llevarle unos regalos…de Ayacucho cuatro quesos le he traído porque yo lo quiero mucho; y yo desde Cusco vengo para ver a mi Niñito con amor le he traído un ponchito y un chullito”. ¡Ojalá que en estos días entrañables ofrezcamos al Divino Niño y a todos los niños del mundo, especialmente, a los que tenemos más cercanos, “picarones”, “miel”…­nuestro corazón, un corazón sincero, generoso, gigante, donde quepa la justicia y la verdad, la valentía y la solidaridad, la entrega total!

Estamos en el Bicentenario del Perú, tiempo de recuerdo agradecido, pero también de compromiso, la gran oportunidad de forjar un nuevo Belén. Como contrapunto al villancico indicado, yo quiero invitar a Jesús, María, José, la Sagrada Familia, que canten también: “¡Vamos al Perú, donde se adora al verdadero Dios y se vive en esperanza y comunión!”.

Foto del autor de esta sección y artículo: Doctor e historiador José Antonio Benito Rodríguez.

*No olvides de ingresar a este enlace en donde encontrarás todos los personajes que forjaron nuestra independencia: https://perucatolico.com/c/la-iglesia-ante-el-bicentenario/

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