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70.- Los oratorianos y la Independencia

70.- Los oratorianos y la Independencia

Perú Católico, líder en noticias rumbo al Bicentenario de la Independencia. Este artículo es escrito por el Doctor e Historiador José Antonio Benito.

Más allá de las clásicas congregaciones religiosas misioneras (dominicos, franciscanos, mercedarios y agustinos) se sabe poco de ellas y muy poco del momento de la Independencia. Compartimos algunos apuntes de la denominada “clérigos oratorianos de San Felipe Neri”.

La Congregatio Oratorii Sancti Philippi Nerii es una sociedad de Vida Apostólica conformada por sacerdotes seculares y seglares que viven en común, sin votos religiosos, iniciada por san Felipe Neri, en las inmediaciones de la iglesia romana Santa María in Vallicella. El Papa Gregorio XIII la erigió en 1575 con la bula «Copiosus in misericordia Deus», y su característica es que sus sacerdotes tienen el compromiso de seguir el modelo fundado por san Felipe Neri. Popularmente conocido como el santo de la Alegría y Apóstol de Roma nació en Florencia (Italia) el 21 de julio de 1515 y falleció el 26 de mayo de 1595 en Roma; fue canonizado en 1622.

La fundación se llevó a cabo en San Girolamo, en Roma, donde sus discípulos se reunían para la instrucción espiritual mediante conferencias. En 1564 se hizo cargo de la iglesia de los Florentinos, donde sus discípulos sacerdotes celebraban la Misa y predicaban cuatro sermones diarios, intercalados con himnos y devociones populares. El trabajo de once años en San Juan demostró que la nueva congregación necesitaba una iglesia propia y vivir bajo una regla definida. Obtuvieron del Papa la iglesia de Santa María in Vallicella, hoy conocida como la Chiesa Nuova, donde la congregación fue erigida por Gregorio XII el 15 de julio de 1575. La nueva comunidad debía ser una congregación de sacerdotes seculares viviendo bajo obediencia, pero sin ningún voto que los atara. Otra característica del instituto fue el hecho de que cada casa era independiente.

La regla, una recopilación de la forma de gobernar de San Felipe, no fue escrita sino hasta diecisiete años después de su muerte, y fue finalmente aprobada por Pablo V en 1612. La admisión a la congregación también se realiza por elección y el candidato debe ser “natus ad institutum,” tener entre 18 y 40 años de edad y tener los suficientes ingresos como para mantenerse. El noviciado dura tres años y es probablemente así de largo para probar firmemente la vocación a un instituto sin votos. Concluyendo los tres años, si el novicio es aprobado, se convierte en un padre trienal y miembro de la congregación, pero no tiene voto electivo sino hasta que cumple sus diez años. La expulsión se realiza por una mayoría de dos tercios de los votantes. A ningún miembro se le permite aceptar cualquier dignidad eclesiástica. Se establecieron también regulaciones para el vestir, modo de vida en la comunidad y para el refectorio. El instituto tiene tres objetivos: oración, predicación y los sacramentos. “Oración” incluye un cuidado especial en la realización de los oficios litúrgicos, estando los padres presentes en coro en las fiestas principales, así como acudir a las devociones populares diarias. Los “Sacramentos” implican su frecuente recepción, la cual había caído en desuso en tiempos de la fundación del Oratorio. Para este propósito, uno de los padres debe haber siempre en el confesionario y todos estar presentes para confesar en vísperas de fiestas. La forma de dirección como fue enseñada por San Felipe es ser amable, más que severo, y las faltas muy graves deben ser tratadas indirectamente. “Una vez que un poco de amor logra entrar en sus corazones,” dice San Felipe, “el resto vendrá solo.”

La “Predicación” comprende cuatro sermones diarios. Los sermones en el oratorio eran discursos simples y familiares; el primero una exposición de algunos puntos de la lectura espiritual que había precedido, y por lo tanto impromptu; el siguiente sería sobre un texto de la Sagrada Escritura; el tercero sobre historia eclesiástica y el cuarto sobre vidas de los santos. Cada sermón duraba media hora, al cabo de la cual sonaba una campana y el predicador se callaba de inmediato. La música, si bien popular, era de alto nivel. Palestrina, un penitente del santo, compuso muchos de las laudes que se cantaban. Su excelencia excitó la admiración de los extranjeros. John Evelyn en su diario, el 18 de noviembre de 1644, habla de sí mismo como embelesado con el sermón de un niño y los servicios musicales del Oratorio de Roma. Animuccia, maestro de coro en San Pedro, asistía constantemente para guiar el canto. En cercana conexión con el Oratorio está la Hermandad del Pequeño Oratorio, una confraternidad de clérigos y laicos, primero formados por los discípulos de San Felipe, quienes los juntaban en su cuarto para oración mental y Misa los domingos, visitaban en turno un hospital diario y se disciplinaban en los ejercicios de la pasión los viernes. Hacían juntos la visita de las siete casas, especialmente en tiempo de carnaval y su devoción y actitud de recogimiento convirtieron a muchos.

Hacia 1800 el Oratorio se continuó expandiendo por Italia, España, Portugal, Polonia y otros países europeos; en Brasil, India y Ceilán, el fundador fue el famoso misionero Giuseppe de Vaz. En Francia, bajo Napoleón I el Oratorio fue deshonrado y suprimido, pero la congregación se recuperó y, después de una segunda supresión en 1869, revivió. Actualmente se encuentra difundida en varios países del mundo.

La Congregación del Oratorio es una Sociedad Clerical de Derecho Pontificio (Can. 589), de clérigos y laicos que, conforme a sus constituciones, llevan una vida común, sin votos, solo unida por el vínculo de la mutua caridad. Es una Sociedad de Vida Apostólica (Can. 73, § 1), con personalidad jurídica (Can. 114; 741, § 1) y casa sui iuris (Can. 613, § 2) (cfr. Nº 15 de las Constituciones de la Confederación del Oratorio de San Felipe Neri). Las Congregaciones del Oratorio, unidas entre sí por el vínculo de la caridad, se unen en Confederación internacional la cual fue establecida por la autoridad Apostólica para que las Congregaciones puedan ayudarse unas a otras eficazmente, preservando fielmente su autonomía original. (cfr. Nos. 1 y 2 de los Estatutos Generales para la Confederación del Oratorio de San Felipe Neri)

A la fecha de 26 de mayo de 2016 – fin del Año Jubilar Oratoriano- motivado por el V centenario del nacimiento del santo, los oratorianos en todo el mundo son más de 6000, distribuidos en 86 casas. Entre ellos hay 580 sacerdotes. Cada casa oratoriana es autónoma y sus miembros tienen estabilidad en la casa a la que pertenecen. El carisma es la vida familiar en caridad, humildad y alegría. El estilo de vida oratoriana iniciado en el siglo XVI, sin embargo, se revela hoy más que nunca adecuado para el buen desarrollo espiritual, apostólico y humano de los sacerdotes, dado que, incluso para los mismos laicos, el Oratorio de San Felipe Neri fue el inicio de los primeros grupos parroquiales, al dar tanta importancia a la formación laical.

Conocemos por el historiador Vicuña para los tiempos de la Independencia del Perú una célebre conspiración denominada de los oratorianos (1810). Se efectuó en el Convento de los religiosos del Oratorio San Felipe Neri y parece que tengan como protagonistas a Tomás Méndez Lachica, Cecilio Tagle y Segundo Carrión. Allí varios sacerdotes y otros personajes renombrados (entre ellos el Conde la Vega del Ren) se reunían. Al enterarse el virrey de las tertulias, envió a un capitán de su guardia a la portería del convento, quien, sacando un farolillo de su capa, alumbraba las caras y daba las buenas noches a los que se retiraban de las tertulias.

Entonces, envió a un centinela para que esperara en la puerta del lugar y cuando saliera cada uno de los concurrentes, le iluminara el rostro y le enviara saludos de parte del Virrey. Al poco tiempo, dejaron de reunirse en el Oratorio.

Entre los célebres oratorianos del Perú, cabe citar a Juan Bravo de Rivero (1743-1752), limeño que llegó a ser obispo de Arequipa, y destacó por su dinamismo en el apoyo a la construcción de templos y monasterios, tales como el Monasterio de Santa Rosa, el de Santa Catalina y la reforma de la cripta de los Obispos en la Catedral.

 Pedro Bravo de Lagunas y Bedoya, fue doctor en ambos derechos, en la Universidad de San Marcos, y una vez recibido como abogado ante la Real Audiencia de Lima, fue nombrado fiscal protector de indios, atendiendo además el juzgado eclesiástico de testamentos, legados y obras pías. Actuó como asesor general del Virreinato durante la administración del Marqués de Villa García y, fue nombrado oidor supernumerario de la Audiencia limeña. Posteriormente, sería elegido consejero honorario del Consejo de Indias. Ordenado sacerdote, ingresó en la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (19 de enero de 1759). Entre sus obras figuran oto consultivo (1755). Discurso histórico jurídico del origen, fundación, reedificación, derechos y exenciones del Hospital de San Lázaro de Lima (1761).Colección legal de cartas, dictámenes y otros papeles en Derecho (1761).

Tomás Mendez y Lachica fue miembro de la Sociedad de Amantes del País y uno de los precursores de la Independencia del Perú. Formó parte del grupo que escribía en el Mercurio Peruano, con el pseudónimo de Teagnes y miembro del Congreso Constituyente de 1822 por el departamento de Ayacucho

Carlos Pedemonte y Talavera (1774-1831) ingresó como sacerdote  a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, convirtiéndose en su prepósito o superior en 1800. Comprometido con la situación política del Perú, cuestionó la participación de algunos peruanos en las Cortes de Cádiz. Ante el cambio del virrey Abascal en 1817 por Joaquín de la Pezuela, es propuesto como rector del Real Convictorio de San Carlos en sustitución de Toribio Rodríguez de Mendoza.

P. José Mateo Aguilar (1794-1862), a partir de 1824, residió en el Seminario de Santo Toribio, y desde 1837, y hasta su deceso, en la casa de la congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Tres años más tarde, y hasta el día de su muerte, cumpliría con el cargo de examinador sinodal del arzobispado, por especial pedido de Francisco de Sales Arrieta, quien lo apodaría “Timoteo” por estar dispuesto siempre a cooperar.

José Faustino Sánchez Carrión (1787-1825), agotado por la labor realizada en los difíciles años de las guerras independentistas y debilitada su salud, resolvió retirarse a la hacienda “Grande”, de los padres del oratorio de San Felipe Neri, donde murió el 2 de junio de 1825 a los treinta y ocho años de edad.

Foto del autor de esta sección y artículo: Doctor e historiador José Antonio Benito.

*No olvides de ingresar a este enlace en donde encontrarás todos los personajes que forjaron nuestra independencia: https://perucatolico.com/c/la-iglesia-ante-el-bicentenario/

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