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85. Juan Francisco de Vidal La Hoz (1800-1863). Primer soldado del Perú

85. Juan Francisco de Vidal La Hoz (1800-1863). Primer soldado del Perú

Perú Católico, líder en noticias rumbo al Bicentenario de la Independencia. Este artículo es escrito por el Doctor e Historiador José Antonio Benito.

Nuestro protagonista es uno de los cuatro rostros visibles seleccionados para el gigantesco monumento a los próceres levantado en los fastos del sesquicentenario de la independencia en el parque del distrito de Jesús María. En el reciente libro de Enrique Gargurevich acerca de su trayectoria, destaca cómo siendo un joven provinciano de tan solo diecinueve años en el año 1819, se unió a la lucha patriota y permaneció en ella, hasta que la última guarnición militar, la de la Fortaleza del Real Felipe del Callao, entregó las armas un 22 de enero de 1826, convirtiéndose en el primer soldado del Perú y presidente por dos veces del Perú, tal como recuerda con orgullo en su “Memoria” de 1855.

Nació en Supe, el 2 de abril de 1800, hijo de don Julián Vidal y de doña Ventura La Hoz, labradores. A los diez años era buen nadador y jinete. Alumno del Seminario de Santo Toribio en Lima, en las vacaciones ayudaba a su padre en las tareas agrícolas.

Estuvo presente en la proclamación de la Independencia en Supe el 5 de abril de 1819, mientras desembarcaban las tropas patriotas de Lord Cochrane. Admitido en las fuerzas patriotas como subteniente de infantería de marina, se le encomendó contactar con los patriotas de Lima, así como requisar dinero y capturar presas. A tal efecto, viajó con la escuadra a Valparaíso (Chile), para regresar luego con el segundo crucero en septiembre de 1819. Participó en la persecución de la fragata Prueba hasta la isla Puná, y en Supe logró obtener víveres y agua para la cansada y enferma tripulación. pasó nuevamente a Chile, y a las órdenes de Cochrane marchó hacia el sur, donde todavía resistían los realistas. Su apelativo de “Primer Soldado del Perú” lo consiguió por su audaz participación en el combate de la toma de Valdivia (Chile), considerada hasta entonces inexpugnable; al frente de solo 60 hombres, redujo a los 600 españoles que guarnecían el castillo de San Carlos (3 de febrero de 1820), tal como relató en sus “memorias”, pronunciando su célebre frase: “Donde entra mi gorra, entro yo”.

Ascendido a capitán, integra la IV Compañía del Batallón N.º 8 de los Andes, con el fin de comunicarse con los patriotas. Naufraga frente a Huarmey, el 10 de agosto de 1820, y los realistas tratan de sumarlo para la causa. Enterado del desembarco del Ejército Libertador de San Martín en Ancón, se concertó con otros jóvenes de Supe para capturar 500 caballos y 150 prisioneros armados, con los que se presentó ante San Martín en el campamento patriota.

Al mando de una fuerza fue destacado a la sierra, para secundar la expedición del general Juan Antonio Álvarez de Arenales. Se dedicó a organizar guerrillas o montoneras con las que hostigó a los realistas en las inmediaciones de Lima. Cuando esta ciudad fue abandonada por los españoles en julio de 1821, Vidal y sus tropas se dedicaron a hostigarlos a lo largo de su retirada hacia la sierra. Herido gravemente en la quebrada de Socos, pasó largos meses restableciéndose. Fue asociado a la Orden del Sol, el 12 de diciembre de 1821

Tras el motín de Balconcillo, el nuevo presidente José de la Riva Agüero lo envió a guarnecer Huánuco. Tras la llegada de Bolívar y el apresamiento de Riva Agüero en Trujillo, se internó en la montaña con los indios panataguas y le ofrece su apoyo. Ascendido a teniente coronel, el 10 de noviembre de 1823, cumplió su objetivo evitando que el general español Juan Ramírez amenazase la retaguardia patriota antes de la batalla de Junín. Luego dirigió operaciones diversionistas al norte, amagó a los realistas que se hallaban en Lima, en noviembre de 1824; y ante el propio Bolívar luchó en Miranaves contra una columna salida de la Fortaleza del Real Felipe, el 1 de febrero de 1825.

Fue comisionado para viajar a Bolivia ante el general Sucre. A su regreso, fue involucrado en una presunta conspiración junto al general Mariano Necochea (27 de julio de 1826), por la que es desterrado a Chile. Tras la reacción nacionalista del día 27 de enero de 1827 que acaba con el régimen bolivariano vuelve al Perú y es nombrado gobernador de la fortaleza del Callao.

A fines de 1827 es destinado a Ayacucho para someter a los rebeldes iquichanos de Huanta, apresando a sus líderes en mayo de 1828. Posteriormente, acompaña al presidente José de La Mar en la campaña contra la Gran Colombia. Restablecida la paz con Colombia, asumió el comando del Batallón Callao acantonado en Lima, siendo ascendido a coronel en 1829 y fungiendo como edecán del presidente Gamarra. En 1831 participó en la campaña en la frontera con Bolivia, pasó a ser comandante de la guarnición de Ayacucho; y fue ascendido a general de brigada en diciembre de 1832.

Elegido diputado por Lima en 1833, se incorporó a la Convención Nacional y va a estar en primera línea en los golpes y contragolpes de la república peruana en ciernes. Así, impidió que muriese el general Salaverry en el combate librado en la Garita de Moche (al norte del actual Puerto Salaverry), el 19 de noviembre de 1833. Al ser elegido presidente provisorio el general Luis José de Orbegoso, el 20 de diciembre de 1833, le será fiel a pesar del golpe del general Bermúdez. El 9 de enero de 1836 En Lima asumió el mando interino de la Nación, hasta el retorno de Orbegoso. Ascendido a General de División y nombrado prefecto del departamento de Huaylas se mantuvo al servicio de la Confederación Perú-Boliviana. Herido en combate, se retiró a Huaylas, donde se enteró del viaje de Orbegoso al extranjero, y se pone a las órdenes de Gamarra en contra de los confederados.

Prefecto y comandante general jefe de Estado Mayor General del Ejército Restaurador; diputado por Huarochirí en el Congreso General de Huancayo (1839); miembro del Consejo de Estado y su segundo vicepresidente. Tras la derrota y muerte en Ingavi del presidente Gamarra, estalló la anarquía en el Perú, en noviembre de 1841, fue nombrado prefecto del Cuzco, encabezando el Ejército del Sur contra el general Juan Crisóstomo Torrico (autoproclamado Jefe Supremo), a quien venció en la batalla de Agua Santa, el 17 de octubre de 1842, logrando asumir la presidencia del Perú el día 20 de octubre, debido a las excusas del presidente y el primer vicepresidente del Consejo de Estado. Le acompañaron como colaboradores Benito Laso, Antonio Gutiérrez de La Fuente y Francisco Javier Mariátegui.

Hizo cuanto estuvo a su alcance por remediar los males de la administración pública y se esforzó por mejorar la educación de la juventud. Tuvo que afrontar la revolución acaudillada por el general Manuel Ignacio de Vivanco, y no queriendo desatar una guerra civil, declinó el mando en Justo Figuerola (15 de marzo de 1843).

Desterrado a Chile, poco después volvió al Perú como prefecto del Cuzco (1844)para sumarse al movimiento constitucional de los generales Domingo Nieto, Manuel de Mendiburu y Ramón Castilla. Triunfante dicha revolución tras la batalla de Carmen Alto (22 de julio de 1844), reasumió sus funciones en el Consejo de Estado; y al restablecerse el orden constitucional, se retiró a la vida privada (1845). Nombrado gobernador del Callao en 1854, colaboró con el presidente José Rufino Echenique hasta su derrocamiento. En tiempos del Gobierno de Castilla, se retiró entonces de manera definitiva de la vida pública y promovió la fundación de la Sociedad Humanitaria de Fundadores de la Independencia y Defensores Calificados de la Patria (1857) de la que fue su primer presidente. Muere en Lima el 23 de septiembre de1863 en suma pobreza. Sus restos se encuentran en el Panteón de los Próceres desde el 30 de septiembre de 1927.

Foto del autor de esta sección y artículo: Doctor e historiador José Antonio Benito.

*No olvides de ingresar a este enlace en donde encontrarás todos los personajes que forjaron nuestra independencia: https://perucatolico.com/c/la-iglesia-ante-el-bicentenario/

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