Padre, su secretaria espanta ovejas: una corrección necesaria en la Iglesia, por Francoscomentarios
Padre, se lo digo con cariño cristiano, pero con sinceridad evangélica:
su secretaria está haciendo más daño pastoral que un micrófono mal ecualizado en homilía larga.
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Sí. Ya lo dije.
Lo que muchos pensamos.
Lo que nadie se atreve a decirle mirándolo a los ojos.
Porque uno llega a la parroquia no como quien va a reclamar un recibo, sino como quien entra con el alma medio chueca. Uno llega con vergüenza, con culpa, con dudas, con una pena vieja, con una pregunta sencilla… y se encuentra con una señora que parece haber sido entrenada por la SUNAT, Migraciones y la Inquisición juntas.
—¿Qué quiere?
No “buenos días”.
No “¿en qué le ayudo?”.
No.
¿Qué quiere?
Y ahí, padre, ya perdimos media oveja.
Porque el tono también evangeliza.
La cara también predica.
La forma de atender también puede ser de ayuda… o espantapájaros.
Hay secretarias parroquiales que no se sienten servidoras.
Se sienten dueñas.
Dueñas del horario, del despacho, del acceso al padre, del cuaderno, del sello, del teléfono… y, si pudieran, del Espíritu Santo también.
Y uno las ve corrigiendo a la gente como si estuvieran cuidando una bóveda suiza:
—Eso no se hace así.
—Tiene que venir otro día.
—El padre no atiende.
—Le dije que no.
Mientras tanto, el padre pasa por detrás saludando, sonriente, pastoral, buena gente… sin saber que en la entrada hay una muralla china con rímel y cafecito.
Padre, seamos claros:
usted es pastor de ovejas, no gerente de oficina.
Y las ovejas no vienen con carpetas completas ni con letra legible.
Vienen heridas, torpes, tarde, confundidas, a veces mal vestidas, a veces mal habladas… pero vienen.
Y cuando las tratan mal en la puerta, no siempre vuelven.
Hay gente que tardó años en animarse a regresar a la Iglesia.
Años.
Y bastó una mala cara, una respuesta seca, un “no se puede” dicho sin humanidad… para que se fueran otra vez.
Esta vez para siempre.
Y eso, padre, no es exageración.
Eso pasa.
Todos lo sabemos.
Nadie lo dice.
La secretaria no es el problema por ser secretaria.
El problema es cuando se olvida que está al servicio del Reino, no del escritorio.
Que su tarea no es filtrar personas, sino facilitar encuentros.
Que no está ahí para mandar, sino para ayudar.
Que la parroquia no es su territorio… es la casa de Dios.
Y ojo: no se trata de humillarla ni de exponerla.
Se trata de corregir con caridad, pero con claridad.
De poner límites.
De decirle —con voz de pastor—:
“Así no se trata a la gente”.
“Así no se habla en esta casa”.
“Así no se cuida la fe ajena”.
Porque cuando usted no corrige, padre, alguien más paga el precio.
Y casi siempre es el más frágil.
Esta columna no es contra usted.
Es por usted.
Y por su parroquia.
Y por esas ovejas que se están yendo en silencio.
Padre, revise la puerta.
Porque el Buen Pastor siempre cuida la entrada.
Por: «Franco…el que casi pide confesión por lo que pensó en la ventanilla de secretaría».

Periodista y Columnista en ‘Perú Católico’. Dice lo que muchos fieles piensan, pero no se atreven a decir. Sus artículos son los más leídos por su mensaje, acompañado de la sinceridad y el humor.

