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Cuando la Misa aburre es porque el corazón ya se fue, por Francoscomentarios

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Seamos honestos.
La Misa no siempre aburre porque sea larga.
Aburre porque llegamos tarde por dentro.

El cuerpo está sentado.
La rodilla se dobla.
La boca responde “Amén”.
Pero el corazón…
el corazón está en el mercado, en el celular, en el problema, en la excusa.

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Y entonces decimos la frase comodín, la más usada después del Padre Nuestro:
“La Misa es aburrida”, “Cuánto falta”.
Sin descartar que miramos el reloj a cada rato como si fuera escaparse de nuestra muñeca.

No.
Duro, pero justo:
aburrido está el corazón que ya no espera nada.

Porque cuando uno ama, no se aburre.
Cuando uno espera, no bosteza.
Cuando uno necesita, no mira el reloj.

La Misa no es un show.
No es Netflix.
No es motivación express.

Es Dios partiéndose en pan delante de tuyo, en tu cara, pero muchos con caras de espaldas.

Y ahí empieza el drama.

Nos quejamos del sacerdote,
de la homilía,
del coro,
del calor,
del niño que llora,
del señor o señora que canta fuerte…

Todo menos mirarnos por dentro y decir:
“Hace rato que no vengo a encontrarme con Dios, vengo a cumplir”.

Cumplir cansa.
Amar no.

La Misa aburre cuando dejamos de creer que ahí pasa algo real.
Cuando olvidamos que no vamos a “escuchar”, sino a ofrecernos.
Cuando ya no llevamos nada al altar porque vivimos anestesiados.

Porque la Misa no se mira.
La Misa se vive.
Y para vivirla hay que llegar con heridas, con preguntas, con pecados, con cansancio…
no con soberbia espiritual.

Duele decirlo, pero alguien tiene que hacerlo con caridad:
el problema no es que Dios no hable.
El problema es que ya no estamos escuchando.

Nos acostumbramos a lo sagrado.
Y lo sagrado, cuando se vuelve costumbre, se vuelve invisible.

Por eso la Misa nos parece larga.
Porque el corazón se fue primero.

Y sin embargo…
Dios sigue yendo.
Todos los domingos.
Aunque no lo miremos.
Aunque bostecemos.
Aunque estemos fríos.

Eso sí es amor fiel.
Lo demás… son excusas.

Por: «Franco…al que le gusta la Misa de mediodía
porque después de llenar el alma y espíritu, toca llenar la pancita con el almuercito».